Una noche de fin de semana un ciclista es atropellado dos veces seguidas en pocos minutos. La primera vez su bici queda destrozada. La segunda, él pierde la vida. Para todos los implicados y para sus familias es una situación Sin retorno, título de la coproducción hispanoargentina que es el primer largo dirigido por Miguel Cohan. Con un par de pinceladas (de qué forma cena cada uno) hace un retrato inicial muy preciso de los personajes: la víctima y sus dos atropelladores. En la noche aciaga todos tendrán algún comportamiento reprobable (permanecer en la calzada recogiendo papeles del suelo; hablar por el móvil al conducir; beber al volante), de esos que todos sabemos que están mal, pero que cuesta evitar porque nunca pasa nada o solo les pasa a otros.
En contra de lo que explican los sabios manuales de escritura de guion cinematográfico Cohan, también coguionista, centra la primera mitad de los aproximadamente cien minutos de metraje en Matías (Martín Slipak), el causante de la muerte, y pasa en la segunda a Federico (Leonardo Sbaraglia), el falso culpable acusado mediática y judicialmente. Pero la historia no se resiente del cambio de protagonista. Al contrario, se mantiene el interés y se aumenta la identificación del espectador, que puede compartir sin peligro el afán de venganza por la injusticia sufrida. Desde el punto de vista narrativo son muy interesantes las dudas de Matías, estudiante acomodado que vive en un ambiente que a Chabrol le resultaría reconocible (una familia que a pesar de sus secretos está encantada de haberse conocido y disfruta del refinamiento de la comida preparada en wok). No porque no esté clara cuál va a ser su decisión final, sino por ver en acción a alguien convencido de que su buena conciencia le exime de toda responsabilidad individual en el mundo, como a otra escala les pasaba recientemente a la mayoría de los personajes primermundistas de También la lluvia. En cambio Federico, ventrílocuo y padre de familia, sufre la catastrófica conjunción de azar, pruebas circunstanciales, testigos justicieros, medios de comunicación sedientos de sangre y un verdadero culpable que prefiere aguantar el dolor moral de los remordimientos y que otro aguante en su lugar el dolor material de la prisión.
Sin retorno podría servir como caso hipotético para estudiantes de derecho penal sobre ese pilar fundamental del estado de derecho que es la presunción de inocencia, pero no es una mera película de tesis bienintencionada, sino un estupendo drama cuya fuerza viene de estar bien interpretado (destaca Sbaraglia después de presidio) y mejor estructurado, con grandes elipsis, ninguna de mayor poder real y metafórico que el fundido a negro al empezar la primera noche carcelaria de Federico en la celda con cinco presos comunes. A partir de ahí su vida es irreparable. Con independencia de que su condena hubiera sido a tres años, a veinte años o a una semana. Con independencia de que culmine o no su venganza.
Grados de separación
Este fin de semana se celebró la gala de los Oscar ®. Enhorabuena a los premiados.
Fundido a negro
En la última semana han fallecido las actrices Amparo Muñoz (Mamá cumple cien años, Familia), a los cincuenta y seis años el día 27 de febrero; Anne Girardort (Rocco y sus hermanos, Camaradas, La pianista) a los setenta y nueve el día 28; y Jane Russell (Los caballeros las prefieren rubias, El forajido) a los ochenta y nueve, también el 28. |