Hoy es el día para reunir en un sólo grito el rechazo a los malos tratos contra las mujeres porque hoy se conmemora en todo el mundo el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las mujeres. En todas las ciudades y pueblos de nuestro país habrá testimonios de recuerdo y de repulsa hacia el maltrato. Y los líderes políticos y sociales renovarán sus mensajes de compromiso y de unidad frente a esta modalidad de terror. Nada nuevo, en definitiva. Y no hay novedad porque el azote de esta lacra apenas se ha rebajado. Hasta octubre 49 mujeres habían perdido la vida en España a manos de sus compañeros y el teléfono ‘antiviolencia’ 016 había atendido casi 34.000 llamadas de auxilio. En Alcalá, por suerte, no hemos tenido que lamentar ninguna víctima mortal a diferencia del negro 2008, pero en lo que llevamos de año 308 alcalaínas han presentado denuncias por agresión o acoso.
Ante este panorama, sólo queda preguntarse no sólo qué más puede hacerse, sino por qué sigue sucediendo esto. El techo en las labores de concienciación ya está alcanzado; escaso margen le queda a los poderes públicos y a los movimientos cívicos por extender el rechazo a todo tipo de violencia y por reclamar la solidaridad de todos para las que lo sufren. Esos mensajes también llegan a los maltratadores, que, como muestra la realidad, existen en todas las escalas sociales, culturales y económicas. Esto quiere decir que la mayoría se convierte en monstruos con plena conciencia y siguiendo otros impulsos distintos al desconocimiento o a las carencias educativas. En tales circunstancias, con una sociedad al tope de la concienciación y con unos salvajes a los que es imposible poner freno más allá de la cárcel, no queda otra que seguir apostando fuerte por la protección de las mujeres. Y eso significa ofrecer todos los recursos necesarios para que la agredida, la amenazada y la perseguida cambie su existencia y haga tabla rasa con el pasado y con su verdugo. Eso representaría una actuación mucho más coordinada de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, de la Administración Judicial y de los Servicios Sociales para dotar de una nueva identidad, de ayuda psicológica, de cambio de domicilio, de un sustento básico y de trabajo a la víctima de maltratos.
Es el único modo efectivo de que la mujer maltratada tenga la protección absoluta frente a su maltratador, así como cierta garantía de futuro. Pero es también la expresión del fracaso vergonzoso de nuestra sociedad, incapaz de encontrar un remedio para neutralizar la violencia en cualquiera de sus formas. Y en una jornada como la de hoy, también habría que tener presente ese baldón. |