El pasado jueves día 3 de noviembre se inauguró la parte azuleña del mural del hermanamiento, que ha pintado Miguel Rep en Alcalá de Henares y Azul. Se ha cerrado el círculo de una de las actividades del hermanamiento de las dos ciudades que, al tiempo que ha aumentado el patrimonio en las dos poblaciones, se proyecta hacia el futuro con nuevas posibilidades de actividades conjuntas. El mural del hermanamiento en Azul se ha situado en el lateral de una de las casas más antiguas de la ciudad, en la costanera, en la conocida como Plaza de don Quijote, pues allí se habían situado las estatuas que Carlos Regazzoni había realizado para el primer festival cervantino de Azul, que comenzó su andadura en el 2007.
No sé si hay otras experiencias artísticas de este tipo, de obras que se proyectan en diferentes geografías con una unidad de contenido y de finalidad. El amarillo que se ha convertido en marca y color del hermanamiento, se perfila majestuoso en el horizonte azul de la Pampa, de la misma manera que el amarillo –después de la primera sorpresa inicial- no deja a nadie indiferente en la Plaza de los Santos Niños.
En una de las fotografías de la exposición “Alcalá de Henares en Azul: 50 miradas”, en las que varios fotógrafos complutenses están mostrando a los azuleños algunos de los rincones, fiestas y costumbres de nuestra ciudad, se ha congelado en el segundo del recuerdo uno de los espectáculos de la noche en blanco: al fondo se ve cómo la antigua Casa Tapón, un espacio privilegiado de nuestro ciudad, se estaba utilizando tan solo para una publicidad plana del nombramiento de Alcalá como patrimonio de la humanidad… las próximas fotografías desde esa misma perspectiva, desde ese mismo ángulo, tendrán ya otro referente, otro que se va insertando, cada día más, en la retina turística de las millones de fotos que cada año se hacen a los monumentos alcalaínos.
Ganar espacios, abrirse a nuevos desafíos, retarse en los proyectos en que nos embarcamos. Estos son tres ejes de crecimiento. Hay que ser generosos con la mirada externa y no buscar solo en los artistas locales el referente y el límite de nuestras posibilidades. ¿Qué retos, que desafíos asumen nuestros artistas que le hacen acreedores de un proyecto más allá de la casualidad de su nacimiento o de su residencia? Abramos nuestra mirada a los ejemplos y a la experiencia de otros para así mejorar nosotros, para así conocer y valorar mejor nuestros medios, nuestra cultura, nuestras posibilidades.
La parte del mural del hermanamiento de Azul se ha convertido en la última piedra de todo un proceso urbanístico que tenía como finalidad recuperar una parte de la ciudad: la costanera. Un proceso que se ha llenado de arte y de historia, pero también de los medios para que los azuleños se lo apropien, lo hagan suyo: paseos que se llenan los fines de semana y una pista de skyboard, que está lleno de jóvenes a todas horas.
En la costanera ahora puede verse un mural que cuenta la historia de Azul, y que fue realizado por un artista azuleño afincado en Buenos Aires: Gasparini, en que colaboraron todos los que se quisieron acerca a él, y, ahora, junto a las impresionantes y conmovedoras estatuas de Regazzoni, el mural de Rep. Una plaza que ha sido remodelada gracias a un proyecto de la Facultad de Arquitectura y que ha llenado de verde y de aceras, lo que ayer era barro y pobreza.
La inauguración de la parte azuleña del mural del hermanamiento también estuvo llena de magia: el pasado jueves, a las 20’00 horas. Todo el día había amenazado lluvia, pero al final no llovió. Sobre el mural, se había colocado unas sábanas blancas, y sobre ellas, mientras yo iba desgranando la biografía de Cervantes (¿qué mejor tema del hermanamiento que acercar a los azuleños la vida del más universal de los hijos de Alcalá de Henares?), Miguel Rep iba dibujando y las imágenes se iban proyectando sobre la pantalla improvisada por encima del mural… Hacía frío. Pero no importó. Amenazaba lluvia, pero no importó. Allí todos, de pie, fueron dejándose llevar por el ritmo de mis palabras y el trazo creador de Rep. Y después de la charla, se proyectó un video que daba cuenta del proceso de realización del mural, y, al final, la sábana fue cayendo y el mural, ya iluminado y en todo su esplendor, se fue abriendo paso ante nuestros ojos sonrientes y satisfechos.
El mural del hermanamiento se ha terminado. Ahora es el momento de admirarse de su color, del trazo negro de las figuras de don Quijote y de Sancho Panza, y de seguir avanzando en proyectos conjuntos que nos permitan comprender mejor al otro, el único camino para que los alcalaínos comenzamos a intentar comprendernos a nosotros mismos más allá de las disputas políticas o del problema puntual y coyuntural, que nos impide tomar la perspectiva suficiente para intentar responder a una sencilla pregunta: ¿cómo queremos ser vistos, cómo queremos que sea la Alcalá de Henares del siglo XXI? |