La calle y los despachos
por Uno de la Redacción

VIERNES 17 DE JUNIO DE 2011 A LAS 19:23 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO

 

Cierto periodismo se está volviendo reaccionario con los indignados. Cuando se supo que protestaban contra las formas de la democracia, contra la deshonestidad e indiferencia de los que gobiernan, no contra un partido concreto, empezó a politizarlos. Sin embargo, los políticos quieren la gloria, y aquí es donde van a empezar a pagarla. Cierto que no se protesta en los Ayuntamientos de Bildu, quizá sea porque los indignados quieren sacar la política a la calle, en tanto que en el País Vasco es la política la que ha metido los motivos para indignarse en las instituciones. En Sol se arrojan contra los protestones argumentos de salubridad: el orden, la dignidad de los mandatarios, la ruina de los comerciantes… Muchos comentaristas con escarapela censurarían en televisión a la Revolución Francesa porque pisoteó los juanetes a los funcionarios de La Bastilla.


En este país, el más corrupto de Europa, la calle grita. Ahora, un montón de indeseables ha saltado de la vida pública a la privada de los gobernantes, pero el grito primigenio contra las limitaciones del votante para elegir a los petimetres que van a representarlo, contra el modo en que éstos, en cuanto entran en las Cámaras, pasan a servir a los poderes de siempre, en efecto, indigna. ¿No hay que indignarse ante las caras sonrientes e impasibles de las marionetas del Constitucional, ante el presidente del BBVA diciendo que los políticos deben mirar más por el bien común, a Rubalcaba elevado al aspaviento ridículo, a un número creciente de presidentes de las Comunidades Autónomas saltándose la ley porque saben que la justicia no deshace jamás un hecho consumado?


Los periódicos llevaban tres años denunciando que los políticos nos conducen a la ruina. Ahora se rasgan las vestiduras porque el 1% de una masa de gente sin futuro ocupa lugares públicos para vociferar contra la democracia que tenemos. ¿Quizá es una maniobra del PSOE? El PSOE los apoya por impotencia e hipocresía. Él es el principal acusado. Mientras tanto, el silencio que reina en todos los despachos es insultante. Se protesta contra la impunidad de ese silencio, contra la manera en que nos obligan a elegir a gente que no lo merece, porque no hay otra.


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