Trastorno bipolar
por Rafael Narbona

LUNES 7 DE MARZO DE 2011 A LAS 19:06 HORAS
Opinión > Cultura
 
Bookmark and Share

 

El trastorno bipolar mató a mi hermano. Yo he conseguido mantenerlo a raya, pero por una incomprensible razón siento cierto aprecio por él. Sé que ha sido el precio de escribir, de enfrentarme a las palabras y lograr que reflejaran mi desorden interior.

 


 

El trastorno bipolar es un fósforo que enciende la mente y espanta el sueño. Durante las largas horas de insomnio, las ideas crepitan como un bosque en llamas. No dormir alumbra una ilusoria clarividencia. Sientes que eres un chamán. Piensas que el mundo se ha iluminado de repente, mostrando lo que hasta entonces había permanecido embozado. Las palabras brotan con una fluidez incontenible, te enemistas con el silencio, te acercas a los desconocidos y logras que surja un espejismo de fraternidad. Sientes el deseo de fundirte con el otro, de estar en el otro, de ser con el otro, pero en realidad estás solo. Tus actos ya no te pertenecen. Un yo superlativo ha usurpado tu voluntad y ha levantado altas empalizadas, aislándote del mundo real.

 

 

 

El trastorno bipolar es una enfermedad genética, hereditaria e incurable que afecta al sistema límbico. El sistema límbico regula nuestro estado de ánimo. Es perfectamente normal sentir tristeza, esperanza, alegría o abatimiento e incluso transitar de la melancolía al optimismo en unas pocas horas, pero cuando esos cambios se convierten en cataclismos, has comenzado un viaje sin marcha atrás, que no se corresponde con tus planes o anhelos. A partir de ese momento, sólo podrás alentar una certeza: nada volverá a ser igual. Lo insólito y terrorífico se han inmiscuido en tu vida. No inicias una aventura, sino un penoso descenso por una ladera llena de espinas. El trastorno bipolar no es una partitura, sino un estrépito sobrecogedor. Nunca sabes cuál será la primera ni la última nota. A veces, todo comienza con un dolor súbito, que te rompe por dentro.

 

 

 

La depresión es un páramo levemente iluminado por un atardecer inacabable. La depresión juega con el tiempo y el espacio. Sientes que las horas no existen. Sientes que deambulas por un vacío perfecto. Sientes que caminas con los pies desnudos entre piedras y zarzas, pero no sangras, porque tu carne es polvo, ceniza, escombro, pérdida, olvido. La euforia te rescata de ese paisaje y te traslada a otro escenario, donde todo parece ligero, felizmente ruidoso. Ya no estás solo. La luz dichosa de unos focos propaga una claridad que se burla del sol, con sus violentos amaneceres y sus oros deslumbrantes. Estás rodeado de oscuridad, pero no es la oscuridad de un callejón sin salida, sino una oscuridad tumultuosa, expectante, que aguarda tus palabras con la impaciencia de un niño. Ya no le tienes miedo a las alturas. Estás preparado para caminar por un alambre y sostener con la punta de la nariz el peso del mundo, con su cielo remoto y sus nubes de plomo. 

 

 

Has cambiado de nombre y ahora eres el coronel Kurtz, embriagado de poder y de ira. Eres un dios primitivo, con un altar de sangre inocente, goteando a tus pies. Has vuelto a lo ancestral, al corazón de las tinieblas, donde el ser humano se sacude cinco mil años de civilización. Estás sentado en una piedra funeraria, contemplando los movimientos de un escorpión, que lucha contra un ejército de hormigas. Aunque está causando estragos, la superioridad numérica vencerá su resistencia. Finalmente, se hundirá el aguijón en la espalda para no prolongar el sufrimiento. Las hormigas devorarán el cuerpo y continuarán su marcha, buscando otra víctima. La vida no atiende a razones. La vida avanza a ciegas, como ese poeta chino que se extravió en la noche y continuó caminando por el lecho de un río, sin advertir que se ahogaba. 

 

 

Has escuchado las aspas de los helicópteros. Estás en lo más profundo de la selva. Los focos han desaparecido. La luz de sol apenas logra filtrarse entre la copa de los árboles. Sabes lo que te espera. El napalm calcinará todo y tú dejarás de existir. Es el tramo final del trastorno bipolar, pero aún tienes algo que decir. Has llegado al límite de tu resistencia, has perdido la cordura, has hecho cosas que ni la razón ni la moral pueden exculpar. Te has complacido en el poder ilimitado de la locura. Has descubierto la grandeza dentro de ti. Podrías salvarte, renunciar a lo que has conseguido, pero tendrías que admitir que sólo has urdido una pantomima, donde te has atribuido una importancia irreal. No estás dispuesto a recobrar tu insignificancia pretérita. Durante un tiempo, has logrado que los elementos se concertaran de acuerdo con tus deseos. El viento soplaba para propagar tu voz. Tus palabras eran fuego que ardía sin pausa. La tierra levantaba montañas para elevar hasta el cielo tus visiones. Has jugado con la seriedad de un niño y te has declarado la guerra a ti mismo. Es el mayor sacrificio que se puede exigir a un ser humano. 

 

 

La muerte no es una intrusa. La muerte es un pequeño claro donde te reencuentras con el paraíso. El paraíso es no haber nacido, no haber vivido, no tener recuerdos ni miedo a dejar de existir. La muerte te sitúa más allá de todo. Te hacer ser más que la piedra, la luz o los astros que se enredan en órbitas infinitas. La muerte es tu momento de gloria antes de hundirte para siempre en la nada. La muerte es una ciudad de espuma. La muerte es un pájaro que presta sus alas a los suicidas para que puedan realizar su viejo sueño de ahogarse en el cielo. Sólo los pájaros y los suicidas saben que el cielo es la imagen invertida del océano. El cielo es un cementerio marino, donde los ángeles se abren el vientre y se ríen al comprobar que sus vísceras son encarnadas. Los helicópteros ya han arrojado las bolas de fuego naranja que se comerán tus huesos. Piensas en las últimas palabras de Kurtz: “El horror”, pero de tus labios se escapa una palabra diferente: “Felicidad”. No intentes rectificar. Es tu verdad, la única verdad, la verdad que otros te escamotearon y que te ha hecho sonreír por última vez.

 

 

 


Comentarios
Mª Ángeles Sacristan mariansacristan@yahoo.es
lunes 6 de febrero de 2012 a las 09:35 horas
Hay unos libros estupendos para a ayuda de los enfermos y sus familiares.
Los podeis encontrar en Ediciones Pléyades de Madrid
91 447 27 00
Santi C.M.
viernes 6 de mayo de 2011 a las 23:03 horas
La poesia ayuda a paliar porque expresa mejor que nada los sentimientos. Porque de sentir se trata, de sentirse perdido, extraño, solo, y a la vez ser capaz de luchar contra tu depresión, contra tus miedos, una lucha injusta porque al luchar contigo mismo aunque puedas ganar algo, siempre pierdes.

¿Yo llevo 15 meses desde mi diagnostico, y no lo he creido hasta mi segundo brote maniaco. Me dicen que tranquilo, que puede llevarse una vida "normal" ¿es cierto? ¿quiere decir que aparentemente puedes parecer y vivir normalmente y la procesión va por dentro?¿o realmente es ciesta esa normalidad?
Ignacio Orteu i.orteu@xifra.es
viernes 11 de marzo de 2011 a las 13:33 horas
¿Cómo saber si tienes un transtorno bipolar?¿Cómo se diagnostica?
Isabel Alcaide Leyva imaldv@hotmail.com
lunes 7 de marzo de 2011 a las 22:51 horas
La realidad del enfermo bipolar es menos poética. Este escrito, siendo magnífico, está hecho desde el amor y la comprensión sentimientos con los que el enfermo bipolar no siempre cuenta.
[1-4]

ENVÍA TU OPINIÓN
 
Nombre y Apellidos Correo Electrónico (*) Clave Publicación (*)
Comentario:

Imagen de Verificación:
Escriba el Código:

* Campos Opcionales
 

OPINIONES de Rafael Narbona

Una tarde de toros (30/mayo/2011)
Ernesto Sábato ( 3/mayo/2011)
Stalingrado (27/abril/2011)
La enfermedad mental y sus mitos (19/abril/2011)
Los niños maltratados (13/abril/2011)
Notas para un futuro suicidio ( 4/abril/2011)
Querida Elizabeth Taylor (28/marzo/2011)
Los galgos ahorcados (22/marzo/2011)
Los derechos de las mujeres (14/marzo/2011)
Trastorno bipolar ( 7/marzo/2011)