La biografía de Berthe Morisot (1841-1895) tiene mucho que ver con su formación pictórica. Discípula de Corot, adquiere la habilidad de pintar al aire libre. Su cuñado Manet la toma como modelo en alguna ocasión aunque su firme actitud ante la pintura, la permite incorporarse de pleno derecho a este grupo de impresionistas. Ahora, el Museo Thyssen la dedica una retrospectiva, confirmando su programa de divulgación de la obra de aquellos artistas que han sido poco reconocidos.
La muestra se compone de una treintena de obras, cedidas por el Musée Marmottan Monet de París, de fotografías de índole familiar y, además, en un ejercicio que sirve para arropar a la pintora francesa, se enseña una selección de piezas de otros artistas contemporáneos suyos como su maestro Corot, Renoir, Degas, Monet, Pissarro y Boudin.
Es, en cierta manera, un homenaje a una mujer que ha sabido hacerse un hueco entre los componentes de un grupo artístico fundamental en la historia del arte. Sirve, asimismo, para destacar el mérito que conlleva escapar del tradicional oscurantismo que se ha asignado tradicionalmente a la mujer en la creación.
Si algo define su impronta es la pasión que concede a sus piezas. En este sentido, destacan sobremanera los efectos que otorga a la luz y el color. Sus composiciones, de una elegancia exquisita, abordan de una forma muy especial paisajes, escenas cotidianas y retratos cercanos.
Su paleta recrea un estilo en el que predomina la mirada femenina, así lo podemos apreciar en El espejo de vestir (1876). O también en otros relevantes retratos como el de su marido Eugéne Manet en la Isla de Wight (1875) y Retrato de Louise Riesener (1881), con los que refuerza la observación íntima de sus personajes.
Muy destacables también son Pastora tumbada (1891) y Pastora desnuda tumbada (1891), obras de una serenidad inmensa que se integran en una visión idealizada del mundo rural.
Morisot se convierte así en una integrante respetada en un mundo masculino: el tratamiento que propicia al tema de la mujer es, sin duda, su gran aportación.
Recuperamos por tanto la figura de una artista un tanto desconocida y menospreciada por la Historia que atesora un interesante corpus creativo, cuya calidad engrandece un poco más al impresionismo, el movimiento que bendice la luz y el color. |