En un entorno de dolor y desesperación Capi, el sepulturero más veterano de un cementerio, vive en un estado de esperanza permanente que le alivia de su convivencia diaria con el sufrimiento ajeno. Ese momento placentero lo provoca Marta, que una vez al mes lleva flores a la tumba de su marido.
El cortejo de Marina Seresesky retrata la existencia de unas personas ya maduras cercadas por la muerte, y que llevan unas vidas un tanto sombrías. En un lugar tan siniestro, sin embargo, uno de ellos, todavía vislumbra una luminosa salida a esa realidad tan anodina.
Capi –muy convincente Mariano Llorente- cuenta los días que faltan para la llegada de una inspiradora ilusión, Marta –eficaz, como siempre Elena Irureta-. La historia desprende un halo de humor negro que Marina, autora también del guión, modula con precisión, logrando un retrato de los personajes muy cercano e intenso.
Fotografiada por la propia autora, su óptica capta con cierta naturalidad la rutina de unos individuos que intentan sobrellevar los sentimientos ajenos.
El cortejo subraya la ilusión como motivación principal, como eje conductor en la existencia de un hombre que, aún en el escenario más negro que uno pueda imaginarse, puede albergar el deseo de amar, eso es, de sentirse vivo.
Es un sueño fascinante que descansa sobre la tierra que encierra los secretos de tantas vidas perdidas. Marta es el último tren que puede ayudarle a recorrer un nuevo trayecto en su desdibujada estancia en el mundo.
Seresesky filma una historia íntima que conmueve por su sencillez. Su depurada técnica y la habilidad de su escritura fílmica han recibido ya numerosos reconocimientos, tanto nacionales como internacionales. Es un síntoma inequívoco de que la pieza transmite con claridad un mensaje tranquilizador aún en las circunstancias más inexplicables.
La idea, sugerente, sobre la probabilidad de hablar de amor y vida en el lugar donde reposan los que dejaron de sentirla, configura la base de una pieza que sublima los sueños y deseos de alguien que quiere alejarse de los fantasmas de esa soledad no deseada y que se aferra a la única posibilidad existente de esquivarla. |