Bien, vale, a El País le viene mal Chacón, digamos. Y no hace falta recurrir a la historia de Roma para encontrar en ese sentimiento una reedición castiza de la inesperada traición de Bruto a César a los pies ensangrentados de la estatua de Pompeyo: todo el mundo con alguna prestación memorística, o alguna maña con las hemerotecas virtuales, es bien consciente de la inquina económica de Prisa hacia su competidor natural, Mediapro, creada espiritualmente por el marido de la candidata y concretada por sus viejos amigos y socios como una alternativa
Son negocios, y en ellos, recuerda Al Pacino a un impulsivo Andy García en el epílogo de El Padrino, no cuentan los sentimientos: es solo, siempre, una cuestión de intereses. No es el amor lo que mueve el mundo, pese a la insistencia romántica de presentarlo como el combustible de la vida: antes están el poder, el sexo, la venganza y el dinero.

Es verdad, a El País (la foto es suya) no siempre le pareció tan terrible Carmen Chacón: llegó a darle una portada de su dominical donde se glosaba heroicamente su doble condición de madre y ministra, aunque existen indicios serios de que esa tarea es menos llevadera para aquellas que coinciden en lo primero pero cambian lo segundo por un puesto de cajera en Carrefour. Entonces a El Mundo le gustaba también menos, tal vez porque no había firmado aún un acuerdo con Mediapro.
Ocurre que, en una democracia, todas esas intenciones perversas y todos esos sentimientos espurios sólo se culiman si, además y por delante, hay algo ilegal o ilegítimo que alegar: posiblemente haya quien quien quiera colgado de un olivo a Garzón por intentar ajustar cuentas con el franquismo, pero sólo puede hacerlo si el juez ha cometido antes un delito. Uno quiere ver al Barça hundido en su viejos fangos victimistas, pero es consciente de que antes su Real Madrid debe meterle una manita para lograrlo.
Esto es, aun aceptando que en los apoyos y ataques a Rubalcaba o a Chacón; como en las lisonjas y las vendettas a los Camps, Urdangarín, Blanco, Matas, Garzón se mezclan pasiones republicanas, nostalgias franquistas, cegueras socialistas, venganzas populares, intereses económicos, estrategias empresariales, mentirosos compulsivos, zangolotinos triperos, principios inquebrantables, finales quebrados, lealtades oscilantes y aceros albaceteños; a lo sumo podrá desacreditarse al mensajero, pero no invalidar el mensaje si se soporta en datos, certezas y silogismos.
En otras palabras, y aun dando por hecho que aquí cualquier tienen más cadáveres en el armario que rulos Barbra Streisand en el tocador, las preguntas a Chacón siguen reclamando una respuesta: si su marido benefició a sus viejos socios y amigos con una decisión política -la adjudicación de una licencia de TV que ha sido vendida por 250 millones de euros tras facturar en cinco años otros 270 millones a RTVE-, ¿ha logrado el entrañable matrimonio algún dividendo?
No sé si El País se merece una respuesta, pero el país la exige a voces. Y luego ya llamamos facha, machista, anticatalán o calvo al que sea menester.
Posdata. También hay algo de ataque a Virgilio Zapatero, de oficio progresista, por sus retribuciones bancarias por hacer la O con un canuto a duras penas. Pero sucede también que se saca 421.000 euros anuales por no hacer nada. Con mensajes así, ya puede el mensajero ser una mezcla de Al Capone y Jack el Destripador que muy pocos lamentarán su crimen. |