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El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, apenas tuvo ocasión de hablar con su homólogo estadounidense, Barack Obama. Se había barajado la posibilidad de que pudieran charlar durante unos minutos antes del comienzo del Desayuno de la Oración. Pero tras el protocolario saludamanos del presidente de EEUU con los principales invitados, este preludio no se produjo debido al retraso del líder norteamericano. Un chasco más para Zapatero, que soñaba con un baño de masas españolas junto al flamante amigo americano y se ha quedado con un saludo breve en tierras lejanas.
No puede el presidente quejarse si sus enemigos en España hacen leña de la cita caída: su partido fue el primero que presuntuosamente la agitó cual dádiva, como si fuese el premio por el acontecimiento planetario que vislumbró Leire Pajín. Como se aliñó con ropaje ajeno el presidente, ahora son los demás los que le dejan desnudo al llevarse la ropa a otros frentes.
Igual que en su día hizo mal en no levantarse ante la bandera americana, esta vez ha hecho bien en ir a compartir un rezo. Poco importa que él sea agnóstico o laico. Aunque ese respeto y hasta interés por las religiones del que ha hecho gala el presidente debería ser practicado por seglares, creyentes ateos y demás en España. ¿O sólo sabemos respetar lo que no entendemos si viene de fuera?
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