El dueño de una corporación quiere acabar con su único competidor y para ello encarga una campaña a unos profesionales que tienen que insertar un concepto simple y básico en el público-objetivo. Pero no se trata de una trama sacada de Mad Men, la tensa, influyente y premiada serie de Matthew Weiner, sino de Origen, la última película del director británico Christopher Nolan. La novedad es que el objetivo de la campaña no es masivo sino individual (el empresario rival) y la forma de insertar la idea no es a través de anuncios televisivos sino por la manipulación directa de los sueños del sujeto, sueños creados por los profesionales y que se comparten gracias a una tecnología que permite soñar en red, por así decir; como las consolas de Neuromante permitían acceder al ciberespacio, esa "alucinación consensual".
Como la estabilidad mental del director creativo (Leonardo DiCaprio) es frágil, contrata como ayudante a una diseñadora artística (Ellen Page) para que se incorpore a su polifacético equipo de guionistas y productores, que ejercen de investigadores, actores y hombres de acción en el peligroso mundo onírico en el que los inicios son repentinos y los finales bruscos.
Origen contiene imágenes de gran fuerza como la de la playa llena de torres de apartamentos en ruinas al modo de un documental rodado dentro de cien años sobre el deterioro de la costa mediterránea española. También destacan las escenas en gravedad cero en el hotel y el ascensor, que parecen creadas por M. C. Escher para el estudio de Frank Lloyd Wright, o el local de Mombasa en el que los adictos a los sueños se pueden conectar como si fuera un fumadero de opio oriental. Y presenta a la perfección lo turbador, por intenso, gratificante y estéril, que puede llegar a ser soñar con una persona amada que ha muerto.
A pesar de durar dos horas y media, prácticamente lo mismo que el anterior largo de Nolan (El caballero oscuro), y de estirar en exceso el agudo montaje paralelo con ritmos temporales distintos del enfrentamiento final, Origen no se hace larga. Conviene eso sí, no tomársela muy en serio (como en este final alternativo que seguro que no vendrá en el DVD), sino simplemente como una cinta de acción interesante e ingeniosa.
Grados de separación. Con una estrategia similar de poner en duda la fiabilidad del narrador la novela Ubik de Philip K. Dick es igualmente interesante e ingeniosa, pero con mucho más humor negro (esa declaración inolvidable y seminal: "yo estoy vivo y vosotros estáis muertos"). |