Decía Groucho Marx que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. La política catalana es un claro ejemplo de ello, con actrices porno, juegos matainmigrantes y orgasmos electorales fingidos. Lo raro es que les sorprenda que la mitad de los ciudadanos opte por quedarse en casa y no votar porque no puede botarles a sus casas. Tan inseguros están nuestros dirigentes que han tenido que poner el Barça-Real Madrid un lunes, cuando lo que tenían que haber puesto el lunes eran las elecciones. No han caído, en que en este país en el que se votan más los errores que las soluciones, la gente sólo acudiría a las urnas por un gran motivo: faltar a trabajar.
Es la política pervertida y perversa, que ofende a la inteligencia de los electores, que en este caso han confundido con ‘erectores’, el Gran Hermano de un país en el que la alternativa aZapatero es un político con altura de miras, que está esperando en una tumbona a que el optimismo recalcitrante del presidente se ostie con la realidad, porque “es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”, que diría también el gran Groucho.
La nueva televisión y los medios de comunicación forman parte también de esta perversión del mensaje, las soluciones y la forma de gestionar un país. Ahora se busca la foto, el ‘tweet’, la instantánea y el titular. Da igual que luego esté más vacío que las arcas del Ayuntamiento de Madrid, sea Cataluña o la China popular. Esta vorágine mediática es la que buscó Tomás Gómezen las primarias cuando negó a Zapatero, aunque ahora la ola se le ha tragado en el ostracismo de las portadas. Esta misma atención mediática buscó Trinidad Jiménez en 2003 cuando era más prosaharauique la propia Aminatu Haidar y ahora le retrata escondida detrás de la ONU, porque “si no te gustan mis principios tengo otros”, ¿Quién habría dicho esto también? Groucho, president.