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ÓSCAR SÁEZ
Venga, reconózcanlo. Sean sinceros ahora que hemos pasado por el confesionario de las urnas. ¿Cuántos daban un euro por el futuro de Mariano Rajoy cuando perdió en 2008 las segundas elecciones contra Zapatero? Ni en su propio partido lo creían, pero mírenle, presidente del Gobierno. Supongo que pasó lo mismo con Zapatero cuando ganó a José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez por la secretaría general del PSOE en 2000. Así que cualquiera es el guapo que se atreve a decir quién será el socialista que lleve a cabo la travesía por el desierto que harán en la oposición tras el mayor batacazo electoral de su historia. Y como yo tengo peor ojo para los pronósticos que un economista analizando el futuro, me limitaré a recordar algunas de las promesas que Rajoy ha dejado por estos lares.
Aunque es gallego y han afirmado de él que no se mojaba, durante este 2011, el popular ha dejado un par de compromisos con la luz y taquígrafos de las cámaras y las grabadoras.
Supongo que Bartolo estará ya pidiendo los archivos gráficos y sonoros para recordar al nuevo presidente del Gobierno su compromiso de aprobar el Patronato Real para Alcalá, que supondrían milmillonarias inversiones para una ciudad que roza los 19.000 desempleados y que necesita esa declaración de zona de Preferente Reindustrialización a la que se comprometió Soraya Sáenz de Santamaría en Alcalá pocos días antes de dar a luz. Todavía se recuerda la promesa de Ruiz-Gallardón de enterrar las vías del tren, y lo único que quedó enterrado fue la promesa. Rajoy tiene la oportunidad de resarcir el desagravio.
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