Martin Scorsese forma parte de la historia del cine por haber dirigido un buen número de grandes películas (Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros, La edad de la inocencia, Casino, Infiltrados). Es capaz de brillar incluso en algunos encargos (After Hours, El color del dinero, El aviador). En la reciente Shutter Island, basada en un libro de Dennis Lehane (Mystic River, The Wire), quiere presentar una historia entre la intriga policial y el terror psicológico. En 1954 dos agentes de los U. S. Marshalls, cuerpo federal encargado, entre otras tareas, de la captura de los reclusos huidos, llegan a la pequeña isla del título en la bahía de Boston para buscar a una mujer que se ha fugado del manicomio en el que están encerrados criminales dementes sin posibilidad de curación. Pero desde el mismo comienzo se muestra que el punto de vista del protagonista (Leonardo DiCaprio) no resulta nada fiable debido a sus alucinaciones y pesadillas.
Como cuando ven una película los espectadores no parten de cero, sino que va acompañados de sus experiencias, expectativas, prejuicios y gustos, con el planteamiento de Shutter Island algunos también reconocerán el reflejo de la joya muda, expresionista, seminal e irónica El gabinete del doctor Caligari (1920) de Robert Wiene. Se pierde al no poder mirar ya con ingenuidad, pero a cambio se gana al saber que Scorsese no está copiando a David Fincher o a M. Night Shyamalan. Quizá quiera homenajear a las series de la tele de su juventud (La hora de Alfred Hitchcock, En los límites de la realidad) en un formato que extiende el episodio hasta las dos horas y cuarto con un apabullante diseño de producción de Dante Ferretti (La noche de Varennes, Y la nave va, Las aventuras del barón Munchausen, La edad de la inocencia, Casino, El aviador) y un reparto de lujo (Max von Sidow, Ben Kingsley, Mark Ruffalo, Michelle Williams, John Carroll Lynch, Elias Koteas, Patricia Clarkson). También destaca (es significativo cuando lo más destacado de una película son los departamentos técnicos) la oscura fotografía de Robert Richardson (Platoon, JFK, Algunos hombres buenos, El aviador).
La banda sonora merece una mención aparte. Refuerza el carácter tétrico y ominoso de la narración, tanto que en ocasiones llega a molestar y a quitar fuerza a las imágenes por ser demasiado obvia. No hay composiciones expresas para la película, pero aparece en los créditos como supervisor musical Robbie Robertson, ex-guitarrista de The Band y amigo de Scorsese desde los tiempos de El último vals. Además de a Brian Eno, a Dinah Washington y a Lonnie Johnson, se escucha a Mahler, Ligeti, Harrison, Feldman, Cage y Penderecki. Una selección que seguro que avalaría Alex Ross, autor del instructivo y deleitoso El ruido eterno.
Grados de separación. Un divertido antecedente de El gabinete del doctor Caligari es el cuento de Poe El sistema del doctor Tarr y del profesor Fether (1845). |