ANTONIO CAMPUZANO
La última de sus manifestaciones ha coincidido con el debate del estado de la nación, término éste en el que se mueve con gran soltura. Ha acusado a su gran tótem, el presidente Zapatero, con fijación y aprovechamiento estratégico, de ser el principal responsable de la ocupación de las instituciones por los “testaferros de ETA". Y por ahí van siempre los argumentos de esta diva de la calidad gaseosa, lo suyo no es la profundización. Quiere en compañía de sus correligionarios disfrutar de las actas, de diputado, de concejal, pero se aleja siempre que puede del peligroso mundo de las responsabilidades. Estuvo durante un prolongado tiempo en el partido socialista, en cuyo albergue era mucho más “respetuosa", como le dijo el moribundo Zapatero en ese mismo debate nacional, con los ojos cargados de pesadumbre y de hastío, entre tanta prima de riesgo y entre tanta ingratitud.
Entre las virtudes de este personaje aquí traído está la del rencor, la del resentimiento. A moro muerto, gran lanzada, el estandarte de los tibios, aquéllos que ni quieren ni saben estar en el espacio de las responsabilidades. Llegado es el momento de dar el nombre: Rosa Díez, la mujer que perdió un congreso y ganó un resquemor, que quién sabe si le acomapñará mientras viva o concluya con la clausura política de Zapatero. Porque hay casos de resurrección en la vida política no menos ejemplares.
Es el de un personaje de 37 años, ahora sempiterno protagonista de las jornadas festivas del 15-M y derivados, por ejemplo, lucha contra la desahucios. Este señor, estudiante de derecho según perfil elaborado por sí mismo, da la impresión de ser virginal, angelical y seráfico en la vida pública. Pues no es verdad, cuando contaba la envidiable edad de 22 años, ya profetizó por la vía de la realidad también ejemplarizante el escenario de Extremadura, donde IU se debate entre la vida y la muerte. Este animal político tumbó la soberanía popular en forma de mayoría del partido socialista en un pueblo cercano, Torres de la Alameda, para pasar a la otra orilla anguitiana, o sea el PP y brindar su apoyo por unas lentejas estofadas en forma de pesetas, antes de la eclosión del Pacto del Euro tan denostado por este representante de la indignación. Transmutada su vida en IU se pasó al mundo inmobiliario donde desgranó una fe irreprochable en el mundo de la empresa.
Cuando su cuenta de resultados y sus balances se tornaron intransitables, reapareció en su vida la ayuda mediática del foco que aporta vida y sentido a la misma. Y pisó la Puerta del Sol, y se ganó el respeto de incautos e ingenuos. Democracia Real Ya en manos de este caballero ofende al sustantivo, ofende al adjetivo, y ofende al antiguo adverbio y al antiguo complemento de tiempo. El neoliberalismo al que ataca este hombre se convierte en categoría jugosa para los mortales. El nombre Chema Ruiz (antes José María Ruiz Losa). |