Han vuelto
por Fernando Couto

VIERNES 15 DE ENERO DE 2010 A LAS 20:28 HORAS
Opinión > Cultura
 
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"Ningún judío fue dañado durante la realización de esta película." Dicen con ironía los hermanos Coen (Joel & Ethan) al final de los créditos de Un tipo serio, su película recién estrenada. Después de ganar en 2008, y quizá así quitarse un peso de encima, su Oscar a la mejor película (con Fargo lo ganaron antes al mejor guión original) por No es país para viejos, adaptación violenta de autor prestigioso, y tras relajarse con la ligera Quemar después de leer, regresan a un mundo más familiar a sus biografías y a los mejores logros de su trayectoria artística.

 

Es 1967 en Minnesota, cuando y donde los Coen fueron adolescentes. Un profesor universitario de física está pendiente de que se decida si logra su plaza fija y del inminente Bar Mitzvah de su hijo pequeño, pero en pocos días se le acumulan las desdichas como a un Job moderno. La diferencia es que donde el santo tenía el asidero de su fe, Larry Gopnick, que así se llama, sólo tiene su declinante voluntad de convertirse en un mensch y no ser un schmuck, muchas preguntas sin respuesta, el principio de incertidumbre de Heisenberg y el gato de Schrödinger. Un tipo serio está construida primorosamente (¡esos detalles de ritmo, como el sumergir la bolsita de té en la taza!), con situaciones divertidas, con diálogos absurdos y con personajes en los que seguimos pensando después de acabada la proyección. Hay varios sueños cargados de humor negro que no desentonarían como gags de Bugs Bunny; un prólogo que, en forma de parábola nos muestra la ambivalencia con la que se puede interpretar casi todo y un final que deja una sensación de desasosiego abrupto similar a la que se sentía con la caja en la playa en Barton Fink. La ambientación está tan cuidada (gafas, coches, giradiscos Garrand) como corresponde a un película estadounidense de gran presupuesto y para el elenco los productores-guionistas-directores han optado por actores de teatro y de Minnesota, lo que redunda en la credibilidad de la historia. Son destacables las aportaciones de dos colaboradores habituales: la música original de Carter Burwell (la banda sonora también incluye a Jefferson Airplane y a Jimi Hendrix) y el director de fotografía Roger Deakins (siete veces candidato al Oscar y hasta ahora nunca ganador).

 

El día 11 ha fallecido en París a los 89 años el director y escritor francés Eric Rohmer. Integrante de la Nueva Ola francesa, su influencia estilística es enorme e innegable, así como la aversión que genera en algunos. Por ejemplo en La noche se mueve (1975), dirigida por Arthur Penn con guión de Alan Sharp, cuando invitaban al protagonista (Gene Hackman) a un ciclo de cine francés decía: "Vi una película de Rohmer una vez. Era como ver pintura secarse." Para escépticos se puede recomendar su Triple agente (2004), una de espías en los pasados años treinta muy lejana a los clichés del género.

 

Grados de separación. Se puede leer una curiosa adaptación de El gran Lebowski al estilo de Shakespeare aquí. Visto en Guerra Eterna.  


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