La política ha pasado de los grandes discursos y de los grandes líderes, a eufemismos y a candidatos que solo ganan porque son menos malos que sus rivales. La subida de impuestos se llama “recargo de solidaridad”, a la lucha cainita por el poder interno en el PSOE donde los militantes pesan lo mismo que las palabras soltadas al vacío le llaman debate de ideas, al pasado le llaman renovación, y hasta el ‘Yes We Can’ de Obama se convierte en un Guantánamo sin cerrar. IRPF, IBI o IVA son solo siglas crujientes que te hacen llegar a fin de mes con la lengua fuera y en números rojos mientras los políticos no se ponen ni colorados.
Nos aprietan el cinturón, pero ellos no perdonan las dietas. A estar tres semanas sin aparecer, Rajoy le llama dar la cara, aunque caras son sus medidas, y lo que antes la prensa llamaba responsabilidad ahora son recortes y tijeretazos.
Con eufemismos, es decir, con una manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante, váyanse todos por donde la espalda pierde su honesto nombre. O sin eufemismos y parafraseando a Fernando Fernán Gómez...