Los galgos ahorcados
por Rafael Narbona

MARTES 22 DE MARZO DE 2011 A LAS 18:32 HORAS
Opinión > Cultura
 
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España es el país de los galgos ahorcados. España es el país que no aprecia la ternura inconcebible de un animal que se enreda con el aire, dibujando piruetas imposibles. España es el país de árboles con ramas asesinas, donde una infame cuerda siega una vida tan ligera como la espuma. España es una tierra yerma que entierra la poesía en sus entrañas muertas.

 

 

Los galgos son poetas emboscados en el viento, que doblan las esquinas en silencio, deslizándose como un brazo de agua escapado de una acequia. Los galgos son poetas que se recortan contra la luna, componiendo siluetas inauditas. Los galgos encabalgan las palabras o saltan por encima de ellas, sorteando las tildes, tan arrogantes e inflexibles. La tilde es una señora ridícula que se clava en las palabras como una espina. Los galgos perturban su rutina, lanzándola al viento, que juega con ella hasta que se aburre y la deja sobre un tejado, donde se confunde con una ramita. A veces, acaba en un nido. Allí recibe lecciones de humildad y acepta su dolorosa intrascendencia. Las pisadas de los galgos no dejan huella. Son veloces, aladas, casi etéreas. No les afecta la gravedad ni la dureza de la piedra. Los galgos aceleran el movimiento de rotación de la tierra, cuando la locura se apodera de ellos. Los ojos apenas pueden seguir su vertiginosa galopada, pero gracias a sus carreras escuchamos la música de las esferas.

 

 

Los galgos se burlan de la ortografía estirando o doblando sus orejas. Las orejas de un galgo pueden transformarse en una X, una Y o una LL. Esforzándose un poco pueden esbozar la Ñ o el número Phi, el número áureo donde se esconde Dios, jugando con una serie infinita que deja con un palmo de narices a las maestras de escuela. Las maestras de escuela no entienden a Dios ni a los galgos. Dios es un niño que utiliza los puntos suspensivos para cruzar los ríos. Los arroja uno a uno y avanza a saltitos. Los que le sobran, se los guarda en el bolsillo. Los galgos nunca se separan de Dios, pues saben que les necesita para no extraviarse por los caminos, donde acecha el hombre con una horca en la mano. Nos han dicho que Dios era un anciano de barba blanca y piel arrugada, pero Dios es un niño enfermo que aplaca su dolor, acariciando la huesuda cabeza de un galgo. Los galgos vigilan el mundo mientras Dios descansa. Cada vez que se comete una maldad, lanzan un aullido y Dios se despierta, pero Dios no puede hacer nada porque nadie hace caso a un niño que de puntillas no llega a la mirilla de una puerta.

 

 

Los hombres que ahorcan a los galgos perdieron su alma hace mucho tiempo. En realidad, su alma huyó espantada cuando descubrió que sus manos codiciaban la sangre ajena. Los hombres que ahorcan a los galgos esconden sus ojos detrás de gafas oscuras, pues los ojos les delatan. Sólo hace falta mirarlos para comprender que detrás no hay nada. Los hombres que ahorcan a los galgos son los mismos que fusilaron a García Lorca. No les importó desarraigar de nuestro suelo a un poeta que dormía entre camelias blancas y lloraba como el agua. No les importó enterrarlo en una fosa sin nombre, con los ojos abiertos y una mueca de espanto. Los hombres que ahorcan a los galgos apenas hablan. No les gustan las palabras. No les gusta justificar sus actos ni manifestar sus afectos. Dejan un rastro de dolor y miedo. Se ríen de los poetas que pasan noches en vela, intentando hallar un verso para finalizar un soneto. Se ríen de los insensatos que anhelan un futuro sin bombas ni ruinas negras. Se ríen de las promesas que nos hicieron de niños, asegurándonos que la eternidad apacigua a la muerte, evitando que caigamos en el olvido.

 

 

Cada vez que muere un galgo, un niño se queda huérfano. Los galgos prestan la luz de sus ojos a los niños enfermos. Les acompañan en las noches de fiebre y pesadillas sin cuento. Les despiertan suavemente, hablándoles al oído del día que llega, con su frescor y su luz naciente, sonrosada. Les hablan de la primavera y de la semilla al florecer. Les hablan de las mañanas ardientes del verano, cuando el mar se ofrece amistosamente y el sol parece una piedra amarilla que no acaba de caer. Les dicen que el invierno se ha escondido detrás de un arbusto y se ha quedado dormido. Los niños enfermos son los niños que el Joven Rabí escogió para mostrar al mundo la belleza en su forma más pura. El joven Rabí se enfrentó al poder de las tinieblas con un niño tullido y un galgo famélico, sin ignorar que la compasión es una flor extraña. Una flor que sólo crece en laderas escarpadas y en profundas soledades, donde las plegarias tiritan de miedo al pensar que enmudecerán en un sótano vacío.

 

 

Algunas mañanas, me levanto temprano y los galgos ya están en la explanada que llaman plaza, con su triste iglesia de fachada encalada, escondiendo la piedra, y un árbol con el tronco lleno de nudos, con aspecto de chichones. Agrupados por largas cadenas, todos son jóvenes y no saben lo que les espera. No saben que ese día algunos se quedarán en el campo, sobrepasados por la crueldad humana. Podría advertirles, pero los hombres que preparan su muerte, se pasean con escopetas y largas sogas. Sus ojos parecen brasas encendidas por un odio antiguo. Los ojos de los galgos aletean como mariposas de colores. Azul, castaño, violeta, acaso un tenue resplandor dorado, de trompeta vieja. Algunos están sentados, otros tumbados, dormitando. Algunos están de pie y otros desmoronados. Algunos están tan delgados que casi levitan. Algunos parecen de arcilla, otros de plata, otros son blancos como el alba. El alba que ya avanza por la plaza y les pone en movimiento.

 

 

 

Se escuchan las cadenas, los gritos, las risotadas. Se alejan todos a la vez, uncidos a un destino desigual. Siento lo que sintió Don Quijote al contemplar a los galeotes, condenados a impulsar un enorme buque de guerra con un remo: “¿Por qué hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres?” Me senté en un banco de piedra y les observé alejarse. Un galgo blanco, de andares espirituales y resignados, giró la cabeza y me miró humanamente, con ojos fatigados y débilmente esperanzados. Los dos sabíamos que nuestras vidas eran un chispazo, un momento de claridad en una tiniebla infinita, pero nos esforzábamos en pensar que nos reencontraríamos bajo otro cielo, vagabundeando por una llanura sin término, lejos de esa mañana homicida que se cobraría las vidas de los torpes y rezagados. Nos reencontraríamos en una mañana sin penumbra ni olvido, de plenitudes y esplendores, una mañana perfecta, libre de miedos y trajines. Nos miraríamos de nuevo, como dos viejos conocidos que han descubierto la felicidad de ser en el otro. Sus ojos en mis ojos, sus sueños en mis sueños y nuestros latidos concertados en el viento.

 

 

 

 


Comentarios
amparo ayuso abrines amparoayuso@hotmail.es
jueves 12 de enero de 2012 a las 20:45 horas
Es verdad, el galgo es quizás el perro que nos ha dado mayor tranquilidad, lo adoptamos hace 2 años, mi querido Indi, y desde el primer día se adaptó, con mi otro amor que es el Pelut. A éste último le fué bien porque a su hermano de raza que no de sangre lo tuvimos que dormir y su tristeza era muy evidente. Parece que Bitxo, desde el Arco Iris, puso a Indi, para que su "hermano", volviera a ser féliz.
Manuel Jiménez marketing@fundacionbm.com
jueves 12 de enero de 2012 a las 13:24 horas
Nosotros estamos trabajando para que cientos de galgos encuentren un hogar:
www.fundacionbm.com
Manuel Carvajal manuel.carvajal@espal.com
jueves 12 de enero de 2012 a las 01:53 horas
Es emocionante el que alguien entienda así una raza, un ser tan especial como el Galgo y justo por eso es desesperante a niveles insoportables lo que los españoles hacemos con algo tan nuestro como lo son ellos.
Poco a poco, galgo a galgo tenemos que ir mejorando la situacion tan complicada que no entiende quien no quiere a los animales, ni se acerca a ellos.
Tenemos que cambiar las cabezas secas españolas empezando con textos como este y adopciones como estas, todo aporta, todo vale aunque individualmente nos parezca muy poca cosa. despues de leer todos los comentarios se ve un trabajo total que pesa mucho mas que el que yo haya adoptado a Gloria..que solo sirvio en mi mundo..para nada.
juanjose zapata moya...... juanjozapata1975@hotmail.es
miércoles 11 de enero de 2012 a las 19:56 horas
SOY AMANTE DE ESTA RAZA....MUXA GENTE LA DESCONOCE.....POSIBLEMENTE EL PERRO QE MAS PAZ PUEDE LLEGAR A TRANSMITIR A UNA PERSONA....EN FIN ENTRANDO EN TEMA....EN ESTE PAIS NO AI EDUCACION NI CULTURA SUFICIENTE COMO PARA Q ESTE ANIMAL ESTE ENTRE NOSOTROS....FALTA JUSTICIA ...FALTA MANO DURA....EN FIN UN SALUDO A TODOS LOS AMANTES DE ESTA RAZA EN ESPECIAL I POR EL GRAN PROBLEMA QUE LE RODEA.......SALUDOS..JUANJO...
noelia sanchez
miércoles 11 de enero de 2012 a las 19:34 horas
pufff,,desde esta casa que tiene a fiona adoptada y que empezamos a ser casa de acogida gracias
Anabel
lunes 2 de enero de 2012 a las 20:59 horas
Es un texto realmente precioso, me emociono cada vez que lo leo...

Yo hace un poco más de un año que acogí a una mezcla de galgo, venía de Huelva y con sólo 3 meses habían intentado ahorcarla. Misteriosamente se ha quedado en casa... :)
Chema Lera chemalera@yahoo.es
martes 29 de noviembre de 2011 a las 12:50 horas
Gracias de parte de Boira, nuestra amada galga blanca de ojos que inundan de paz.
Aquí le dejo, Rafael Narbona, otros dos intentos de denunciar con el arte del dibujo y la música, la canallada de los galgueros:
http://gatoporlibre.blogspot.com/2009/07/el-videoclip-de-los-galgos-un-kaso-de.html
Eduardo da Silva edasilva@unex.es
martes 29 de noviembre de 2011 a las 11:41 horas
Yo soy otro de los que he adoptado a un galgo, en este caso Mora, una hembra que escapó de la muerte, no sé si por abandono por parte de su dueño o por poder huir antes de que acabasen con ella. Su odisea comenzó probablemente al partirse la pata trasera izquierda, tanto la tibia como el peroné, y galgo que no corre, para estos “desalmados” (palabra excesivamente suave para definir a estos hijos de p…), no vale y tiene sus días contados, independientemente de que haya sido un buen compañero y de que, posiblemente, le haya dado a su dueño grandes alegrías cuando podía correr, y es que, aunque vaya en contra de esta impresionante y elegante raza, un galgo corriendo es un espectáculo para la mayoría de los que sepan apreciar la elegancia, agilidad, fortaleza y resistencia de un perro. Pero todo esto se desmorona cuando ocurre una desgracia como la que le ocurrió a Mora, se encontró sola, sin nadie que la cuidara y además preñada.
Parió cinco cachorros, de los cuales le quedaron 3 y, cuando estos tenían unos seis meses, volvió a parir, pero en esta ocasión 11 cachorritos. Los primeros de su raza y los últimos cruzados. Crió a todos a pesar de que ella parecía un esqueleto andante, hasta que comenzamos a darle de comer por las traseras de mi casa, una zona descampada con poca afluencia de personas. Al poco tiempo trajo a los cachorros a un cañaveral próximo y mis hijos comenzaron a acercarse poco a poco a ellos hasta que la madre aceptó que los tocasen y estuviesen con ellos. A partir de ahí, y cuando los cachorritos comenzaron a andar, todas las mañanas temprano estaban esperando en la puerta de atrás para comer y jugar y así los tuvimos unos dos meses hasta que una protectora muy implicada en estos asuntos (ADANA), consiguió colocar a todos los cachorros en adopción, los mayores (8 meses) y los pequeños (2 meses).
Quizás para Mora y sus hijos haya habido un final feliz, pero ella y otros galgos que son adoptados representan una ínfima parte de los que son asesinados o abandonados anualmente, y adoptar está muy bien pero soluciona muy poco y hasta que no se apliquen las leyes con contundencia y se modifiquen de manera conveniente para evitar esta situación, el problema no tiene solución. Hay que aplicar sanciones grandes, obligar a que el animal tenga microchip y comprobar que éste esté registrado (Mora tiene microchip pero no está asociado a nadie), y al reincidente si hay que aplicarle cárcel, que se le aplique con contundencia. A partir de ahí nos sentiremos mejor como pueblo y dejaran de considerarnos fuera de nuestras fronteras como incultos (el cariño a los animales va asociado a la cultura de un pueblo), y como asesinos, pues al final todos somos analizados por el mismo rasero.

P.D.: Hoy Mora ha sido adoptada por mi familia, es una perra bondadosa, que a pesar de lo que la han maltratado se deja hacer de todo sin ni siquiera gruñir o mostrar un diente (si fuera yo….), poco a poco muestra su cariño, pero no tengo claro si perderá esa mirada temerosa y un poco perdida, reflejo del sufrimiento anterior, y si algún día se sentará a nuestro lado, completamente relajada, sin que tenga la incertidumbre de que pueda ocurrir algo malo. Ojalá, incluidos nuestros amigos y allegados, nos quisieran de manera tan desinteresada como lo hacen ellos.
Ismael diaz bravo espalda_platea@hotmail.com
martes 29 de noviembre de 2011 a las 08:33 horas
No es que no tengan corazón,lo que no tienen es conciencia
Tremenduska
jueves 24 de noviembre de 2011 a las 23:31 horas
Muchísimas por este precioso articulo

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