ANTONIO CAMPUZANO
A falta de multieditoriales, como en Cataluña, a propósito de la inminencia de la sentencia sobre el Estatuto catalán, lo que demuestra una identidad de defensa de una idea, un afán, un interés, un equilibrio, en territorios del Henares se ha de volver al lugar donde se solía. Irremediablemente, el pequeño municipio pero grandísimo en controversias políticas de primera magnitud, que se llama Villalbilla. A año y medio del final de mandato del actual e ilegítimo gobierno y a menos de una decena de plenos, estos protagonistas del sobresalto institucional y la aberración de la moral pública constituyen un paréntesis de indecencia política en toda la Comunidad de Madrid. La última sesión plenaria, esta semana, ha constituido una performance de inimaginable crudeza escénica con el alcalde Borrego como piedra angular de la representación. Cuando todo se desarrollaba con normalidad, con la votación concluida de seis puntos aprobados por unanimidad, es decir, sin hostilidades apreciables de la oposición, este epígono del “puertohurraquismo” político, léase Borrego, sacó su simbólica y justiciera pistola totalitaria para completar su particular show. Expulsó a todos cuantos salían a su paso, con especial atención a cuantos no decían lo que él quería oír, todo ello con la inestimable ayuda de las fuerzas de seguridad, la Policía Local. Solo se le oía decir: “Fílie a ése, también a aquél, sin olvidarse de aquélla”. “Filió” también al jefe de la oposición, en su delirio. Esperpento de representación innovado con el uso y abuso del verbo “filiar”, cuyo sinónimo es “fichar”, más acorde con las intenciones del alcalde Borrego. ¿Hay, por tanto, esperanza, en que la presidenta del PP de Madrid, la presidenta Aguirre, acabe con este despropósito, que desprestigia a toda la clase política? ¿No existe una autorizada voz tanto en el PP de Villalbilla, como en la cercanía de Alcalá de Henares, o en Génova, 13, que alimente la acumulación de gallardía pública para frenar esta chapuza de intromisión en el honor de la fauna política? Entre tanto, no se pierde el tiempo en el radio de acción de estos sonrientes concejales ante la demostración de poderío del tal Borrego. Los tránsfugas cobran mientras el Ayuntamiento, al parecer, tiene una deuda contraída con distintos acreedores no financieros de 6 millones de euros. La presidenta del PP local sigue sonriendo mientras se beneficia de su cargo para prorrogar actividades familiares carentes de licencia.
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