Ayer era el día, y a primera hora de la mañana el rumor corrió como la pólvora: Díaz Ferrán iba a dejar su puesto al frente de los empresarios españoles. Con una coletilla: lo había pactado con el Gobierno y lo haría efectivo en la reunión ordinaria de CEOE.
Lo cierto es que, si eso pudo ser cierto, no se concretó: Il Patrone se reafirmó en el cargo, aunque no recibió demasiados parabienes de los suyos, más allá de los aplausos de rigor que se dan, durante escasos segundos, al bajarse el telón en las obras de teatro malas. ¿Significa eso que seguirá sine die? Pues no. ¿O que lo dejará en breve pero no ahora mismo? Pues eso es más probable, aunque nadie en su sano juicio se jugaría demasiado al respecto.
Díaz Ferrán está civlmente sentenciado, pero precisamente es eso lo que le mantiene en el cargo: su salida es un cartucho notable en las difíciles negociaciones que están por venir, y sólo lo quemará cuando le sea más útil a los suyos... y tal vez a sí mismo.
Mucho más tranquilas van a ser las elecciones en la Cámara del Comercio: lo que hace unas semanas eran tensiones, hoy es placidez. Salvador Santos Campano saldrá, por la puerta grande y en dirección a una importante asociación relacionada con los autónomos, y desembarcará el presidente de CEIM, Arturo Fernández, el nombre que más ha sonado también como relevo al propio Díaz Ferrán.
Palabra de Topo. |