|
|
| El país de las últimas cosas |
| por Antonio R. Naranjo |
|
| MIÉRCOLES 31 DE MARZO DE 2010 A LAS 09:01 HORAS |
| Opinión > Política |
| |
|
|
|
Tiene algo el momento de El país de últimas las cosas, la apocalíptica novela de Paul Auster que descubre la esencia del infierno y la sitúa en una extraña ciudad a la que se llega en tren o barco pero no se puede salir: en ella hay clubes de suicidas, corredores que trotan hasta morir, clínicas de eutanasia que se quedan con tu vida a cambio de dos semanas de experiencias sensoriales excelsas, explosiones inexplicables en plena calle, plantas de reciclaje de cadáveres para hacer combustible y, en fin, una miriada de miserias, crueldades y bajezas con un matiz crucial. No se percibe mano divina, todo parece provocado y construido por el hombre, como si el autor neoyorquino quisiera retratar con una imagen algo distorsionada la realidad cotidiana que nos rodea.
Aquí las azafatas posan desnudas para cobrar el sueldo que les debe el presidente de la Patronal; un presidente autonómico busca tres millones de euros para esquivar la cárcel acusado de corrupción; un rector complutense gasta más dinero al parecer en pisos de lujo para los amigos que en residencias decentes para los alumnos; el presidente del Observatorio contra la Violencia defiende su derecho a portar armas disfrazado de Charlton Heston; el líder del país en cuestión tira propinas de rico en Grecia o Haití mientras sus calles se llenan de pordioseros y el aspirante a sucederlo demuestra, cada día, que la mejor forma de llegar a su meta es no hacer nada en el camino.

Hay más: políticos secesionistas o impúdicos que deciden sobre el todo para beneficiar a la parte con tanto arrojo como falta de sonrojo; presidentes de clubes de fútbol que copian sus discursos de Karacik; sindicalistas que entonan la Internacional mientras esquilman las arcas públicas con la complicidad de gestores políticos que han confundido la obligación de custodiar la caja con el derecho a utilizarla como un ludópata compulsivo; líderes autonómicos que multiplican por 17 todo sin saber sumar uno y uno; obispos que esconden los abusos infantiles y transforman el delito en mero pecado; jueces que esconden o sacan la maza al berrido político y dejan coja y tonta a la ciega... y una larga lista de despropósitos que, sin embargo, ya nos parecen normales.
Auster sitúa en su infierno en la tierra a Anna, una joven impulsiva que acude voluntariamente a la ciudad sin nombre a buscar a su hermano, perdido desde hace meses. Y desde allí, sin necesidad de revelar el desenlace, escribe una carta a su antiguo novio explicándole qué se ha encontrado y cómo está sobreviviendo: no está claro que su testimonio llegara al destino, pero a cambio acabó en las manos de millones de lectores que, tras disfrutarlo y padecerlo, miramos hacia arriba y luego hacia los lados intuyendo, tal vez, que el país de las cosas olvidadas podía ser perfectamente el nuestro. |
|
|
|
|
| Comentarios |
| Uno que se informa |
|
| sábado 3 de abril de 2010 a las 17:59 horas |
| Sr. R.Naranjo: Por casualidad ¿su mujer trabaja en la Universidad? entonces sabrá muchas cosas. Como “periodista” sáquelas a la luz pública como saca las deudas del Ayuntamiento. |
| Diganos pillin |
|
| viernes 2 de abril de 2010 a las 12:31 horas |
| Que sabe del piso del amigo del rector complutense...ehhhh |
| Que rector complutense que pisos? |
|
| miércoles 31 de marzo de 2010 a las 15:35 horas |
Rector de la Complutense, Rector de la UAH?
Que pisos de que amigos?podria dar algun detalle mas, por favor.
|
| Un señor de Madrid |
|
| miércoles 31 de marzo de 2010 a las 14:51 horas |
Dentro de la aparente decadencia de nuestro tiempo y contagiados de la crisis, parece que todo es negativo. Pero aún somos muchos y de diferentes profesiones, los que todas las mañanas nos levantamos con voluntad, valores y respeto.
Cierto es que nos hemos acostumbrado a mantener sinvergüenzas de toda índole y condición con dinero público, incluso verlo como algo normal, pero al fin y al cabo la sociedad española pícara por naturaleza se encuentra aletargada y bipolarizada.
¡¡Es el momento de que los ciudadanos digan hasta aquí hemos llegado !! |
| Totalmente cierto |
|
| miércoles 31 de marzo de 2010 a las 14:00 horas |
| Los periodistas son parte del cancer que envuelve la sociedad actual a la que manipulan a su antojo. La culpa es de los ciudadanos que se dejan manipular. |
| Por encima del bien y del mal |
|
| miércoles 31 de marzo de 2010 a las 12:46 horas |
| Se le ha olvidado hablar de los periodistas. Y me atrevo a sugerirle lo siguiente "esos supuestos profesionales que hoy son cacapes de decir una cosa y mañana la contraria (todo negativo, por supuesto), según el partido que nos de de comer por la publicidad institucional". No lo olvide, usted es parte de este sistema. |
| IO |
|
| miércoles 31 de marzo de 2010 a las 09:55 horas |
Me reconforta encontrar a primera hora de la mañana unas reflexiones tan abrumadoras como las que usted plantea.
Sería un alivio que los lectores comprendieran la impunidad con la que nuestros políticos, nuestros administradores, nuestros recaudadores,… los cercanos también, los que gobiernan nuestra pequeña y ciega ciudad, nos zarandean en nuestro camino.
Recomiendo también el “Ensayo sobre la ceguera” del ilustre autor José Saramago, para que nuestra mentes no se queden quietas e invidentes ante esta epidemia de impudicia y desvergüenza de los mandatarios consistoriales que nos tienen amordazados.
Reclamemos y exijamos su trabajo limpio, no nos conformemos con acatar y quejarnos al vecino, o despedazarle o pisotearle, para continuar nuestro camino a palos, en vez de reclamar a nuestra administración que repare aceras y quite obstáculos, entre otras muchas cosas.
Ayer mismo encontré en la prensa una foto vergonzante:
El alcalde le entregaba a UNICEF el dinero recaudado por la Asociación de vecinos de El Ensanche en la I Media Maratón.
Una acción tan solidaria y apolítica como puede ser la donación de ayuda de unos vecinos de Alcalá, a un país que lo necesita ha necesitado su estampa gráfica y política.
¿Desde cuando una asociación necesita intermediarios políticos para entregar dinero a UNICEF?. En el colegio de mi hijo se han recaudado 6.500 euros para el mismo fin y no han necesitado llamar al Alcalde para entregar el dinero a la ONG.
¿Estamos ciegos?.
|
|
[1-7] |
|
|
|
|
|
|