Los falsificadores
por Antonio R. Naranjo

VIERNES 30 DE ABRIL DE 2010 A LAS 17:05 HORAS
Opinión > Política
 
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El Gobierno ha suprimido 29 empresas públicas y 32 altos cargos: más que una medida de ahorro, es una prueba de cargo para evidenciar el abuso sostenido en la Administración, superpoblada de chiringos, inflada de amiguetes, extenuada por la inflación de gabelas donde anidan rapaces con carné incapaces de demostrar fuera lo que cuestan dentro.

 

El saqueo es perpetuo, y se ha lucido durante años con extrema indiscreción: la Castellana de Madrid es una especie de Las Vegas institucional con ludópatas del dinero público que, bajo los fines nobles que enuncian en sus fachadas, sólo sirven para agrandar el parque móvil a cargo del presupuesto público y para hacer feliz a la sección de tarjetas Vip del Banco de Santander.

 

La miriada de centros de la cooperación internosequé; de institutos de la juventud medionosécuántos; de observatorios de la violencia de miraportúpordónde y de delegaciones para la lucha contraelquémedices alcanza índices pronográficos y convive con las colas del paro como el sultán de Brunei con los pordioseros sin turbante.

 

Con ser grave, ética y económicamente, lo peor es el eco que alcanza el regüeldo en círculos concéntricos: hoy no hay rector ni alcalde ni presidente que no mimetice esa bulimia repitiendo en su terruño el mismo esquema. No hay Universidad ni Ayuntamiento ni Diputación que no haya encontrado en la retórica lo que no cabía en la contabilidad para dar salida a los excedentes humanos que no cabían ya en la institución, con una única virtud digan del estudio de los biólogos: su enorme capacidad de reproducción, su simbiosis con otros iguales para reforzar la indignidad con una apariencia de red internacional que echa perfume inútil en el lodo de tanto detrito.

 

Son, en fin, como el protagonista de Los falsificadores, un timador de la Alemania nazi que salvó su vida emulando el dólar y la libra para el Fürher: si llenaba los Estados Unidos y la Gran Bretaña de dinero falso, podría provocar el colapso de las economías aliadas.

 

Con este panorama, el último reflejo es el más aterrador: no puede pedir contención a los sindicatos de la Administración quien preside el banquete y reparte las raciones. La ligereza en los convenios colectivos es el precio a pagar por mantener el estatus propio: al fin y al cabo las centrales se deben a los suyos, y es comprensible que saquen el máximo aprovechando las debilidades del que paga con dinero ajeno. Para que tengas lo tuyo, danos lo nuestro.

 

La crisis, en fin, tiene salida, sin necesidad de que la paguen ni los 14 millones de españoles cotizantes ni los 4,6 de españoles parados: basta con que los que dicen servirnos, dirigiendo el cotarro o trabajando en él, entiendan de una puñetera vez que una cosa es el Estado de Bienestar y otra el Bienestar de los que trabajan en el Estado. El orden de los factores sí altera el producto.


Comentarios
pater
jueves 6 de mayo de 2010 a las 17:21 horas
No es falsa modestia, nada hay de vanidad, me crea. Soy bachiller primerizo, apenas si he cumplido mi primer año de mecanografía. Demos tiempo al tiempo... y que este hable, si tiene algo que decir.
Antonio R. Naranjo
jueves 6 de mayo de 2010 a las 10:34 horas
No sea modesto, que es una sutil forma de vanidad. En serio, escribe usted fenómeno y le da de lujo al magín. No hace falta tener un blog para seguir haciéndolo, pero si se anima dígalo. Saludos.
pater
miércoles 5 de mayo de 2010 a las 18:18 horas
Vaya Sr Naranjo, no sabía que la ecología como ciencia que estudia los ecosistemas fuese también de su gusto.
Es ya la tercera o cuarta ocasión en la que me comenta o deja caer lo de de blog, cosa que sino me equivoco o entiendo mal, es una invitación a escribirlo en su periódico. Se lo agradezco, aunque como le comenté a Uno, creo que confunde una cierta cercanía bloguera o aprecio con nivel de pensamiento, imaginación o estilo.
Aunque hasta ahora nada le había contestado al respecto, no quiero que piense de mi Sr. Naranjo que soy persona desagradecida. Pienso que para escribir y no desmerecer a los otros blogs que ya hay en el digital de Diario de Alcalá hace falta un cierto nivel, altura que con mi puro autodidactismo y novelismo no creo dar o poseer en la actualidad. En un futuro ya lo dice la canción ¡¡¡ que sabe nadieeeee!!!. En serio, no quiero cerrar puertas si algún día me creo suficientemente preparado y con algo que decir a los demás, ese día seré yo quien se lo pida o proponga, si a usted se parece bien.
Un saludo.
Antonio R. Naranjo
martes 4 de mayo de 2010 a las 17:33 horas
Uf, sus estupendos comentarios se merecen más que una frase de aliño y, para qué mentirles, siempre voy con la hora justa. Mis disculpas. Sólo decir, al menos, un par de cosas:
Pater: está usted sembrado, de blog, insisto.
Hablemos en serio: el manido recurso de decir que cualquiera puede hacer una oposición es absurdo. Es como -perdone la comparación- si un político denunciado por corrupción dijera que cualquiera puede meterse a lo suyo y robar también. Yo no tengo nada contra ustedes, de veras, y acepto muchas de las cosas que dice: no fallan las personas, falla el modelo. Y además es, simplemente, insostenible: la improductividad en la Administración cuesta 35.000 millones de euros; tenemos más funcionarios que Alemania con menos población; la burocracia ha sustituido al servicio y la privatización se ha convertido en la única alternativa -que no comparto- a la ineficacia de tantos servicios por la vampirización sindical y la inepcia política. El razonamiento es a la inversa al suyo: como a nadie le obligan a ser funcionario, el que lo sea no debe esperar una negociación colectiva casi anual, multiplicada por las mil administraciones e instituciones que hay, que además no tenga en cuenta el estado general de las cuentas. No se puede pensar en subir la edad de jubilación a 67 años a unos mientras ustedes trabajan 35 horas semanales. Lo siento, me encantaría que fuera posible para todos los trabajadores, pero si no lo es, repartamos la carga. Un saludo.
A Luis: yo no le he borrado nada, ilúminese mejor antes de escribir, si no le importa.
luis luis_salas@terra.es
martes 4 de mayo de 2010 a las 16:23 horas
Enhora buena señor NARANJO, por eliminar mi comentario sin haberlo terminado de escribir, ahora entiendo porqué es vd, un autentico ILUMINADO. Un saludo
ANTONIO M.
martes 4 de mayo de 2010 a las 08:21 horas
"Hablemos en serio", tiene Ud. razón prácticamente en todo, pero hay un detalle que quizá sea lo que en ocasiones hace que el funcionariado funcione mejor o peor.
Vagos los hay en todos los sitios, es cierto, la diferencia es que en la función pública están digamos... ¿más protegidos?, sí creo que la cuestión es que la inmensa mayoría de los funcionarios son tan responsables como el que más, muchos con una vocación inmensa, pero algunos de los que no lo son tanto minan la moral de esta mayoría que en ocasiones tiene que luchar con algunos de sus propios compañeros para hacer una gestión conforme a los que ellos saben deben realizar.
Podríamos entrar en otros detalles como por ejemplo por qué las escuelas concertadas/privadas empiezan las clases antes que las públicas, etc., pero me quedo con intentar transmitirle la idea anterior, sobre todo porque comparto mayoritariamente su reflexión.
En la empresa privada y mucho más aún si es pequeña, el cartel de "salida", lo ves cuando llegas por la mañana y cuando te vas por la tarde.
Un saludo.
Prost
lunes 3 de mayo de 2010 a las 15:13 horas
"Hablemos en serio" tiene toda la razón. Es muy fácil culpar al que menos puede defenderse, pero quizás habría que empezar a preguntarse muchas cosas en este país, entre otras porqué esa insistencia en "canonizar" a un sector privado que ha destruido, como mínimo, el DOBLE de empleo que cualquier otro país de nuestro entorno(por obvio, del Gobierno, los políticos y los sindicatos ya ni hablo). Tendremos lo que nos merecemos?
Hablemos en serio
lunes 3 de mayo de 2010 a las 12:23 horas
Sr. Naranjo: su artículo me parece, por generalista, demagógico hasta lo infame. Y lamento utilizar ese calificativo, discúlpeme. En serio dice Vd. eso de la ligereza en los convenios colectivos en la función pública? Sabe Vd. cuánto poder adquisitivo hemos perdido los funcionarios en los últimos 20 años? Obviamente, no. Pues se lo voy a aclarar: cerca del 50% respecto a los convenios colectivos del sector privado. Y le hablo de funcionarios de carrera, de los que, como yo, hemos dedicado varios años de nuestra vida a estudiar hasta conseguir aprobar una dura oposición que, por cierto, está abierta a TODO el mundo. Sí, hasta a Vd. y a sus prejuicios.

Mire, uno está ya harto de la inquina y el veneno que destilan ciertas opiniones, aunque esa inquina y ese veneno sean, reconozcámoslo, inequívocamente hispánicos. Primero de todo, está desconociendo dos datos, a mi parecer, esenciales: A) actualmente, cerca del 75% del gasto público total (al menos en lo que se refiere a las Administraciones de las CC.AA. y municipales) corresponde a gasto sanitario y educativo. B) Uno de los principales lastres de la economía española radica en su escasa competitividad, firmemente unida a un bajísimo nivel de productividad de los recursos humanos. Y estamos hablando de la economía productiva, esto es, del SECTOR PRIVADO. Vagos hay en todas partes, créame, pero algunos cobran más que otros.

Dejémonos ya de monsergas: En tiempos de bonanza económica y gran negocio, el funcionario es un desgraciado, un inútil, un parásito que no sirve de nada y ha opositado aspirando a la seguridad de un sueldo fijo, el pobre diablo. No es emprendedor, ni osado, ni enriquece la sociedad que habita: ése es el pensamiento generalizado. Y quien no lo haya oído materializarse en palabras, lo ha visto en la mirada o en el gesto de más de uno. Que el tinglado se aguante gracias a los funcionarios –como se aguanta gracias al resto de la clase media– no importa a la hora de vituperarlos.

Pero en tiempo de crisis, el funcionario pasa a ser un listillo, un gorrón que no se merece lo que tiene. Da igual que mientras duró la bonanza se hiciera befa de su sueldo; ahora resulta que es un buen sueldo: es seguro y eso basta. Por tanto que se les congele ya. Qué digo se les congele: que se les sumerja en la Siberia de los años 30, a ver si aprenden de una vez quien es el que manda aquí. Nadie se pregunta si ya lo están –congelados, quiero decir– que por supuesto lo están; prácticamente y desde hace años. Y eso, lo de jibarizar las cuentas del funcionario, lo dice gente de todo tipo, pero donde más llama la atención es
cuando lo dicen profesionales liberales, empresarios y algunos despachos –de banco o no–. O sea, los que siempre declaran a Hacienda todo, absolutamente todo, lo que ganan. Los que cargan gastos personales a su empresa. Los que nunca hacen trampas, ni urden artimañas para evitar al fisco y por eso las arcas del Estado van boyantes, con crisis o sin ella. En fin, mejor callar, ¿no? ¿O hablamos de las ayudas del Estado para tapar agujeros de esos bancos que ahora dan lecciones de cómo hay que tratar al funcionariado? ¿Hablamos de las declaraciones negativas de gente que gana un dineral? ¿Hablamos de beneficios anuales? ¿Hablamos del dinero que no tributa? Porque no es ése el que cobran los funcionarios, precisamente. Que, por cierto, también pagan impuestos y no tienen caja B o cómo se llame a eso ahora, ni cajas fuertes, ni más cajas que las de sus zapatos, en fin.

Nadie ha dicho nunca que la vida sea justa, porque no lo es. Debería serlo y ésa es una noble aspiración humana desde que el tiempo es tiempo. Pero... el funcionario lleva desde la primera Reforma Suárez perdiendo capacidad de gestión y de veto –de observación de la ley– en la Administración, y viendo medrar al nuevo funcionario con carnet de partido. El funcionario lleva años oyendo hablar de la corrupción de los funcionarios públicos para referirse a políticos que jamás han sido funcionarios de carrera. El funcionario tiene que oír de vez en cuando la cantinela de "lo consulté con los técnicos del departamento", cuando nadie consultó nada con esos técnicos. O sea que un desaire más –por decirlo finamente– no es que importe mucho. Que se les congele el sueldo si eso ayuda a combatir la crisis –que no creo–, pero que nadie se ponga medallas a costa de la nómina funcionarial y su vuelta forzosa a los tiempos del cuplé. Sobre todo los que no sólo no hicieron nada para impedir esa crisis, sino que contribuyeron –en la medida que fuera– a provocarla. Aunque ahora se hinchen la boca con sus magníficas –y tan originales– soluciones.
Jose
domingo 2 de mayo de 2010 a las 14:24 horas
RENTA DE EMANCIPACIÓN A LA MIERDA

Coste: 500 MILLONES DE EUROS

Cuántos funcionarios interines y labores sobran...

pater
sábado 1 de mayo de 2010 a las 22:20 horas
Sobre el ecosistema público y algunas de sus especies paracaidistas.



Las paupérrimas bajadas de sueldos del año con la honorable intención ejemplificante, cuando en el anterior presupuesto, por lo bajinis, el sueldo se izó estratosférico seis veces más, como realizaron la especie pepericus comancheri y su variante alkansina, ya no cuelan, esa película trilera está vista que la desaparición de Chencho y su desesperado abuelo. La extinción meteórica de cuarto y mitad de dirección general ministerial, a la Delavegariana, en nada va a aliviar el déficit general del ecosistema de todos. Con probabilidad, la tal dirección fuese un nicho carente de utilidad, convertido a la postre en hábitat natural, allá donde asienta y ejerce su dominio alguna especie parásita del género “El amigo de tal o pascual” especie generalista de amplio espectro y dudosa preparación. Lo mismo le da a “los tal o pascual”, positivo que negativo, rojo que azul, verde que doméstico, lo suyo siempre será la supervivencia a toda costa. Éstas exiguas medidas antibióticas propuestas por Zapatero, Aguirre y González son un chin chin, sin más, al calentador e iluminador oficial del Planeta, por no llamarlo burla al personal. Nuestros variopintos dirigentes políticos siguen pensando que la tan necesaria y urgente mutación de la Administración para adecuarla a las necesidades reales de Piel de Toro, para conseguir hacerla más eficaz, eficiente y equilibrada consiste en un infantil intercambio de cromos en lugar de un verdadero trasiego ecológico de energía, materiales y sinergias. La seriedad y la ecología son otra cosa. La voluntad también. Las ganas de hacer, otra. Y, lo demás un cuento de Manolita Chen.

El afán apandador, con patente incluida de corso con el que algunos miembros mutantes de la especie política pieltoreña entiende lo de todos, es vergonzoso y delictivo. Los antiguos corsarios de la Pérfida al lado de estos gestores falaces de lo común, eran unos aprendices del timo de la estampita del irrepetible Leblanc. Nada es lo que parece, si un contrato es un mastodonte peludo y por su cuantía ha de pasar los filtros administrativos oportunos, pues se le convierte por arte de virli virloque en cientos de diminutas y livianas musarañas para que la estrechez de la luz del tamiz no sea obstáculo alguno y cuele. Los pobres corsos mutantes, se ven entonces obligados a regañadientes a utilizar el longilineo dedo de ET , ese apéndice cuasi divino que al iluminarse mueve, otorga, da, pone y quita a su arbitrario antojo todo lo que se menea a su alrededor y puede ser de buen provecho para su nutrición. De ésta forma el gordo, exento de la navidad correspondiente, le toca siempre a la misma especie autóctona, la comensal de los “amigos del alma”. Ambas especies, corsaria y “ los del alma”, viven así una perfecta relación simbiótica, todos contentos y beneficiados. La especie “ de los del alma”, en sus endemismos “comanchero” y “horchata ché”, se caracteriza por la presencia de unos afilados bigotes a lo Alfonso XIII y una dicharachera húmeda, utilizados ambos como recurso para el reclamo de las hembras de los mutantes poseedores de tan mágico dedo. La lotería en otros casos, puede recaer disimuladamente sobre los portadores anteriores o posteriores de misma dotación cromosómica del político corso, o bien sin disimulo alguno si el parentesco es político en cualquiera de sus dos acepciones. Incluso, rizando el rizo, los mismos corsos pueden designarse como los afortunados poseedores del tocho, para lo cual han de dominar expertamente el mimético arte camaleónico del testaferro y la fuga y tocata de Lolita.


Algunas administraciones son territorio extenso deben de poseer una fertilidad exagerada, donde pastan y abrevan verdaderas manadas de eventuales, especie paracaidista ésta donde las haya, migrante de sabana en sabana por lo general, siempre detrás del gran cheriff de la manada. La eventual es especie gregaria, que en la mayoría de los casos no se despega ni con el decapante más fornido. Forman extensas colonias homo y heterogéneas en cualquiera de las administraciones sin pudor alguno. Algunos, incluso en casos extremos pueden llegar a la práctica del comensalismo medrador más voraz, si intuyen remotamente que el jefe de la manada que les nombró puede llegar a desaparecer por defenestración o caída en desgracia. En algunos libros reciben la vulgar denominación de gorrones, chupa tintas o chupa sangre. En número escaso se les reconoce su necesidad y ayuda, pero en abundancia forman plaga y lastran el ecosistema por pertenecer al orden de las especies llamadas florero. Los dirigentes políticos, de ésta huérfana y desamparada especie de los eventuales, se muestran como verdaderos fans del cine mudo.

El ecosistema público debe ser reformado o morirá por agotamiento de los recursos. Recursos actualmente escasos y que se necesitan para algunas especies famélicas, analfabetas o enfermas que tienen derecho también a la supervivencia.

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