Queridisísimos ciudadanos, amantisísimos militantes y odiadisísimos adversarios, ¿habéis visto o leído lo que ha dicho Cobo? Por si no lo sabéis, es mi pelotisísima mano derechisisima, un colaborador imprescindible para atender las necesidades de todo gran hombre. Todo el mundo debería poner un Cobo en su vida, y estoy seguro de que sería el regalo estrella estas Navidades. Ya diviso, con la clarividencia que me caracteriza compatible con la modestia más sincera, la campaña publicitaria que lo acompañaría.
- Dame la C. Dame la O. Dame la B. Dame la O. Cobo, el nuevo madelmán todo terreno, con varios trajes para que puedas vestirle para cada ocasión.
Yo lanzaría el Cobo Monchito, con una cavidad bajo la chaqueta para que puedas meter la mano e imitar a José Luis Moreno. Y el Cobo Maquis, disfrazado de resistente antifascismo. Y el Cobo ‘siniestro’, preparado para acompañar a las hijas de Zapatero a la próxima recepción de Obama, al que conoce mucho también. Y el Cobo Calleja, para contarnos cuentos. Y el Cobo intelectual, con sus gafitas y una selección de escritos de Brecht. Y el Cobo de Centro, con El País bajo el brazo.
Jopelines, queridisísimos, no me digáis que no es una de esas ideas brillantes que tengo para superar el trauma de la Olimpiada. Imaginaos la de combinaciones que podrían lanzarse, con sonido y todo. Le aprietas un botón y salta el mensaje:
- “Gestapillo, gestapìllo, gestapillo que te pillo”, en pareado asonante, que es como hablamos los hombres de Estado.
Si le gusta a Rajoy, le diré que la idea es mía. Y si no le gusta, le diré que no tengo nada que ver. Porque entre el madelmán y el chucky hay una línea divisoria tan tenue tan tenue que nadie me reprochará no haberla vislumbrado.
Os tengo que dejar, queridisísimos, que voy a jugar un poco con mi Nancy Aguirre: a ver quién ha sido el guapo que me la regalado disfrazada de Rambo y con unas pilas Duracell que no se agotan ni a hostias. Quiero decir a ósculos, que el alcalde, cuando besa, besa de verdad.
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