11-M, nuestro Auschwitz
por Antonio R. Naranjo

VIERNES 11 DE MARZO DE 2011 A LAS 07:24 HORAS
Opinión > Política
 
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En la escalofriante Shoah de Claude Lanzmann, la mejor película sobre el Holocausto nazi y tal vez la única que no muestra ni un cadáver ni un preso escuálido ni una columna de humo; un superviviente de Treblinka, Philip Muller, miembro de los sonderkommando que conducían a los judíos a la cámara de gas y luego los incineraban en los hornos crematorios, narra con lágrimas una impactante escena: “Eran de mi pueblo. Cuando ya estaban dentro, tras desnudarse, empezaron a cantar el himno checo y yo no pude soportarlo. Me metí con ellas, sabiendo lo que iba a ocurrir, dispuesto a morir en la cámara en unos minutos. Pero dos mujeres se acercaron y me obligaron a salir, me dijeron que no tenía derecho a morir si podía evitarlo, que tenía que sobrevivir y contarlo”.

 

El testimonio no es literal, escribo de memoria, pero no hay mucha diferencia entre el relato original y mi recuerdo. Sólo Muller puede acercarse ligeramente al horror que seis millones de personas sufrieron en aquella locura, y sólo a él le hicieron ver que la mejor manera de falsificar la memoria es conseguir el olvido.

 

 

 

Con el 11-M viene sucediendo algo igual, pero en un sentido inverso: no faltan testimonios fatuos que, sin haber estado cerca siquiera de los trenes, afirman compungidos que todos viajábamos en ellos, una osadía indecorosa que no es menos abyecta por exudar buena intención.

 

Y, por ese exceso cada vez más espaciado -ahora una vez por año, a lo sumo- se produce el efecto subsiguiente: un olvido atroz, presentado como una memoria superficial, de cartón piedra, de lugares comunes, de ritos mecánicos que desoyen la profundidad histórica de aquella barbarie y prescinden del único sentido que puede encontrarse a este exterminio.

 

El 11-M es nuestro Auschwitz, por su carácter inasible al entendimiento, su arbitraria ceguera, su inhumana brutalidad y su carácter eterno: cuando una matanza sucede, o el tiempo la entierra o la transforma en una enseñanza práctica.

 

Aquí estamos más cerca de lograr lo primero, enmarañados en polémicas artificiales sobre el origen, enzarzados en cuitas políticas sobre sus efectos electorales o abonados a esa boba especie de que el calendario lo cura todo y siete años dan para superar el desafío y adentrarnos en el territorio de los espectáculos que transforman una realidad en una ficción audiovisual o en una liturgia anual.

 

En los trenes viajan sólo los muertos, y un poco sus seres queridos, pero al resto nos quedaba una manera de tratar de entender su ininteligible martirio: conocer con respeto el máximo de lo que ocurrió, recordarlo cada día de una manera activa y cambiar la manera de relacionarnos entre nosotros, con los otros y con todos los demás. No es fácil, pero es el único camino para dar a ese horror el ápice de decoro que merecen sus víctimas.

 

Ampliación. Hay cuatro o cinco o diez actos 'institucionales' previstos. Ninguno unitario. El tratamiento en los medios de comunicación también es antagónico: TVE casi no cita el aniversario; Telemadrid no lo suelta. Los representantes de las víctimas, por último, no las representan bien. Nadie hace honor, en fin, al 11-M: todos éstos siguen en el 14-M, el día de las elecciones.


Comentarios
pater
domingo 13 de marzo de 2011 a las 22:47 horas
El Metrobús, esa entelequia.

Estábamos todos locos y parió la abuela.

El asiduo residente de tantas y tantas carteras y bolsos de parias madrileños, el manoseado billetito denominado Metrobús ha sufrido una descomunal afrenta, de un parangón sólo igual al que plantean los descastados sindios con la dichosa negación del supremo ser trino. Se puso en tela de juicio su misma existencia. El Consejero de Transportes e Infraestructuras D. José Ignacio Echeverría Echániz aseguro la no existencia del famoso Metrobús, a lo visto va de ateo o peor de ignorante por la vida. A falta de datos más concretos, nos inclinamos más bien por lo otro. O sea lo segundo.

Trasdeantiel, en la soberana casa de todos los madrileños y durante la sesión de control al gobierno el Metrobús sufrió un acoso brutal. Al Sr. Consejero no es le cupiera duda alguna acerca de la inexistencia del billete combinado de diez viajes, sino que imperativa y burlonamente la negó de forma taxativa. La comicidad de su anatema, dio lugar a carcajadas a carrillo destemplao dentro de todo el añil tendido, inclusa la recuperada a dios gracias Señá Presidenta, a la que la qué ni puntos ni grapas frenaron en sus aspavientos de jolgorio parlamentario. Mientras que en la supuesta bancada roja, el esperpento cariacontecido hacía estragos entre los caretos de los sociatas de mierda y los cuatro o cinco desunidos de siempre, no daban crédito a lo que a lo escuchado por sus oídos. Estos últimos debieron pensar al unísono, “ pero, cuan fácil se puede hacer el tolai en sede parlamentaría sin disfraz y doctorado alguno”.

La pregunta del millón, es de cajón: ¿ Como todo un Sr. Consejero responsable, para más inri, del propio ramo, puede llegar a negar la existencia del humilde y vox populli, Metrobús? La cosa tiene miga, el negacionismo expuesto por parte del Sr. Echeverría es de órdago a la grande con cuatro pitos de mano, y para recomendarle que se haga mirar lo suyo para procurar evitar mayores destrozos a los sufridos administrados madrileños visto los antecedentes. Y, no me refiero, en este caso, a lo de no sus creencias religiosas e ideológicas, que en democracia – menos las violentas- todas ellas son respetables y admisibles. Hablo de su acceso agudo de desconocimiento, al cual, sin duda podemos endosar el sufrido arrebato de ignorancia acerca de las distintas formas del pago de un viaje en transporte público. La ignorancia o desconocimiento de lo cotidiano parece ser característica común de aquellos elementos perteneciente a la elevada casta del rostro y del bugati oficial anejo al cargo. El uso del cochecito gratuito parece ser que, aparte de producir la distorsión de la realidad debida al uso de los cristales tintados, tiene como efecto obtuso colateral los accesos de lerdez aguda. Este hecho acontecido, parece un caso de libro.

Para el sanado del Sr. Consejero no es necesario que este se presente en las Urgencias al neurólogo o al psicólogo de turno, ya que lo suyo no puede ser catalogado ni tratado como un temporal lapsus amnésico, porque no lo es. Acudir a un experto entomólogo acupuntador para este caso se necesita algo más que una agujita parece del todo escasa. Para su pronta curación, bastaría con que el ínclito acudiese con la rapidez que le permitan sus pinrreles y el colapsado tráfico madrileño a cualquier parada de Metro. Y se atreviera seguidamente a entablar una conversación filosófica de altura con cualquier taquillero del Metro acerca de: si el dichoso Metrobús es o no una entelequia y de posee o no sustancia. O bien, más fácil todavía, pulsar en la pantalla táctil, previo abono de la cantidad indicada en la misma, la tecla Metrobús, en cualquiera de las máquinas expendedoras, escondidas todas en esos lugares recónditos por los que transita la canalla que suele utilizar el transporte público a diario, esperando unos preciosos segundos a ver que es lo que sucede después. A los no creyentes, es del todo imposible convencerles de la obvia existencia del dios triado. Pero, el simple y previo paso por taquilla o máquina debería bastar a los ignorantes en tan cotidiano tema como para abandonar su estado ignoto severo.

Como bien nos ha solicitado presta la Señá Aguirre, los humildes administrados, perdonamos al quijotesco y gallardo Consejero el deslicín de negacionismo que le ha poseído . Pelillos a la mar. No se debe hacer sangre de una nindundia. Quia. Si bien una cosa es el perdón, y otra el olvido. Por tanto, se ha de solicitar para aquel que cometió tan liviano pecado, una penitencia acorde con la metedura de cuezo introducida. Y, ya que la Señá Aguirre no le va ha cesar de forma fulminante en sus responsabilidades por inepto, ni a pedir su dimisión por desinformado. Tendría que ser el Sr Echeverría, el que por vergüenza y responsabilidad ambas toreras –rara avis en los tiempos que andan-, optase de motu propio por realizar la dolorosa penitencia de presentar su renuncia irreversible al uso del troncomóvil oficial, y anexamente después, ejercer por no menos de ciento diez años y un día como taquillero de postín en cualquier parada de Metro del área metropolitana chunga. Eso sí, la taquilla y la boca de Metro sería a elegir por el patas, faltaría más.





PD. Competencias de un Consejero de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.

1. El Consejero de Transportes e Infraestructuras, como Jefe de su Departamento, está investido de las atribuciones que le otorgan el artículo 41 y demás preceptos de la Ley 1/1983, de 13 de diciembre, de Gobierno y Administración de la Comunidad de Madrid y las disposiciones en vigor, correspondiéndole como órgano superior de la Administración de la Comunidad el desarrollo, coordinación y control de ejecución de las políticas públicas del Gobierno en materia de carreteras, infraestructuras y servicios de transporte.

2. Para el ejercicio de sus funciones gozará de la capacidad dispositiva sobre los bienes adscritos al cumplimiento de los fines propios de su competencia de conformidad con lo previsto en la Ley 1/1983, de 13 de diciembre, de Gobierno y Administración de la Comunidad de Madrid, y demás normas legales aplicables, sin perjuicio de las competencias de la Consejería de Hacienda en relación con el patrimonio de la Comunidad de Madrid.

3. Dependiendo directamente del Consejero, se organizarán las funciones y servicios del departamento, y le corresponderá la alta inspección interna de los mismos, así como de la Administración Institucional adscrita a su Consejería.

4. Salvo que en las normas de creación se disponga otra cosa, corresponderá al Consejero de Transportes e Infraestructuras la presidencia de los organismos autónomos, empresas públicas, órganos de gestión sin personalidad jurídica y demás entes institucionales que, creados al amparo de lo dispuesto en la Ley 1/1984, de 19 de enero, reguladora de la Administración Institucional de la Comunidad de Madrid, y sus disposiciones complementarias, resulten adscritos a la Consejería de Transportes e Infraestructuras.

Paula Ballesteros
sábado 12 de marzo de 2011 a las 13:18 horas
Recuerdo aquel cámara espontaneo que desde su ventana grabó escenas que más tarde se nos ofrecieron en TV. Pensé, que triste que la desgracia venda. Las televisiones comprarán esta grabación y de la desgracia de otros, algunos saldrán ganado. El hombre no cambia.
el dia del tangazo
viernes 11 de marzo de 2011 a las 22:45 horas
pues yo recuerdo que me quede en casa y no paraban de sonar los coches de la policia y es que claro,los estuvieron mareando todo el dia con los falsos avisos de bomba y quien quiera obviar la historia que lo haga... lo que sigue de este horrible montaje no lo voy a contar...
No os olvidaremos
viernes 11 de marzo de 2011 a las 10:47 horas
Yo recuerdo estar subida en un tren que no sale de Alcalá, que pasa que pasa, los moviles no funcionan, la gente empieza a salir, corre, gritan, los trenes explotan en Madrid...todos saliamos de la estación desconcertados, yo volví a mi casa no fui a la universidad y pongo la tele y ..........lo demás ya lo sabemos,dias muy tristes, coger el tren el lunes y llegar a santa eugenia y ver allí el tren destrozado fue horrible, todos empezamos a llorar el que tenía pañuelos los repartía, incluso algunos nos tuvimos que abrazar sin conocernos...nunca lo olvidaré, me quedaban 3 meses de universidad y coger el tren cada mañana fue muy duro por eso nunca os olvidaré.
fernando codina hombresdetinta@hotmail.com
viernes 11 de marzo de 2011 a las 09:28 horas
Aquella mañana de marzo, recuerdo una riada de ambulancias que convergían hacia la capital, desde los hospitales de la periferia... Recuerdo también los llantos, los sollozos, el miedo de los 32 alumnos de 1º de la ESO, con quienes tenía tutoría y luego, clase... Recuerdo el barullo de profesores y de padres, pendientes de cualquier noticia en la radio... Recuerdo los minutos de silencio al día siguiente, en el patio del instituto... Y recuerdo el silencio espectral de más de un millón de personas, caminando bajo la lluvia, por el Paseo de la Castellana... Aquellos son mis recuerdos, de un día amargo...
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