Ya se sabe de la afición del presidente del Congreso, José Bono, por estar en misa y repicando. Hasta que se topó con Cristina.
“Espero que nadie se confunda y ningún fiel crea que los obispos son los traidores y Bono el cristiano. Nunca hay que olvidar que fueron los más aparentemente religiosos –los fariseos– los que persiguieron a Jesús” (La cara de Bono. La Razón, 2-12-2009)
He aquí lo más suave que la gran Cristina López Schlichting, voz copera y pluma flamígera, le dedica a ese hombre ubicuo y flotante que es el señor Bono. Y no niego que el rapapolvo sea merecido, pero esta preclara mujer incurre en alguna contradicción que bien merece ser revisada en consulta.
Porque una columnista de fe y razón como tú, Cristina, debería manejar un poco de ironía y un mucho de compasión hacía un señor como Bono, que ya no sabe en qué salsa o tinte de pelo rebañarse. Perdónales porque no saben lo que dicen, querida.
Y también deberías tener en cuenta que los monseñores, a los que guardas respecto reverencial, no son poseedores de la verdad infinita y absoluta. ¿Dónde dejamos la humildad, Cris?
Con un poco de control de la respiración y alguna tisana antes de dormir, estoy convencido de que recuperarás el pulso y la medida, amiga. Porque también percibo ciertas violencias que no son nada aconsejables para la coherencia. Así pasa que culpas a Bono de querer ponerse la casulla y tú mientras vas repartiendo hostias como el mejor pater.
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