La proclamación de las candidaturas a los premios Goya sin duda habrá beneficiado la explotación comercial de Balada triste de trompeta, dado que, con quince, ha sido la película que ha obtenido más nominaciones. Dirigida por Álex de la Iglesia parece una producción ambiciosa, ambientada en 1937, 1943 y 1973. El inicio durante la Guerra Civil Española y la posguerra tiene una fotografía con predominio de los grises, que recuerda a la de las escenas en Iwo Jima de Banderas de nuestros padres. Pero ahí termina el parecido porque tanto los diálogos y comportamientos de los personajes como los combates tienen más que ver con la estilización tarantiniana que con la presentación verosímil de la lucha de la infantería en el siglo XX. A través de imágenes de archivo se da un salto de treinta años a un circo en el que un payaso recién llegado (Carlos Areces) se enamora de la joven y hermosa trapecista (Carolina Bang) que es mujer del que es su pareja artística (Antonio de la Torre).
Un triángulo que recuerda, como el propio de la Iglesia señala en su blog de la película, al de Garras humanas (1927) de Tod Browning. La diferencia es que Browning, además de contar con el insuperado Lon Chaney de protagonista, estructuró férreamente su trágica e inquietante historia y la ambientó, no en el Buffalo (NY) de 1901 durante el atentado que costó la vida al presidente McKinley, sino en un lugar tan irreal y exótico para los espectadores de entonces como el Londres medieval o la Escocia dieciochesca: la España de los años veinte, con guardias civiles y todo.
El mundo de Balada triste de trompeta supuestamente es real, al contrario que el del primer largo de de la Iglesia (Acción mutante): un mundo inventado en el que se introducían como contrapunto irónico elementos reales como 'Aires de fiesta' de Karina o los Pumbys. En él existen la 11ª división del Ejército Popular Republicano, Raphael, el Lute y los payasos de la tele, Franco va de cacería y ETA mata al almirante Carrero Blanco. También vemos a un payaso loco disparar dos subfusiles a la vez (parecen Uzis) con cintas de munición en el pecho cual John Rambo, conducir una furgoneta de helados en pleno magnicidio y luchar contra el segundo Joker en la Bat-cueva. Parece lo que querría un adulto de cuarenta y cinco años que hubiera sido un sueño suyo a los ocho años. Un adulto prosaico de cuarenta y cinco años apenas recordaría, con crueldad desentendida e infantil, que la muerte de Carrero el (¿jueves?) 20 de diciembre de 1973 adelantó un poco las vacaciones navideñas.
A pesar de que la intervención de Franco en la película es tan disparatada como por ejemplo lo fue la aparición de su primer aliado en un cine de barrio parisino, la trivialización de la Historia (así con mayúscula) no tendría importancia si se produjera identificación o se sintiera compasión por los personajes o si al menos el universo en el que transcurre la narración fuera coherente (como en La comunidad, que es 13, rúe del percebe visto por Gutiérrez Solana). La locura del protagonista y la presencia de momentos oníricos son las excusas perfectas para esquivar la lógica porque permiten justificar cualquier cosa que ocurra en pantalla por excesiva, irreal o absurda que parezca.
Grados de separación
Más que por Garras humanas, a la que la Orquesta Mondragón dedicó esta canción, Tod Browning es recordado como el creador de Drácula (1931), con el icónico Bela Lugosi, y de la indeleble Freaks, La parada de los monstruos (1932). Trabajó también con Chaney en la nebulosa Los pantanos de Zanzíbar (1928). Y no puedo dejar de mencionar Muñecos infernales (1936), con Lionel Barrymore.
Fundido a negro
El recuerdo de esta semana es para el director inglés Peter Yates (Bullit, El relevo, La sombra del actor), fallecido el día 9 de enero a los 81 años; la actriz londinense Susannah York (Tom Jones, Danzad, danzad, malditos, Superman), fallecida el día 14 a los 72; y para el compositor barcelonés Augusto Alguero (El día de los enamorados, Usted puede ser un asesino, Tres de la Cruz Roja), fallecido el 16 a los 76. |