Vázquez Montalbán, escuela de periodismo
por Vicente A. Serrano

JUEVES 18 DE MARZO DE 2010 A LAS 10:51 HORAS
Opinión > Política
 
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Hay periodistas que saltan en paracaídas sobre Laos, interrogan a medio millón de moribundos, están a punto de ser hechos prisioneros por el Gran Tamerlán, pero vuelven a tiempo de ganar el Pulitzer, el Nobel y una Beca Juan March. Otros periodistas se levantan cada mañana a las ocho menos cuarto, toman un café con leche y salen con el coche utilitario. Llegan a la redacción, se sientan a la mesa cotidiana, desenfundan las tijeras cotidianas, cortan, pegan, corrigen, cambian titulares, hablan de futbol y de señoras, de sus hijos y sus parcelas, envejecen con la mesa, mueren antes y según los años de comensales de papel, merecen una gacetilla fúnebre en la que se exalta su espíritu de sacrificio y de servicio a la información".

 

Una sola grandeza

De este modo arrancaba un extenso artículo titulado Los periodistas, casi todas las servidumbres y una sola grandeza, publicado por Manuel Vázquez Montalbán en la revista Triunfo, allá por la primavera del 71. Unas páginas que parecían estar dedicadas fundamentalmente a los jóvenes estudiantes de las flamantes Facultades de Ciencias de la Información, casi recien estrenadas, y de los que se despedía tratando de hacerles comprender “...que tal vez la verdadera grandeza de la profesión resida en recuperar cotidianamente la dignidad que concede la búsqueda de la verdad histórica y popular, sin intermediarios".

 

De la prensa falangista al ‘Mundo Obrero’

En 1960, Manuel Vázquez Montalbán realizó el último curso de la carrera de periodismo en la antigua Escuela Oficial de la madrileña calle Zurbano, tras haber cursado los dos anteriores en la Escuela de la barcelonesa Rambla de Santa Mónica. Inmediatamente comienza a colaborar en el semanario El Español que edita la propia escuela y en el que asiduamente colaboran Francisco Franco con el seudónimo de “Hispanus" y el Almirante Carrero Blanco bajo el nombre de “Juan de la Cosa". A contrapelo, con su nombre y apellidos, Manolo debuta en sus páginas, en junio del 60, con un artículo sobre los estudiantes universitarios que trabajan durante el verano en campamentos junto a obreros y campesinos. Dos meses más tarde ingresa en la plantilla del diario Solidaridad Nacional de Barcelona. En sus páginas escribe sobre Dalí, al que no le profesa muchas simpatías, entrevista a Natalia Figueroa que aspira al Parnaso de la poesía, al verborreico Cela y a un primerizo Marsé que le reprocha que trabaje para un periódico del Movimiento, a lo que el recien iniciado reportero le contesta: “No te engañes, en este país todos los periódicos son del Movimiento". Un año más tarde el falangista Luys Santa Marina, director del periódico, que sospecha de la desafección del joven periodista hacia el régimen, –Vázquez Montalbán ya militaba clandestinamente en el PSUC– le encarga un reportaje en nueve capítulos sobre los Veinticinco Años de Paz. Consigue superar tan escabrosa prueba por el método de corta y pega, labor de hemeroteca, un collage de “logros", arrancados de los periódicos a lo largo de esos años. Décadas más tarde, en una entrevista concedida a la italiana Roberta Erba, le confesará que durante aquellos tiempos oscuros estuvo colaborando en el clandestino Mundo Obrero bajo el seudónimo de Manuel Sánchez Molbatán.

 

Tres años de cárcel

En 1962 es detenido, junto a su mujer y otros estudiantes en la Facultad de Letras, por apoyar en una manifestación la huelga de los mineros de Asturias. Un consejo de guerra lo condena a tres años de cárcel de los que sólo llega a cumplir uno, gracias al indulto tras la muerte de Juan XXIII. Durante su estancia en la cárcel de Lérida, escribe Informe sobre la información, un documentado ensayo que publica ese mismo año la editorial Fontanella, una denuncia sobre las tácticas utilizadas por los grupos de presión para mantener el control de los medios de información. Hasta 1965 sobrevive gracias a trabajos anónimos y precarios, redactando, por ejemplo, entradas para las enciclopedias de Espasa y Larousse.

 

La construcción del columnista

Es a partir de la aparición del semanario Siglo 20, en junio de 1965,  cuando  Vázquez Montalbán no sólo logra rehacer su carrera periodística sino que inicia una marcha imparable y magistral hasta su prematura muerte en el aeropuerto de Bangkok el 18 de octubre de 2003. De ese camino recorrido tan intensamente, nos ha dejado la generosa herencia de más de nueve mil artículos desparramados por las páginas de Triunfo, TeleExpres, Bocaccio, Hogares Modernos, Hermano Lobo, Por Favor, La Calle, Interviú, El País... En estos días Francesc Salgado los está recopilando en una magnífica edición publicada por Debate. Acaba de aparecer el primer tomo con el título de Obra periodística. La construcción del columnista (1960-1973). Para aquellos más viejos que lo aprendimos casi todo en la escuela laica de Triunfo, que devorábamos sus páginas, subrayábamos párrafos enteros, apuntábamos con una pasión desmedida lo que había que ver, lo que había que leer y lo que había que escuchar, este primer tomo ha supuesto una emotiva recuperación de parte del andamiaje con el que, por aquellos años, tratamos de construir nuestra formación entre las ruinas de la desmemoria. Vázquez Montalbán fue nuestro Juan de Mairena, además de una auténtica escuela de periodismo. A los más jóvenes, sugiero que este libro puede mostrarles toda una lección de buen oficio, a lo largo de una trayectoria épica por alcanzar las cotas de libertad a través de la prensa escrita. Una oportunidad para recuperar la parcela más olvidada de un hombre multidisciplinar que por encima de todo, siempre se consideró periodista. Y una oportunidad para apostar de nuevo nuestra confianza en un oficio al que la sociedad actual parece estar poniendo todo tipo de zancadillas entre cantos apocalípticos sobre la posible desaparición de los diarios.

 

Montalbán dixit

En el artículo que citábamos al principio, Montalbán afirma: “Curiosa profesión que aglutina a supermanes y oficinistas. Los políticos en ejercicio amonestan con el dedo a periodistas y les dicen “no debéis deformar". Delicado oficio que tantas atenciones despierta, tan envuelto en pañales verbales. Y, sin embargo, jamás el profesional del periodismo ha tenido menos poderes reales que en nuestro tiempo".

 

La Recomendación: Universo Montalbán

La obra de Manuel Vázquez Montalbán es un sugerente universo donde se puede picotear en la certeza de que casi nunca saldremos defraudados. Ensayo, poesía, novela negra –ahí está el legendario Carvalho con casi cuarenta años a sus espaldas– y novela de la otra; relatos, aguda crítica política, humor, futbol, gastronomía y hasta comedia musical donde Groucho, el más Marx de los hermanos Marx, le trató de ayudar a despejar las incógnitas de las Cuestiones Marxistas con la parte contratante de la primera parte...


Comentarios
AES ALCALA aesalcala@hotmail.com
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 00:16 horas
www.aesalcala.es
Berta Sánchez de León
martes 23 de marzo de 2010 a las 21:23 horas
Ya no hay periodistas así. Y MVM debería de ser una referencia para todos cuántos se quieren dedicar a la profesión. Oficinistas los había antes y los hay más ahora, las punto com acabaron de democratizar la información (o desinformación) y de apoltronar más si cabe a los nuevos periodistas. No hay ese espíritu, esa pasión por la vida que citas en el artículo, Vicente. Tocó todo tipo de géneros, incansable Montalbán. Para que surja una figura así hace falta alejarse de los cánones periodísticos establecidos. Reivindico en estas líneas la figura del reportero, del periodista que pisa la calle, que está en la calle. Y, desgraciadamente, las redacciones siguen tirando mucho.
Javier Ocaña
domingo 21 de marzo de 2010 a las 10:59 horas
Recuerdo a MVM como un periodista y escritor reflexivo y comprometido con la democracia española. Comunista exigente con los suyos y comprensivo con las víctimas de un sistema que necesita alarmantes dosis de carne de cañón. Amante de la vida, de la mesa, de la copla y la tonadilla, escribió una impagable Crónica sentimental de la Transición. MVM fue Carvalho, y su Barcelona una urbe sumergida donde en los bajos fondos se encontraba el corazón desbordante que animaba la ciudad. Un catalán con humor largo que, a fuer de español, se definió como polaco en la corte del Rey. En sus exequias, dejó dicho que sonaran ‘Suspiros de España’. Y así se hizo. MVM fue uno de muchos comunistas españoles que han de ser reivindicados para todos. Sin ellos no comprenderíamos bien cómo somos y dónde estamos.
Enhorabuena por el artículo, Vicente.
Salvador
sábado 20 de marzo de 2010 a las 20:17 horas
Vicente A. Serrano, un servidor fue asiduo lector de la revista Triunfo y de Vázquez Montalbán. Gracias por el artículo. Salud y República.
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