
Nüremberg. ETA no se merece una Conferencia de Paz, sino un Nüremberg que permita comparar a alguno de sus dirigentes con Göering, aquel orondo delfín de Hitler que optó por suicidarse en su celda mientras esperaba su juicio. No es una cuestión de venganza, que a menudo es un sinónimo literario de la justicia; ni tampoco una traba al fin de la violencia. Es un mero asunto de principios, de sentido común, de decencia intelectual y de memoria: las víctimas no son quién para dirigir el Ministerio del Interior, pero sí se merecen algo tan básico como una lápida limpia de escupitajos. Y se pongan para arriba o para abajo, aflautando la voz con solemnidad pazguata, el Kus Klus Klan no puede organizar seminarios sobre la igualdad racial.

Verano azul. Hay imágenes que sólo resisten el paso del tiempo si se guardan en el recuerdo, envueltas en la seda de la memoria vaga y las sensaciones epidérmicas. Chanquete fue el primer indignado de la púber democracia española, y su Dorada el presagio de la Puerta del Sol. Pero ver ahora a sus discípulos recorriendo Nerja en bicicleta, con los glúteos cuarentones rebosando por ambos lados del sillín, es un ejercicio de demolición voluntario de un tierno legado sepia. A Rubalcaba, tan repuesto como la serie, puede ocurrirle lo mismo, especialmente si sigue entonando "No nos moverán" tras hundir el barquito de marras.

Durán i Lleida. No es difícil buscarle pegas y cargarle epítetos a este peculiar político que vive muy bien gracias a renegar de lo que le alimenta. Pero es mejor restregarle algunos datos sin necesidad de arramblar, en ese viaje, con la imagen de Cataluña. Si el Barça no es Laporta, ni su obscena tripa cínica, los catalanes no son algunos de sus intérpretes. No le molestará a ninguno la fría estadística, pues: la financiación per cápita desde el Estado supera los 3000 euros (un 25% más que en la Comunidad de Madrid), no hay ninguna otra región que haya recibido desde 1978 tantas transferencias y su solidaridad con las más desfavorecidas es exactamente la mitad que la madrileña aun sumándole la de Baleares. El nacionalismo es un negocio, pero no puede ser además un discurso matemático.

El plumero. Chacón no comparecerá por la pifia del escudo antimisiles; ni Blanco por el acoso y Dorribo en una gasolinera; ni Salgado por la concatenación de escándalos consentidos en todas las Cajas de Ahorros de España. En el ocaso de Zapatero, asoman todas las vergüenzas y se exhibe, rotundo, su concepto real de democracia: básicamente, consiste en coincidr con él aunque él no lo haga casi nunca consigo mismo. Al PP siempre podrán reprocharle a Camps, pero ante la atónita platea sólo cabe cobijarse bien de los inminentes tomatazos.

Rajoy. Alguien tiene que decirle urgentemente que no es un locutor de ciclismo ni un espectador de fútbol. A un mes de llegar a la Moncloa, no se puede seguir saliendo a la calle como si fuera domingo y hubiera partida de dominó en el casino de Pontevedra. Si se vio con Rubalcaba en el desfile del Pilar y sólo habló del Real Madrid, malo. Pero si habló de algo más y optó por esa versión ridícula del encuentro, peor. Algún día, el presidente del PP deberá empezar a demostrar todas esas virtudes que se le suponen para que la única conocida, la paciencia, no sea una estomagante variedad de la arrogancia. |