Aspersores, por favor
por Uno de la Redacción

LUNES 3 DE MAYO DE 2010 A LAS 10:36 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

Los aspersores del Nou Camp del miércoles pasado higienizaron lo que sucedía de tóxico sobre la pradera: la agonía del éxito en dos fases, la del presente continuo, de Mourinho; y la de pretérito indefinido, la experimentada por el guardameta Valdés. Aquellas turbinas gozosas de entrar en erupción que sacudían cabeza, tronco y extremidades, para rebajar los efluvios, cuánta falta hacen en esta misma escena política.

 

Si le dejan al presidente del Congreso, José Bono, cualquier día se paseará el jardinero con su manguera profesional, quizá vestido de ujier, para sanear los escaños tan calenturientos de la bancada popular. Las inmediaciones de la plaza de las Salesas, con sus escalinatas y sus puñetas, también está necesitadas de agua directamente de turbina, fresquita y pulverizada, qué rica, para atenuar los ímpetus de esos jueces a los que la Ley de Amnistía no les parece suficiente para enaltecer sin temor a la ley al  franquismo más extremo.

 

Si hay que bendecir al franquismo con motivo de sus setenta años de impunidad, si hay que confundir la guerra con la posguerra, si hay que sumar tres años de guerra (en la que todo vale, según la terminología bélica), con treinta y seis de franquismo gobernante, como si las cifras fuesen sumandos iguales, si todo eso sucede pues todas las homologaciones son bienvenidas a la canonización final.

 

Ahí está la presidenta de la Comunidad de Madrid para decir que no parará hasta auxiliar el hallazgo de las fosas comunes donde descansan de mala manera los vencidos republicanos y… también los del bando contrincante. Con el olvido imperdonable de algún resto de las guerras carlistas, o algún vestigio de la Guerra de Secesión americana. Hace muy poco, en una población cercana a Alcalá, casi con nocturnidad y alevosía, entendidas como calidades  positivas, se dio sepultura a una persona asesinada en 1943 por ser republicana y vencida en la guerra civil. Fue desaparecido de su pueblo en 1939 y ha aparecido en 2010 pero en urna de madera, sus familiares no quieren molestar con memorias, no quieren atraer los sentimientos de las guerras. Solo quisieron enterrar a su muerto, eso sí con su bandera. Poco pidieron.

 

Pero lo que no se puede olvidar, aunque se intente, es que aquello fue un crimen, un crimen impune. Decía Víctor Manuel, el cantautor, el sábado pasado en el Teatro Salón Cervantes, entre acordes y vena yugular muy inflada, “cómo quieres que olvide, cómo quieres que olvide…..”. ¿Guerracivilista esta familia? Aspersores, por favor.


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