Rosa Díez y los alcaldes
por Antonio R. Naranjo

DOMINGO 29 DE MAYO DE 2011 A LAS 10:17 HORAS
Opinión > Política
 
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Sólo un dirigente político tan inteligente y experto como Rosa Díez es capaz de cuadrar el círculo sin que le noten demasiado los ángulos de su actitud. Vincular la decisión de UPyD en diez municipios al cambio de la Ley Electoral en toda España o la recuperación de las competencias educativas por el Estado –dos medidas sensatas y casi imprescindibles- es tanto como no decir nada diciendo algo muy llamativo.

 

Tiene su gracia imaginar a Bartolomé González, Juan Soler o Pedro Castro, por citar tres nombres de dos partidos distintos, piticlineando a Génova o Ferraz diciéndoles que, o consiguen que el Pisuerga se estudie en Cataluña, o el tipo impositivo del IBI y la designación del concejal de Abastos de su pueblo puede caer en manos rivales.

 

Como Rosa Díez no es nada frívola, como esta estupenda señora tan vilipendiada por mediocres y envidiosos sabe muy bien lo que tiene entre manos, como esta pata negra de la política sabe que su batalla es dentro de unos meses y huele la victoria -¿Grupo parlamentario propio? ¿Superar a IU y empezar a alojarse en el subconsciente popular como aspirante a superar algún día al PSOE?-; invierte su influencia municipal en lanzar un mensaje nacional que, una vez digerido por todos, dejará paso al sentido común en cada demarcación donde puede incidir en la elección de alcalde.

 

 

 

Dejar que las urnas decidan, guardándose el derecho a controlar al Gobierno con el rigor y la imprevisibilidad que seguramente esperan sus electores; no sólo es la mejor manera de traducir el éxito de UPyD, sino también la única de llegar a las Generales limpio de polvo y paja: olvidándonos de siglas, y dado el deseo de pescar en caladeros electorales muy transversales, la decisión se traduce sin duda en no quitar gobiernos que no hayan sido quitados por los ciudadanos ni dárselos a quienes no los han logrado en las urnas. Lo segundo condicionaría para siempre su discurso; lo primero les deja manos libres para sostenerlo sin problemas y llegar a la batalla nacional sin cadáveres en el armario.

 

Seguramente si el PP no hubiera arrasado en la Comunidad de Madrid, la traducción de esta estrategia sería más sencilla: pero el barrido al PSOE, por una mezcla de agotamiento en Moncloa, kafkiano liderazgo de Tomás Gómez y cansancio de los alcaldes más veteranos; hace tiempo que habría anunciado sin rodeos su abstención en unas plazas y el voto a la investidura del más votado en otras: nada mejor para demostrar que no les mueven cuotas de poder ni les condicionan leyendas ideológicas trasnochadas que dejar que en Alcalá gobierne el PP y en Getafe el PSOE, por poner dos ejemplos paradigmáticos.

 

Pero el cataclismo socialista les ha colocado frente a un escenario de gallos derrotados que en la práctica limita su estrategia a dejar mandar al PP, aunque no sea ésa su intención: de ahí que en Coslada se busquen razones tan legítimas como la imputación al candidato popular, Raúl López; o en Getafe se calibre si la lista más votada objetivamente, la del popular Juan Soler; puede ser superada por otra de síntesis del PSOE e IU que no se presentó en coalición pero funciona como tal desde que el Napoleón del Sur se metió la primera galleta en 2007.

 

 

Nada mejor que escuchar directamente a Díaz para entender lo que dice

 

 

Sólo Alcalá ofrece la certeza de que Bartolomé González no tiene una alternativa articulada que no obligue a UPyD a dejar de tocar la cítara para comprometerse –y retratarse- con un Gobierno de coalición: al mantenimiento debilitado del PP, que deberá aprender a gobernar con mano izquierda y a meter el rodillo en el baúl de los recuerdos; simplemente no se le opone nada por la combinación de tres factores. Una derrota abrumadora del PSOE –perder lo mismo que el Gobierno cuando se está en la oposición equivale moralmente a perder el doble, aquí y en la China popular que diría el extinto Carod-, un rechazo irrevocable de IU a formar Gobierno y, por todo ello, una comodidad absoluta para UPyD a la hora de decantarse.

 

Dejar que siga el PP no equivale a apoyar al PP; pero permitir que le suceda el PSOE lo transforma en su muleta imprescindible y activa cuando más denostada está la marca de la rosa: no hay en este diagnóstico opinión alguna, sino una mera traducción lineal de los hechos y sus consecuencias.

 

Es obvio que en la estrategia de UPyD hay una evidente incoherencia entre las razones que pueden haber movido a sus electores a votarle en el ámbito doméstico y las razones que finalmente pesan en su actitud, pues a nadie se le escapa que si de verdad se quiere que se note un sello, la mejor manera es imprimirlo en persona: pero hasta esa crítica vale más para lamentar que no alcance un pacto de legislatura con el PP, entrando en el Gobierno y centrando su acción; que para reprocharle que no impulse un tripartito casi imposible con PSOE e IU que le obligaría a negociar cada día con dos partidos y hacerse cargo de los errores conjuntos en lugar de a pactar ocasionalmente con uno quedándose sólo con lo buenos de sus efectos.

 

Una vez que se llega a las instituciones, quien no se retrata termina por salir borroso, pero hasta que el observador fije su atención en los matices de cada foto, UPyD tiene unos meses para gestionar su desembarco institucional con arreglo a unos intereses de mayor enjundia que Rosa Díez tiene bien claros: aprovechar el hundimiento del PSOE para pasar de la nada de hace tres años a condicionar, de manera muy sugerente, toda la política nacional. El magenta de sus siglas está condenado a incluir las tonalidades marrones inherentes a la acción política, pero mientras llega ese momento, cuidar al máximo la limpia escala cromática de la formación es, bien mirado, una decisión irreprochable.

 

Por mucho que algunos añoremos que la claridad proverbial de este pánzer en cuerpo de mirlo cuando habla de lo divino de España se traslade a los humano de nuestras calles.

 

 

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Comentarios
ANTONIO M.
lunes 30 de mayo de 2011 a las 09:24 horas
El torero está para torear y el político para tomar decisiones, creo que Rosa Díez quiere ver, efectivamente, los toros desde la barrera y para eso vale cualquiera. Si la política española está llena de mediocres más aún lo son aquellos que como políticos se niegan a realizar su labor por una mejor posición en próximas elecciones.
Encima confían en la ignoracia de los votantes, ¿cree que la gente no se va a dar cuenta?.
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