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| Mujeres, clérigas y especímenas |
| por Antonio R. Naranjo |
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| MARTES 8 DE MARZO DE 2011 A LAS 21:23 HORAS |
| Opinión > Política |
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El movimiento feminista oficial, a diferencia de otros tan activos como el gay, no busca la igualdad desde hace tiempo, aunque cobije su discurso bajo tan impecable paraguas; sino el poder, movilizándose en instituciones, partidos y organismos oficiales para impulsar leyes que lo consagren, con una mezcla de sectarismo atroz y de habilidad retórica que camufla tan perversas intenciones y estigmatiza socialmente toda réplica, empezando por aquella que de verdad persigue la igualdad y la practica pero no tolera los excesos procedan de donde procedan. Tal vez sea la manera de eternizar un conflicto antiguo que, de resolverse, eliminaría la confortable, rentable y autocomplaciente vida de una formidable miríada de mujeres que, al igual que la Iglesia con la familia, predica sobre algo que no practica: Leire Pajín –y lamento utilizar a una persona criticable en casi todo pero digna de solidaridad ante tanto ataque ad hominem repugnante- puede sin duda haber estudiado la historia y ser conocedora del agravio ancestral a la mujer –o al negro o al homosexual o al haitiano en la República Dominicana o al turco en Alemania o al gitano en España-; pero difícilmente encarna a la mujer trabajadora o puede conocerla quien pasó del algodón de la cuna a la moqueta del despacho y a la piel del coche oficial sin haber cotizado en la Seguridad Social en cualquier otro epígrafe. En el mejor de los casos, y aceptando su propia doctrina, las feministas oficiales tienen tan poca legitimidad como un varón corriente para simbolizar un drama que ellas no han sufrido: es lo que suelen alegar, con inmensa estulticia, para expulsar a los hombres de una pelea que, por ser de principios, no tiene género. Como no lo tiene la igualdad a efectos de raza, opción sexual o religión, tal y como ellas mismas demuestran al no resistirse –aquí felizmente- a participar en cuentas cuitas defiendan tan nobles causas. Y en el peor, devalúan premeditadamente el evidente avance social y cultural que supone la normalización del papel de la mujer y del hombre con un inconformismo excluyente, ficticio y agresivo; para garantizarse un estatus económico y escénico que necesita transformar en irresoluble un problema superado en lo sustantivo: cuando se promulgan leyes garantistas –volvamos a la del matrimonio gay-, el trabajo que queda por hacer corresponde al tiempo, necesario para que la norma ejerza su pedagogía o acabe por razones biológicas con los vestigios individuales del pasado.

Siempre habrá, al menos hasta las malvas se lleven por delante a una parte de una porción de una generación concreta; ejemplares selváticos que ubiquen a la mujer en el espacio existente entre la cama y la cocina: los mismos, o muy parecidos, a los que consideran una afrenta encontrarse a otro varón más joven por encima en conocimientos y responsabilidad laboral; o que denigran el trabajo intelectual frente al duro esfuerzo manual; o que infravaloran la solvencia de una familia por el estatus legal de la pareja, su opción sexual, su edad, su país de procedencia o el simple aspecto. Transformar las excepciones, incluso aquellas que no son residuales, en la coartada para obviar la existencia de un cuerpo legal que anula el agravio y lo sitúa en el terreno educativo individual es, amén de una cochambrosa aportación al interés general, una lamentable manera de prolongar artificialmente el conflicto. En el caso de la causa femenina, muy especialmente. Porque si hay un ámbito en el que, además de regular hasta donde termina la injusticia y se logra la igualdad, se ha impuesto una visión redentora de la acción de la mujer y penitente de la presencia del hombre, es éste: leyes simplemente inconstitucionales como la de la Violencia de Género –inútil para paliar esta lacra pero tremendamente eficaz para acabar con la presunción de inocencia y criminalizar al varón de antemano- o discursos tan insultantes como incoherentes tales que el de la custodia compartida, resumen la enfermiza y sectaria visión de este grupo que quiere ser las magníficas ‘13 Rosas’ y apenas son los ‘12+1 Cardos Borriqueros”.
Porque hace falta ser muy indeseable y a la vez sentirse muy impune para exigir que los hijos sean cosa del padre y la madre durante el matrimonio y defender que, en caso de divorcio, lo sean en primer lugar y a ser posible en exclusiva de la primera: si a algún troglodita se le ocurriera decir eso antes de la separación, el merecido diluvio subsiguiente transformaría al de Noé en un orballo irrelevante. En esa línea totalitaria o cuando menos segregacionista y directamente lerda, irrumpen también otras leyes y normas como poco discutibles: la que impone en una empresa cómo debe conformar su Consejo de Administración o la que regula hasta la forma de hablar de esos mismos ciudadanos que al decir “gorila”, en femenino, no tienen la sensación de estar vejando al macho de la entrañable especie primate. O primata. A la mujer, como al joven, al viejo, al niño o al artista, le seguirán pasando individualmente muchas cosas malas y alguna buena. Colectivamente, la única gran batalla pendiente regulable tal vez pase por acabar con el agravio salarial a idénticas funciones, y hasta para lograrlo sería bueno que las afectadas no tuvieran por estandartes a tan sonrojantes embajadoras: son ellas las que provocan un resquemor agudo en los empleadores al cacarear un modelo de conciliación laboral y familiar que discute la productividad del empleado y los derechos del empleador –sí, también los tiene, al menos antes de firmar el contrato- en lugar de otro que avale la evidencia de que se puede dar lo mismo organizándose la jornada de otra manera, con un horario abierto, con una presencia física variable, pero sin reducir las prestaciones. Porque las mujeres lo han pasado mal y la sociedad tiene aún algunas deudas pendientes con ellas, ha llegado el momento de reconocer y disfrutar de lo logrado y de plantearse el siguiente reto, sin prescindir de certezas tales como la presencia del hombre en ese progreso y sin tolerar que tan necesarias causas se crispen en hogueras legislativas más propias de un Guantánamo de género que de un país consagrado a la igualdad. Todos somos iguales, decía el chiste, pero unos más que otros: ya está bien que las solidarias profesionales, las activistas de cartón piedra, las comprometidas con carné y subvención y las nuevas inquisidoras de palo y mazo se apropien de un legado al que no hacen honor y vayan soltando fatwas a diestro y siniestro desde una autoridad moral que no tienen, un perjuicio que jamás han sufrido y una razón más propia de imanes y torquemadas que de demócratas que se han leído la Constitución, ésa que consagra la igualdad real y no el poder de ninguna parte, de ningún sexo, queridas especímenas.
Posdata. El paro femenino es superior al masculino y el salario, en el mismo puesto, casi un 25% inferior. La retórica trasnochada se da autohomenajes constantes mientras lo poco pero muy importante por hacer carece de un discurso organizado y unas medidas sensatas.
* Dedicado a Paula Ballesteros
y otras mujeres y hombres que pelean
por la igualdad sin mirar el DNI |
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| Comentarios |
| Mujer |
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| lunes 14 de marzo de 2011 a las 11:34 horas |
No es que no entiendo al artículo que pese a lo farragoso de la redacción al final se puede digerir. Si no a que no se entiende a que viene el ataque gratuito a Leire Pajín si estamos hablando de otro tema. Por otra parte, inconstitucional es lo que el Tribunal Constitucional declare como tal no lo que a cada pseudojuez de la calle se le antoje. Y para finalizar, nuestro sistema se basa en la protección de las minorías desprotejidas. Las mujeres maltratada a mi entender y al entender de la mayoría lo son y necesitan de un trato especial. Lo que hay que hacer es mejorar el sistema no gritar a los cuatro vientos que somos iguales, cuando cualquier persona que viva en el mundo ve que no es así más que sobre el papel. Y no nos abracemos a las denuncias falsas (número estadísticamente irrelevante) para tirar por tierra la única ley del único gobierno que de verdad ha tomado alguna medida para atajar el problema. También se denuncian montones de agresiones y robos falsos y nadie pretende cambiar el código penal. Lo que hay que hacer es mejorar los medios materiales y humanos.
Más apoyo a la mujer DE VERDAD y menos palabra vacía. |
| Frentismo |
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| jueves 10 de marzo de 2011 a las 16:47 horas |
| ¿y Vd. habla de frentismo excluyente y agresivo?. Reléase su propio artículo y los de quien recomienda. Encontrará puentes de entendimiento, puntos de encuentro y diálogo, ajenos a cualquier agresión. |
| Un señor de Madrid |
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| jueves 10 de marzo de 2011 a las 12:19 horas |
Si se refieren a la ley orgánica 1/2004 evidencia defectos de forma. Es incompatible con el principio de legalidad penal que se deriva del artículo 25.1 de la Constitución Española y vulnera, asimismo, otros derechos fundamentales que consagra la Constitución, como el de igualdad ante la Ley (Art. 14 CE) o el de presunción de inocencia (Art. 24.2 CE) al presumir, injusta e infundadamente, que la conducta típica sancionada en dichos preceptos es siempre una manifestación de sexismo, y por ello requiera un mayor reproche penal que si su autor es una mujer.
Nuestro sistema cuenta ya con sistemas legales de protección ley de enjuiciamiento criminal y código penal reformado, no es necesario reinventar nada, tan sólo aplicar la ley.
La violencia no tiene sexo. |
| Antonio R. Naranjo |
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| jueves 10 de marzo de 2011 a las 10:37 horas |
Para 'mayoría', que se exalta un poco de más:
Es inconstitucional, a mi juicio, por varias razones obvias:
1- Invierte la carga de prueba y obliga al varón a demostrar su inocencia en lugar de al acusador su culpabilidad.
2- Rompe la igualdad de raza, género, religión y cualquier tipo que está en la esencia de la Carta Magna: no considera de igual manera un delito en función del sexo que lo cometa.
3- Criminaliza a un colectivo de antemano por su 'género': el delito siempre es individual, y defender esto se entiende muy bien en causas como la lucha contra la xenofobia, en la que se insiste, con razón, en desvincular la nacionalidad del delincuente para no estigmatizar a un país entero. No hay 'rumanos delicnuentes', hay 'un ciudadano que ha delinquido'. En el caso de la Ley en cuestión, se reducen las garantías judiciales por mor de una defensa general a la mujer que además falla: las muertas siguen siendo las mismas o más.
Para defender la igualdad no hay que comprar la retórica frentista, excluyente y agresiva que unas cuantas mujeres tienen, sostienen y consiguen que empape el espíritu y la letra de la Ley. Flaco favor le hacen ustedes a una causa tan noble como la de la igualdad con ese discurso vomitivo e injusto. |
| Mayoria |
mayoriasilente@gmail.com |
| jueves 10 de marzo de 2011 a las 09:37 horas |
| ¿es inconstitucional la ley de Violencia?. ¿quien lo dice? ¿usted? ¿donde esta la sentencia del Constitucional en ese sentido?. Pues todo su articulo es asi... mentira y reflexion construida sobre falsas premisas. |
| Carlitos |
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| jueves 10 de marzo de 2011 a las 00:02 horas |
a Luis:
y que tiene que ver Bartolo en esto????
Ahora me doy cuenta porque en Alcala hay de todo!!!! (ponte en el grupo que consideres segun tu comentario) Pero no te engañes a ti mismo!!!!! |
| luis |
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| miércoles 9 de marzo de 2011 a las 20:57 horas |
| ¿Y el Bartolo................................ |
| Antonio R. Naranjo |
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| miércoles 9 de marzo de 2011 a las 14:43 horas |
Eric, esa brecha existe: http://www.idealista.com/news/archivo/2011/03/08/0305294-desigualdad-salarial-las-mujeres-cobran-5-300-euros-anuales-menos-que-el-hombre. En cuanto a las causas, yo he citado una, pero hay varias y todas me parecen injustificables. La igualdad es igualdad, en todo, o no es nada, seguro que está de acuerdo conmigo.
Y para la presunta 'mujer', el placer es mío: eso de no entender lo que uno escribe pero ponerlo a parir rezuma coherencia, mademoiselle.
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| Eric López Contini |
wsrmatre@gmail.com |
| miércoles 9 de marzo de 2011 a las 12:18 horas |
Aún estando de acuerdo con la mayor parte de su escrito debo decir que es radicalmente falso que en España exista discriminación salarial alguna contra la mujer. Me explico:
En España los salarios son de 2 tipos:
1.- Por convenio: aquí toda discriminación es ilegal. Sea por el motivo que sea.
2.- Libremente negociados entre la empresa y el trabajador. En teoría. En realidad "esto es lo que hay", o tragas o no tragas. ¿Donde coño está la discriminación? ¿Tragaste? Pues tragaste...
No existe pués discriminación alguna sino diferencias salariales en fución de la negociación del salario, la dedicación o la antiguedad e independientes del sexo del trabajador. Es más la propia Ex Ministra Bibiana Aído tuvo que confesar en su día que el número de empresas discriminadoras que su ministerio había llevado ante Magistratura era igual a 0, ninguna, subconjunto vacío. No hay, no existen,es una serpiente de verano,una falsedad.
Pero claro sale más barato repetir mentiras que hacer algo por la conciliación familiar o hacer cumplir aspectos tan constitucionalescomoun salario digno, una vivienda digna e igualdad de oportunidades para todos, ellos y ellas. |
| Mujer |
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| miércoles 9 de marzo de 2011 a las 11:49 horas |
| interesante opinión de la que se entiende la mitad, como siempre. Y bastante hiriente y poco conocedora de la realidad de la mujer, de la legalidad y de todo en general...como siempre. |
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