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ÓSCAR SÁEZ
Una caca gigante, supuestamente de perro aunque parezca de caballo, nos recuerda estos días en Alcalá en vallas publicitarias y anuncios de prensa que tenemos que recoger los excrementos de nuestras mascotas; una campaña escatológicamente impecable para intentar que la ciudad deje de estar hecha una mierda. Dicen que pisarlas trae buena suerte, aunque dejarlas sin recoger te puede traer mal fario en forma de multa y dejarte canino para todo el año. Hasta 1.500 euros por hez demuestran que cualquier truño se vende hoy a precio de oro.

Es cierto que tienes las mismas posibilidades de que te pillen como que te caiga un rayo, porque te tienen que pillar de ‘marrón’, pero llevar la bolsita para tirar los depósitos perrunos no debe cotizar a la baja en nuestras conciencias.
No cuesta nada recoger las miserias de nuestras mascotas, que en el fondo reflejan nuestras propias miserias como colectivo. Pero, ¿somos guarros porque vemos las calles sucias o nos daría pudor serlo si viéramos las calles más limpias? En cualquier caso, ya huele. |