CR7, -antes CR9, y muchos antes, en Manchester, Ronaldo, a secas- es un fuera de serie. Es, sin ninguna duda, junto a Messi y los españoles Campeones del Mundo, el gran icono del fútbol en nuestro planeta.
Por eso, quiero “usarle” para reflexionar sobre esta vieja pregunta, muy recurrente siempre entre el periodismo, sobre todo, para agitar debates casi siempre ficticios entre los futbolistas, entrenadores y aficionados.
Esta vez, tengo la aspiración de que el debate no sea ficticio, y si muy real y práctico. Cuento con vuestra ayuda.
Comenzaremos por decir que la pregunta mezcla conceptos que no están en la misma escala. Si preguntamos aquello de: “¿Qué prefieres, ganar o jugar bien?”, estamos induciendo al error de salida –por no decir manipulación-, porque damos por sentado que es una cosa u otra, y no es así. Por lo tanto, y en mi propósito de mostrarme con absoluta honestidad ante vosotros, la pregunta correcta sería: “¿Qué prefieres, ganar o perder?”, y a continuación, “¿Qué prefieres, jugar bien o jugar mal?”.
Desde estas premisas, si tenemos ya enfocado el debate, pero claro, dejando a salvo que ganar o perder no nos ofrece dudas, ¿quién explica qué es jugar bien o mal? Yo lo voy a intentar.
Jugar mal es hacerlo como lo ha hecho Cristiano Ronaldo en el arranque liguero, prácticamente, a lo largo de todo el mes de septiembre. Y eso es jugar mal porque es limitarse por la falta de control de su ansiedad que le aislaba del equipo, y le situaba al borde de un ataque de nervios constante en cada jugada frustrada, para cabreo del Bernabeu, telespectadores, y aunque no lo digan, compañeros.
Especialmente sangrante fue su “lucha contra sí mismo” en el partido ante el Ajax, con sentadas desesperadas en el área de meta tras fallar una clarísima ocasión con el balón todavía en juego, y él invalidando todo. Éso, es jugar mal, y llama la atención poderosamente, en un fuera de serie como Cristiano.
Alguien como él, -buenísimo-, no puede ser victima de eso, y menos aún, que tenga la trascendencia mediática que ha tenido con gestos impropios de su categoría humana que, -me consta-, es excepcional.
CR7 se molestaba cada vez que le recordaban su falta de puntería, su egoísmo con la pelota y esos gestos de enfado exageradísimos que, además, debilitaban su imagen mundialmente seguida como deportista y miembro del Real Madrid.
Jugar mal es no hacer lo que se espera de ti, de tu talento, de tu compromiso con el equipo, con el club, o peor aún, hacer más cosas de las que debes o hacerlas a destiempo, con acumulación de tareas extras, pero sin hacer las tuyas, lo que te emborrona tu hoja de servicios.
Me cuentan que esa falta de autocontrol, ese afán por ser y estar “todopoderoso” en el campo de Cristiano venía provocada por su obsesión en ayudar al recién llegado José Mourinho a que su aclimatación fuese lo más rápida y cómoda posible, gracias a sus goles y resultados positivos.
Ya veis, nos encontramos ante un Cristiano Ronaldo muy diferente al que se nos pinta –percepción a la que, por otra parte, él contribuye mucho-. Vemos a un Cristiano entregado, casi por exceso, al bienestar de su nuevo jefe, y por extensión de su, casi, recién estrenado club, para tranquilidad de todos, menos de él. Curioso.
La falta de acierto goleador, y su sobre excitación, comenzó a reconducirse y rebajarse cuando llegaron los goles. Muy obvio, y eso, coincidió con el recién finalizado mes de octubre.
No seré yo quien diga que Cristiano Ronaldo ha jugado bien porque en el mes pasado ha marcado 13 goles, en diez partidos de liga, en uno de Champions, y en dos con su selección. Ni siquiera, lo diré porque con esos números, pueda presumir de haber marcado 46 goles en 48 partidos oficiales con el Real Madrid… ¡qué se dice pronto!...
… Digo que CR7 ha jugado bien, y eso, es JUGAR BIEN AL FÚTBOL, porque ha rebajado su tensión -aunque se le escape algún gesto de más como en la celebración de la “oreja” en Alicante-, porque ha entendido que “haciendo menos, hace más, y por supuesto, consigue muchísimo más” y, sobre todo, porque ha reparado en sus compañeros, y dónde en septiembre se obcecaba y tiraba aunque fuera una mala decisión, ahora, pasa al compañero, juega en colectivo y suma desde la alianza, y no resta desde el aislamiento. Tanto es así, que Cristiano Ronaldo es, además, de pichichi de la Liga, uno de los mejores asistentes de sus compañeros.
Jugar bien, es hacerlo como lo ha hecho CR7 en el último mes, por estética y por eficacia. Pero jugar bien, no sólo son taconcitos y cañitos, es respetar al fútbol, incluso, con un trabajo defensivo como, por ejemplo, el que hizo el Valencia de Emery hace unas semanas en la primera parte del Camp Nou, o antes el mismísimo Hércules.
Jugar bien, es tocar, tocar, y tocar, como el Barça de Guaridola, o nuestra selección, pero también, es mandar el balón al quinto pino para no complicarse cuando no se debe.
Jugar bien, es respetar los códigos del fútbol. Cristiano los ha recuperado en el último mes. Él sabe que tiene que “jugársela” muchas veces, pero también, sabe que “no siempre”. Cristiano es un hombre de valores, y los respeta. No se es un profesional como él, con ese cuerpo esculpido al detalle para rendir al máximo, sin un esfuerzo y compromiso extraordinarios.
Hablando de códigos. En su primera pretemporada en el Madrid, Cristiano coincide con el recién fichado entrenador de porteros, Xabi Manzisidor, excelente profesional que llegaba de la Real Sociedad. “Manzi”, todo prudencia, siempre un peldaño por detrás para dar a cada uno su espacio, se encuentra en la sala de pesas “machacándose” después de su horario, y sin nadie ya por allí cerca. Pero, hete aquí, aparece Cristiano que se queda impresionado con la fortaleza del vasco. Ambos dos, recién llegados, uno el megacrack mundial; el otro, el modesto gran preparador de porteros, comparten una magnífica sesión física alrededor del código de trabajar para ser mejores. Así de simple, así de atractivo.
¡Ah!, y yo quiero GANAR y JUGAR BIEN… ¿Qué queréis vosotros?
EGC. 5.noviembre.2010.
P.D. Sobre los Premios Ondas: Confesaré que soy muy escéptico para los premios, -debe ser que me han dado pocos-, pero aún soy más descreído desde que MULTIFÚTBOL de Audiovisualsport, se quedó sin él, a pesar de convertir en realidad –durante más de diez años- el sueño de todos los “futboleros”: Ver en la tele, lo mismo que se escuchaba por la radio, pero con imágenes y toda la pasión del mundo. Pensé, y sigo pensando, que no nos dieron el premio, por proteger, precisamente, a las radios. Enhorabuena a los premiados, se lo merezcan o no, y enhorabuena a los que no lo han recibido, mereciéndolo. |