El V Festival Cervantino de Azul está dedicado este año al tema “Culturas en movimiento”. Culturas que tomarán las calles, las plazas, los teatros, los centros y clubes del 3 al 13 de noviembre. Una fiesta que inunda todos los barrios, todas las casas de una ciudad que, desde que fue nombrada Ciudad Cervantina de la Argentina, no ha dejado de crecer, de convocar a toda una comunidad a una fiesta anual bajo un lema: “Soy quijote”, que engloba mucho más que un programa de actividades o un impulso al turismo, ya que se abre a la defensa de valores como el diálogo, la solidaridad o la justicia, tan esenciales en un mundo como el que nos ha tocado vivir.
El V Festival Cervantino además está teñido del color de Alcalá de Henares, de la ciudad con la que se hermanó el pasado mes de junio. El color de Alcalá de Henares en el mural hermano que Miguel Rep ha pintado en la Plaza de don Quijote, con ese amarillo que destaca por encima de la costanera del río Azul, con la silueta del caballero andante y de su fiel escudero en busca de aventuras, esas que encuentra en la Plaza de los Santos Niños de Alcalá de Henares. Y junto al mural, los azuleños podrán conocer un poco más nuestra ciudad gracias a la exposición: “Alcalá de Henares en Azul: 50 miradas”, hermana de la que se pudo disfrutar en Santa María la Rica. Miradas y diálogos entre dos ciudades, dos sociedades como la argentina y la española que se enfrentan en estos tiempos a retos y desafíos a un tiempo similares y a un tiempo diferentes.
La programación del V Festival Cervantino se ha llenado de propuestas muy dispares, muy personales, que se han entrelazado con otras más institucionales. Un diálogo necesario. Un diálogo enriquecedor. Junto a las obras de teatro que se podrán disfrutar en el Teatro Español en el centro de la ciudad, organizadas por Grissy Santomauro, se ha dado cabida a talleres, a obras de teatro populares, a propuestas de grupos locales, que permite un diálogo, que hace posible que el diálogo sea enriquecedor para todos. No hay nadie que vaya a Azul que no se quede admirado de una ciudad que ha hecho de su identidad cultural (la que se va construyendo año a año, día a día) uno de sus motores, uno de los caminos en que ir madurando proyectos, identidades, sueños hechos realidad.
Si el diálogo es esencial, ese diálogo entre los público y lo privado, ese diálogo entre las administraciones y los ciudadanos (¿cuándo los políticos aprenderán que no están para sacar su bola de cristal e inventarse el futuro, sino para escuchar, aprender y gestionar las propuestas e inquietudes de los ciudadanos?), si esencial es abrir los festivales, los espacios comunes de la ciudad a la voz y las propuestas de las personas que forman parte de una comunidad, lo es también tener clara una hoja de ruta que vaya más de los beneficios a corto plazo, como el aumento del turismo o unos minutos en la televisión y los medios locales.
Azul, ciudad cervantina de la Argentina, en el ideario de su Festival Cervantino, es decir el espacio público y privado que le pone en el centro de mira de la atención mediática durante una semana, no solo quiere “vender” una programación (como tantos otros festivales a lo largo y ancho del mundo), sino defender gracias a sus actos, a la gestión de los mismos, una serie de objetivos, que han sido concretados en los siguientes (y vale la pena recordarlos): promover la inserción internacional de la ciudad; instalar a Azul y su cultura en el marco global de la sociedad del conocimiento; crear espacios de capacitación y reflexión para la comunidad; potenciar las diferentes identidades culturales; planificar la ciudad del futuro; generar espacios de debate para repensar el desarrollo de la ciudad; promover en la ciudad la generación de un ambiente creativo para la producción cultural; crear el marco legal y favorecer el desarrollo de Industrias culturales y turísticas; revalorizar las múltiples expresiones artísticas locales; recuperar y poner en valor diferentes espacios públicos y privados; y favorecer el desarrollo a través del fortalecimiento de los diferentes espacios educativos.
Muchas de estas propuestas, muchos de estos objetivos específicos quizás no puedan exportarse a otras ciudades, a otros entornos similares, como lo puede ser la ciudad hermana de Alcalá de Henares, pero otros muchos sí… y sobre todo el espíritu de tener proyectos más allá de una programación mensual, de un toma y daca de compromisos y de mafias culturales, de un espíritu menos partidista y más de servicio a la comunidad.
Como me sucede todos los años cuando visito Azul y participo en su Festival Cervantino, con ese “Soy quijote” como lema, no puedo dejar de pensar lo cómodo que estarían don Quijote y Sancho paseando por esta Pampa; y lo difícil que se les haría salir de nuevo a los campos españoles, donde sus ideales, sus propuestas, sus sueños no encontrarían campo abonado para echar raíces.
¡Cuánto podría aprender Alcalá y sus semanas complutenses del ejemplo quijotesco de su ciudad hermana de Azul, con sus espacios creativos y comunitarios, que han hecho de la cultura un motor de la sociedad! |