|
La riqueza siempre es la consecuencia de una cadena que componen los emprendedores que inician y sostienen proyectos; los trabajadores que atienden, mejoran y perfeccionan su desarrollo y, finalmente, los ciudadanos que consumen el resultado de esa simbiosis. Por eso, cuando hay crisis, sufren todos, sin excepción. Y por eso, también, quienes dicen representar a cualquiera de los protagonistas de este drama han de extremar las precauciones y actuar con sentido común. Especialmente cuando la representatividad real y formal de patronales y sindicatos, por ejemplo, apenas alcanza al 10% del total de cada sector. En ese sentido, es lamentable que las centrales hayan elegido por lema para la manifestación del 12 de diciembre una frase dirigida a todo el empresariado: “Que no se aprovechen de la crisis”. Hay casos –también en los sindicatos– en los que efectivamente se intenta de todo al calor de una crisis terrible –Electrolux sin ir más lejos–, pero son muchos más los que lo están pasando fatal por la combinación de menos ventas y menos crédito bancario. Estigmatizarlos a todos es injusto, inexacto y además contraproducente: fue Obama quien dijo, hace apenas dos meses, que la solución a esta crisis también pasaba por cuidar y estimular a los emprendedores, que son los que crean empleo al fin y al cabo. Convertirles en culpables no parece el mejor camino para insuflar la cacareada confianza que todos necesitan. |