Hay algo más que cabreo, bien disimulado eso sí, en círculos políticos, sindicales y -lo que es más importante- empresariales con el presidente de CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, a quien se vuelve a considerar muy débil para representar a su sector en las importantes negociaciones que están por venir.
Para tener autoridad, se piensa, hay que demostrar fiabilidad, y no ayudan nada en esa tarea las polémicas y conflictos en los que anda metido. El último bien poco edificante: llevar seis meses si pagar la nómina a los trabajadores de Air Comet, vendida ahora a precio simbólico a una aerolínea holandesa, no ayuda precisamente a sentarse con nadie pra negociar reformas laborales, nuevas fórmulas de contratación o modernización de la negociación colectiva.
Siempre le podrán decir, se cuenta, si está negociando para todos los empresarios y trabajadores o para sí mismo y sus problemas. Y se recuerda, con alguna razón, sus vaivenes políticos, que le han llevado a alabar a Solbes antes de las Generales, cuando estaba negociando la venta de Aerolíneas Argentinas; y a poner a Esperanza Aguirre cmo ejemplo cuando no le iba demasiado bien con el Gobierno de Zapatero.
Lo cierto es que el sucesor de José María Cuevas es que es consciente de que sus adversarios sacarán punta de estos episodios, pero mucho más de que, con un nombre u otro, al Gobierno no le quedará más remedio que emprender reformas: aunque la palabra le dé miedo, mucho más pánico le provoca la brutal escalada del paro. Y eso, para un hombre que comenzó hace casi cuarenta años en el negocio del transporte, con su buen amigo Gonzalo Pascual Arias, le confiere tranquilidad: está acostumbrado a los baches y las curvas.