Os tengo que ser sincero. El cuerpo me pedía reflexionar, hoy, sobre la “recaída” de Cristiano Ronaldo en su comportamiento de “niño consentido multiplicador de antimadridismo”, y de paso hablar, también, de la España que se quedó en “calzoncillos” ante Portugal… Y digo lo de calzoncillos por la imagen final, -que no me gustó nada-, de nuestro capitán tras darle su pantalón de juego a un recogepelotas.
Iker es mi debilidad, -por condición humana y futbolística-, pero su “corazón” le pudo en ese gesto, y a pesar de la felicidad del chaval que recibió el presente, después de perder cuatro a cero -con baño descomunal de fútbol e intensidad- hay que estar más pendiente de los signos e imágenes que quedan, y nuestro capitán sin pantalón es una metáfora demasiado demoledora de cómo quedó la Campeona del Mundo, en Lisboa. Casillas debía haber evitado tan fácil comparación…
… Lo dicho, me lo pedía el cuerpo, pero me voy a “castigar un poco”, y no hablaré sobre eso. Es más, no me voy a castigar un poco, “me voy a castigar, -casi fustigar-, mucho, muchísimo”, y os daré mi punto de vista sobre el famoso caso “Mourinho/Preciado”, porque pensé que ya se había terminado, y me temo que no ha hecho sino comenzar, y nos va a acompañar largo tiempo.
La situación que hemos vivido en los últimos días, algunos la definen como “la salsa del fútbol”. Os tengo que confesar que, a mí, las salsas no me vuelven loco, y si acaso, me gustan en el plato que es lo suyo, y no en la corbata, camisa, pantalón… o en el fútbol. La salsa en el fútbol, como sucede en algunos menús, sólo sirve para enmascarar algún mal sabor del producto principal. Y en este caso, entre Mou y Preciado, sirve para desviar la atención de la permanente actitud provocadora del portugués, permitiéndose ser como es, porque tiene el poder y el apoyo necesario para hacerlo. Macarrear no es salsear, pero MENTIR o MANIPULAR, como muchos han hecho, es un paso más allá y éso, si que genera tensión y escalada verbal. ¡¡¡Menudo papelón!!!
Preciado no llamó canalla a Mourinho, -habló en condicional y en un supuesto, consúltese la hemeroteca- aunque razones y ganas no le faltaban, pero no lo dijo. Muchos, “por vender”, cortan frases donde más interesan, se olvidan del contexto y, ante la duda, siempre, están con el “poderoso”.
Me ha resultado muy desalentador ver las reacciones de los “todojuzgadores megacoherentes” que para quedar maravillosamente bien se agarran a aquello de generar violencia, bla, bla, bla… cuando muchos de ellos han ejercido el papel típico de aquel que en el cole, grita lo de ¡¡¡pelea, pelea, pelea….!!! y hace todo lo posible por separar cuando hay bronca entre dos. Pero, claro, separa a los que quieren evitar que los dos se partan la crisma, para que no se resienta el espectáculo, que él mismo ha azuzado. Esos “pluscuamperfectos” analistas se han investido de “estupendísimos” y, ¡¡¡oh, qué casualidad!!!, se han aliado con Mou (más poderoso y más mediático), reprochando al entrenador del Sporting su “pasada”, aduciendo que, tal vez, Preciado tenga razón pero la pierde por sus formas. Alucino, y me abochorno.
No se puede ser tan reduccionista como se ha sido en este caso, y sobre todo, generarlo a costa de la verdad. Y la verdad, es que Mourinho es un permanente agitador. Y no tiene ninguna gracia. Y lo que afirmó sobre Manolo Preciado es de mal compañero y de mal profesional, -si lo piensa-, y si no, es peor, mucho peor. En todo caso, Preciado, por su vehemencia y su malestar evidente, no estuvo políticamente correcto, pero lo que dijo sonó a verdad y justo, y en ningún caso, llamo canalla a Mou. No lo dijo, y punto.
Lo más desconcertante, -y me cuesta entenderlo-, es que el entrenador cántabro haya terminado cediendo a la presión, “urbi et orbi mediática” y haya pedido perdón, o algo parecido, atendiendo a no se sabe qué falta de oportunidad en las maneras, y tal vez, por si eran ofensivas ¿?...
Me da la impresión que Preciado se ha visto muy solo y superado, y aunque es cierto que ha recibido muchos apoyos sorprendentes de muchos de sus colegas (Pochettino, Emery, Garrido, etc…), aguantar el tipo ante tanta avalancha no es nada fácil.
Javier Clemente, que no es precisamente el jefe de protocolo del Vaticano, vivió una situación similar de tergiversación de sus declaraciones cuando era entrenador del Real Murcia, y se refirió a su lucha contra si mismo, cuando unos de sus enemigos más acérrimos tuvo un accidente de coche, y él prefería que viviera aunque siguiera “fastidiándole la vida”. Ese enemigo era y es un muy conocido periodista. El titular fue que “le había deseado la muerte”. Terrible y falso.
Sí, terrible, falso y muy curioso, porque a Clemente se le volvió en contra lo mucho que había “rajado” contra otros, clubes (Real Madrid, Barcelona, etc…), entrenadores (Valdano, Cappa, Lillo, etc…) o jugadores (Sarabia, Lauridsen, etc…) o periodistas.
Clemente como Mou, forma parte de ese grupo de “¿ganadores?” entre los que también están Capello, Schuster, Toshack, incluso, Aragonés a los que es muy difícil justificar algunos de sus comentarios y comportamientos.
Ellos, triunfadores, representan la lucha típica del poderoso contra el débil de siempre. Mientras ganan y están en el “machito”, su entorno, TODO y TODOS se disfrazan de obvios y políticamente correctos porque eso ayuda a no criticar al que desde el poder se sabe que se está pasando, y mucho.
Una advertencia y un ruego: A Mou le va a durar tanta compresión hasta que gane, y si no, al tiempo. Y a los políticamente correctos, por favor, que su loable actitud no sea a costa de la verdad.
EGC. 20.noviembre.2010.
P.D. Fernando Alonso es el culpable de que muchos nos interesemos por la Fórmula 1. Antes, -como mucho-, veíamos la salida, si acaso… Por ahí, mi admiración para este español que nos permite presumir de su calidad como piloto, aunque el otro día su comportamiento después de la carrera fue prepotente con el ruso Petrov, y “pelota” con su equipo, los verdaderos culpables de que no ganara… Bueno, ellos, y sus errores de conducción en la primera parte del campeonato, como en Mónaco, etc… |