La papeleta que tiene el Gobierno español una semana después de iniciarse el secuestro de los tripulantes del barco Alakrana amenaza con prolongarse durante varias semanas, en el mejor de los casos. Como se comprobó hace un año con el Playa de Bakio, en cuestiones de delincuencia internacional que afecta a ciudadanos españoles es mejor actuar pronto y no dejar enquistar la situación. Pero en este caso, Zapatero y sus ministros son rehenes de su forma de hacer política y del espíritu ejecutivo que han trasladado desde que llegaran al poder hace cinco años. El que fué primer ministro de Defensa del actual presidente llegó a afirmar que según su ideario prefería morir a matar, para el inquilino de la Moncloa las misiones del ejército deben ser humanitarias y nunca bélicas, y la sucesora de José Bono mantiene ese carácter antibelicista que debería ser tan ajeno a quien está al frente de la seguridad nacional frente a ataques procedentes del exterior. En una palabra: que si este caso del atunero de Bermeo le cayera entre manos a un mandatario como el francés Nicholas Sarkozy, en menos de 48 horas se habría actuado en un sentido o en otro. Y no hay que ser pitoniso para adivinar hacia qué lado elegiría el inquilino del Elíseo actuar: de noche, con infantería armada hasta los dientes, y reparando una situación de extrema violencia provocada exclusivamente por los corsarios que apresan barcos en aguas internacionales.
España ha optado por un camino peligrosísimo, el de aplicar el ámbito universal que se ha autoconcedido la Audiencia Nacional con jueces como Baltasar Garzón, que no ha perdido el tiempo en anotar este caso a su currículum de salvador mundial al reclamar a los dos filibusteros detenidos. Cualquier lógica que pretendiera meterse en la mente de los delincuentes habría aconsejado guardar en las bodegas de la fragata española de vigilancia a los detenidos, por si con esa moneda de cambio se pudiera evitar una sola hora de sufrimiento a los pescadores españoles y a sus familias. Pero ya es tarde, porque la Justicia planetaria de nuestro país va a dar una implacable lección al mundo. Mientras, los secuestrados aguardan que los poderes públicos hagan algo positivo por ellos.
Por el fondo Después de varios días de clamoroso silencio, Mariano Rajoy atendió ayer las demandas de sus asesores de imagen y tomó el camino que marcan los manuales más prácticos en comunicación de crisis: hablar publicamente sobre la situación en su partido tras las dimisiones obligadas o voluntarias. Y la incoherencia siguió instalada en su discurso: si tal y como piensan muchos españoles el Gobierno y el PSOE están poniendo en marcha una cacería utilizando las instituciones del Estado y el Poder Judicial en su contra, no se entiende que sea necesario forzar la salida de ningún militante, se llame Ricardo Costa o de cualquier otra forma. La resistencia del valenciano a hacer de cabeza de turco va a generar más de una suspicacia en el seno del PP.
Por la forma Por activa y por pasiva, de forma reiterada, con la voz de varios ministros y dirigentes socialistas, el Gobierno lleva un año negando que en la subida de impuestos que contemplarán los Presupuestos para 2010 haya previsión de aumentar el tipo del IRPF. Los impuestos sobre las rentas no se van a tocar, según han dicho en los últimos meses Blanco, Pajín, Salgado, Alonso, Sebastián y por supuesto Zapatero. ¿Saben lo que está ofreciendo el Grupo Socialista a los grupos marginales de izquierda en el Congreso para garantizarse su apoyo en el debate parlamentario? Exacto. Han acertado.
Se hablará de... Quienes ya hemos tenido la impagable ocasión de presenciar el nuevo show con el que llegan a Madrid los argentinos Les Luthiers no perderemos la ocasión de repetir. Desde el sábado, el quinteto humorístico más importante del mundo y sin duda el más elegante y sarcástico va a renovar su aprecio por los espectadores de esta ciudad que siempre les ha recibido con los brazos abiertos. Como en su día dijo Alex Grijelmo con total acierto, son los únicos imitadores capaces de superar al original sea cual sea la disciplina en la que hagan su parodia. Los Premios Mastropiero son un prodigio de ironía hacia la TV, la política, el mercadeo de los galardones y las convenciones sociales. Si no lo ha visto aún, no pierda la ocasión. |