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PEDRO P. HINOJOS
El buen alcalaíno créese no menos que copartícipe en el Quijote e incluso generador alícuota de la persona de Cervantes. Nacer en Alcalá fue el acuerdo de ese ingenio; si aparece en otro pueblo no le habrían mentado, como no mientan a otros varones excelentes, salvo que un rayito del sol alcalaíno los alumbre". Así escarnecía Manuel Azaña a sus paisanos hace 85 años en El jardín de las frailes. Por ésta y un sinfín más de parrafadas escritas para la posteridad, se ganó el de la calle de al Imagen el desprecio primero y el olvido después de sus conterráneos; leyenda de monstruo comeniños y masón exterminador aparte. Pero esta puya a cuenta de la relación de los complutenses con el hijo más universal de Alcalá ya está, a estas alturas, completamente superada. O más bien sorteada. Aquí ya nadie se cree coautor del Quijote ni descendiente directo de la familia Cervantes; ni desde luego se piensa que el rayito complutense da mejores luces que los de otros pueblos o ciudades. Algo se ha ganado desde entonces, aunque sea por desarraigo, abandono o pura y llana ignorancia.
El necio orgullo que censuraba Manuel Azaña ha sido sustituido por indiferencia. Ni siquiera la minoría entusiasta de ‘buenos alcalaínos' en sentido azañista y simples vecinos inquietos y contentos de serlo, es capaz de hacerle mínima sombra al desapego general. Pero así son las cosas y por ese lado soplan y soplarán los vientos. Aunque, en honor a la verdad, la multitud local se suele dar algunas ínfulas cervantinas en algunos ocasiones. Por ejemplo, en una tan principal y arrolladora como la del “Mercado Medieval", denominación popular de la marca municipal del Mercado del Quijote. Menos es nada, diga lo que dijera Azaña. Aunque mejor no pensarlo. |