El corazón y las tinieblas
por Uno de la Redacción

VIERNES 25 DE FEBRERO DE 2011 A LAS 19:56 HORAS
Opinión > Cultura
 
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ALONSO GUERRERO


Ocho generaciones de estadounidenses llevan cincuenta años preguntándose quién mató a Kennedy. Si una gran democracia puede progresar sin destapar misterios de ese calibre, es porque las grandes mentiras forman parte de las democracias que hemos ideado para que articulen nuestra vida pública. Aceptamos que los intereses estén por encima de la verdad, y los poderosos por encima de las instituciones. Los ciudadanos suelen corren tupidos velos, por la simple razón de que aceptan la idea de que la revelación de esos enigmas sería más perjudicial que la ignorancia. Los demócratas hemos pasado a ser tontos útiles, ovejas a las que se ordeña. No tenemos por qué saber de qué forma se gobierna, ni las razones de los que lo hacen.


España, poco a poco, va convirtiéndose en un museo de esos horrores: El 23-F, los GAL, los atentados del 11-M, la barraca de feria del 14-M, y el juicio que lo encerró todo bajo siete llaves. Ahora, las negociaciones con ETA y el caso Faisán. Todas estas vitrinas deberían exhibirse a ambos lados de la alfombra roja que nos lleva, cada cuatro años, a los colegios electorales. El corazón de la mayoría no está preparado para esas tinieblas. Ni la justicia es lo suficiente independiente, ni valiente. El español convive mejor con la impunidad que con la conciencia. La impunidad le paga el paro, aunque no esté parado, y le viste con un chubasquero de corrección política. La conciencia, en cambio, lo convierte en un ciudadano impotente que llama a todas las puertas, como el caballo de Lorca, sin recibir ayuda. Ha ocurrido con las víctimas del terrorismo, y ocurre diariamente con las de los bancos.


La política maneja otras realidades, y eso hace que los principios, puros para el ciudadano estándar, sean de quita y pon para los políticos. La realidad de los votantes es pura ficción, y gobernar es un guión que los productores que tienen el poder cambian según sus intereses. ¿Es esto lo que hay que ocultar a la ciudadanía? Si es así, los países árabes están dando ejemplo de hasta que punto el conformismo tiene un límite.


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