Rosebud ???
por Fernando Couto

VIERNES 10 DE FEBRERO DE 2012 A LAS 11:22 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El FBI es una de las organizaciones policiales más grandes y famosas del mundo. Fundado en 1935 a partir de la anterior Oficina de Investigación, su historia se superpone a la de su primer director, J. Edgar Hoover, que dio forma a la maquinaria de la institución durante su largo mandato (1935-1972), finalizado con su muerte. La película más reciente que ha dirigido Clint Eastwood cuenta con luces y sombras la historia del personaje. 

 

Hoover (Leonardo DiCaprio) nació en Washington, D. C. en 1895, cuatro años antes que el más ilustre washingtoniano de todos los tiempos pasados y futuros: el compositor y pianista Duke Ellington. J. Edgar muestra al agente gubernamental ya en 1919 como un joven muy preocupado por el contagio de la revolución bolchevique en su país, que teme como inminente. En defensa de su concepto de patriotismo no duda en promover la deportación de ciudadanos estadounidenses naturalizados. También aparece como un apasionado precursor del uso de los avances científicos para la criminología (huellas dactilares, balística, química), como un experto manipulador de los medios de comunicación de masas para la publicidad y la propaganda, como un autócrata envidioso del éxito de sus subordinados y como un acaparador de información confidencial comprometedora sobre cargos políticos y ciudadanos.

 

A través de los clásicos saltos temporales aparecen hitos como el secuestro del hijo del aviador Charles Lindbergh, la muerte del presidente Kennedy o la aceptación del Nobel de la Paz por Martin Luther King. Como parte del retrato de Hoover se dedica un tiempo importante de las algo más de dos horas y cuarto de metraje a mostrar sus relaciones con su madre (Judy Dench), con su secretaría (Naomi Watts) y con su subdirector y pareja de hecho (Armie Hammer). Las partes de vida privada son las que por un lado frenan el ritmo de la película, y por otro desconciertan porque parecen querer dar una explicación freudiana a la conducta profesional de Hoover: ¿era un tirano por su represión y por el carácter dominante de su madre? ¿Importa eso? Por no salir de la filmografía de Eastwood, en Bird no dedica media hora a especular sobre las posibles causas de la drogadicción de Charlie Parker ni en Cazador blanco, corazón negro pierde el tiempo en mostrar si John Wilson (trasunto de John Huston) era un mal padre. Si se suprimiera la mayoría de esas torturadas escenas, se ganaría intensidad y se mostraría con más fuerza el papel de Hoover y del FBI en la restricción de los derechos civiles, tema que interesa de veras a Eastwood, que es casi tan libertario como Ron Paul o como Peter Bagge. No es probable que un acercamiento tan extremo hubiera perjudicado comercialmente a J. Edgar, a la vista de que no ha sido nominada en ninguna categoría para los próximos premios Oscar, ni siquiera para la fotografía, que es de Tom Stern (Gran Torino, Mystic River) y en la que predominan las secuencias de interior/noche. Stern, figuraba en la también oscura Bird como asesor de iluminación.

 

Grados de separación  

Si la relación edípica y la caracterización del Hoover joven recuerdan al hiperactivo Cody Jarrett (James Cagney) de Al rojo vivo (1949) de Raoul Walsh, el maquillaje y los movimientos de DiCaprio en su vejez traen a la memoria al anciano Ciudadano Kane (1941) del veinteañero Orson Welles. Como se ve en RKO 281 (1999) de la HBO, la palabra mágica que desencadenaba la búsqueda del sentido de la vida del magnate era en realidad una referencia íntima a la vida de William Hearst y Marion Davies.

 

Fundido a negro

El 3 de febrero a los 81 años falleció en Nueva York el actor neoyorquino Ben Gazzara. Nacido dos meses después que Eastwood, empezó también trabajando en la televisión en los años cincuenta. En 1959 ya hizo uno de sus mejores trabajos en Anatomía de un asesinato de Otto Preminger, como oficial del ejército acusado de asesinato que maltrata a su mujer y que fuma cigarrillos emboquillados. Trabajó con los hermanos Coen (El gran Lebowski), con Mamet (La trama - The Spanish Prisoner) y con su gran amigo John Cassavetes en Maridos (1970), en la que ambos compartían cartel con Peter Falk, y en El asesinato de un corredor de apuestas chino (1976), que mostraba lo sórdida que es la verdadera violencia.


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