No corren buenos tiempos para las Cajas, como todo el mundo sabe, y ni el plan de ayudas ni el respaldo -responsable o interesado- de los medios de comunicación al sector -sólo se habla 'mal' de las intervenidas- ha conseguido parar esa marea.
Mientras se siguen discutiendo fusiones de andar por casa y a medias, para disimular antes que para reestructurar, y la reforma de la ley duerme el sueño de los justos, algunas de las instituciones financieras sufren los rigores y mirar al futuro con algo más que preocupación. Uno de los directivos más inquietos es sin duda Rodrigo Rato, que preside Cajamadrid como quien se sube a un potro de tortura.
Según le cuentan a El Topo, el ex director general del FMI echa pestes de su antecesor, el ínclito Miguel Blesa, por el panorama interno que le dejó: operaciones suicidas de riesgo máximo y poca rentabilidad, especialmente en el sector inmobiliario; una estructura decimonónica; ningún plan serio de reformas y alianzas y, en general, todos los deberes sin hacer y sin prever.
Pero Rato es consciente de que destapar la caja de Pandora puede serle útil a él para esquivar responsabilidades y perjuicios heredados, pero nada positivo para la entidad que preside: necesita liquidez, mantener la solvencia para las agencias de rating y situarse bien en el mapa de las verdaderas fusiones que están por venir. A callarse pues, y a poner un ojo en el trabajo inmenso que queda por hacer y otro en los socios de futuro con los que se sueña. Que tal vez estén en el sector, pero no necesariamente del lado público. ¿Verdad, señor Botín?. |