Todos lloraron
por Fernando Couto

DOMINGO 9 DE MAYO DE 2010 A LAS 17:01 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El comienzo de la producción hispano-argentina Las viudas de los jueves, con tres cadáveres flotando en una piscina, recuerda inevitablemente al de El crepúsculo de los dioses (1950) de Billy Wilder. Ahí acaban las similitudes. Situada a finales de 2001, en plena crisis del corralito, dentro de los Altos de la Cascada, un complejo residencial protegido por muros y vigilado por cámaras, se nos muestra que, en este mundo sellado para privilegiados, bajo la apariencia de felicidad basada en una prosperidad económica de cartón piedra, quien más quien menos tiene su trastienda oscura con sus secretos y sus mentiras.

 

El director bonaerense Marcelo Piñeyro (El método) cuenta la historia, basada en una novela de Claudia Piñeiro, con el montaje paralelo de dos líneas temporales, la anterior en varios meses a los hechos iniciales y la inmediatamente posterior. También recurre en buen número de ocasiones a mostrar la imagen reflejada en espejos, incluso de cuerpo entero, quizá para recalcar que lo que vemos es sólo exterior. Al conocer el desenlace desde el principio, el único misterio es el porqué, lo que no resulta excesivamente intrigante. Así que el interés se desplaza a los personajes y sus relaciones, pero todo queda un tanto estereotipado. En los cuatro matrimonios protagonistas ellas no quedan muy individualizadas, salvo Mavi, la agente inmobiliaria. Ellos son previsibles: el líder, seguro de sí mismo; el tímido, que siempre sigue al líder; el fracasado, que se convierte en el bufón; el nuevo, que cambia los equilibrios de poder dentro del grupo. El elenco es irregular. Destaca Leonardo Sbaraglia (Intacto) como padre en paro que se esfuerza para amar lo que no comprende: su hijo adolescente.

 

Por la inacabada crisis económica actual en la que parece de nuevo, como después de 1992, que la fiesta terminó, Las viudas de los jueves resulta bastante oportuna, pero como crítica social es menos divertida y aguda que American Beauty (1999) e incluso se podría interpretar que su mensaje es el consolador y tramposo "los ricos también lloran."

 

Grados de separación. El pasado 3 de mayo ha muerto a los 67 años la actriz británica Lynn Redgrave. Hija del actor Michael Redgrave y hermana de Vanessa y de Corin, fallecido el mes pasado. De su prolongada carrera para el cine y la televisión se podrían mencionar Dioses y monstruos (1998) de Bill Condon, una compleja, melancólica e inolvidable visión de los años finales del cineasta James Whale (Frankenstein, La novia de Frankenstein) en la que Redgrave daba la réplica como ama de llaves a Ian McKellen; o La condesa rusa (2005) de James Ivory, ambientada en el Shanghái de los pasados años treinta, justo antes de la ocupación japonesa. En esta última trabajó junto con su hermana y la hija de ésta, Miranda Richardson, que falleció hace poco más de un año como consecuencia de un accidente de esquí. Las tres mujeres repetían en la pantalla sus relaciones de parentesco.  

Por vacaciones de primavera, no habrá un nuevo Desenfocado en sus pantallas hasta junio, probablemente el viernes 11.


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