Reivindicación de Juan Ramón Jiménez
por Vicente A. Serrano

JUEVES 14 DE ENERO DE 2010 A LAS 17:24 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Hace cinco años, en estas mismas páginas, a través de un artículo titulado Fascistas de calamina, traté de esbozar la semblanza de Félix Ros, esperpéntico personaje que algunos de mi generación tuvimos la mala fortuna de sufrirlo como profesor de literatura en el Instituto Complutense. En aquellos tiempos de aridez y desolada penuria, unos pocos habíamos tenido el mérito de llegar hasta la poesía, por nuestra cuenta, a lomos de Platero y sobre todo gracias a su autor, que vestido de luto, barba nazarena y breve sombrero montaba sobre la blandura gris de un borrico que se diría todo de algodón, que no llevaba huesos, mientras los críos a su paso le gritaban: ¡El loco!, ¡El loco!. Él, ese loco, nos supo trazar, con lucidez única, con tanta verdad poética, un sugerente camino de palabras nuevas para redescubrirnos el entorno cotidiano, repleto de colores e imágenes que hasta entonces nunca habíamos sabido apreciar.

Un petulante vencedor
Pero llegó este petulante vencedor de una guerra cercana, cargado de odio encubierto, queriéndonos inculcar que el poeta de Moguer era un impostor, un plagiario que aprovechaba los textos de Rabindranath Tagore, traducidos al castellano por su mujer, Zenobia Camprubí, para copiarlos sin remisión; y que el “Platero" era lectura para afeminados (sic). Aquella rotunda difamación, produjo en mí un extraño fenómeno. A partir de ese momento me interesé por la literatura de modo visceral, una adicción que me llevó no sólo a tratar de entender a Juan Ramón en su integridad, sino también a descubrir la taimada personalidad de aquel fascista que nos había tocado en suerte. Pasados los años, y cuando afortunadamente tenía casi olvidado al nefasto personaje de bigotito afilado y tupé como de gallo de pelea, cayó en mis manos un volumen de las Cartas literarias de Juan Ramón Jiménez (Ed. Bruguera, 1977). En una de ellas, dirigida a José María Pemán el 18 de junio de 1945, denuncia el robo que se había llevado a cabo en su casa de Madrid por un secuaz de: “el hombre de más baja moral de toda España y a quien, siendo él un muchacho, y lo mismo que a otros compañeros suyos, ayudé tanto; y luego, por la ridícula vanidad de ser segundones se revolvieron contra mí". El secuaz no era otro que Félix Ros al que días antes Juan Ramón también había dirigido otra carta que se iniciaba así: “Pienso ir pronto a Europa, Félix Ros, y me gustaría mucho encontrarme en mi casa todo lo que usted y sus diligentes amigos recogieron con tanto cuidado de ella". En cuanto al que el poeta de Moguer consideraba el “hombre de más baja moral...", no he llegado a descubrirlo, o descubrirles, hasta la lectura de esta reedición de Guerra en España generosamente ampliada al fin. Un libro que también me ha ayudado a comprender el posterior e injusto rechazo a uno de los más destacados poetas de la lengua castellana, por los que antes se proclamaban orgullosamente como sus discípulos.

Guerra en España
En 1985, el poeta Ángel Crespo publicó en la editorial Seix Barral una tercera parte del contenido de los sobres que Juan Ramón Jiménez había ido recopilando con la minuciosidad que le caracterizaba, en el propósito de configurar un ambicioso volumen de materia diversa, dedicado a la memoria de Manuel Azaña y Julián Besteiro, y también a Cipriano Rivas Cherif y Juan Guerrero Ruiz. En aquella primera edición, la editorial justificó tan drástico cercenamiento alegando que de otro modo no se ajustaba a las características de la colección, pero temiendo además, y sobre todo, posibles acciones legales por parte de aquellos a los que el poeta acusaba abiertamente de robo y aún vivían. Guerra en España es un libro tan descarnado como La gallina ciega de Max Aub, pero aún más intenso y desolador si cabe, porque aquí la materia es varia: poemas, cartas, conferencias, álbum de fotos recortadas de los periódicos... que ayudan a construir los sólidos cimientos de esta permanente y a veces hasta obsesiva justificación juanramoniana ante su posición siempre favorable a la República y su constante apoyo, aún desde la distancia, durante la desangrante Guerra Civil.

El allanamiento del piso de Madrid
De sumo interés el capítulo titulado El allanamiento del piso de Madrid que recoge la abundante correspondencia en torno al caso y la acusación directa del poeta a Félix Ros, Martínez Barbeito y Carlos Sentís como ejecutores del robo, sacando de su casa, envueltos en alfombras, documentos, manuscritos y parte de la amplia biblioteca. Juan Ramón, en su denuncia, esgrime además la asombrosa teoría de que se trató de un “encargo" de dos personajes respetables y no precisamente de derechas. La afilada pluma del poeta, no duda en desollar con enérgica valentía a lo más granado de la lírica, la intelectualidad y la política de años tan convulsos y tan comprometedores a la hora de tomar posiciones y saber mantenerlas con el rigor ético que el momento exigía. El lector sentirá cierta conmoción al recorrer estas páginas, tal vez porque algunos autores admirados hasta hoy, casi se le van a desmoronar ante las rotundas afirmaciones del poeta. Posiblemente en ocasiones sea injusto en algunos de sus juicios. Pero somos nosotros los lectores, los que tendemos la obligación de volver sobre nuestras propias lecturas para tratar de fijar, de una vez por todas, la foto definitiva de aquel espantoso retablo que supuso la Guerra Civil.

La recomendación.- De interés para alcalaínos
Guerra en España, prosa y verso (1936-1954), de Juan Ramón Jiménez. Edición de Ángel Crespo, revisada y ampliada por Soledad González Ródenas, autora de un prólogo de cien páginas que enriquece aún más este importantísimo legado que podríamos definir como uno de los más desgarrados e importantes relatos documentales de la Guerra Civil. Se acaba de publicar por la editorial sevillana Point de Lunettes, en esta ocasión sin censura alguna y conteniendo las 150 imágenes que el propio Juan Ramón recopiló, a modo de álbum, como su particular visión de aquellos acontecimientos. De interés para algunos alcalaínos pueden resultar las fotografías que muestran en concreto la tumba de Cisneros y la pila bautismal de Cervantes destruida por las bombas rebeldes.


Comentarios
uno de la muga
jueves 14 de enero de 2010 a las 19:23 horas
Hace no mucho, en el corral de comedias, José Luis Gómez recitó poemas de "diario de un poeta recién casado".
Hizo honor a la poesía y nos trajo a Juan Ramón desde más allá del olvido.
Estoy de acuerdo en que Jan Ramón es un gran poeta muy peculiar que cuando se releen sus versos, uno siempre engorda sin atocinarse un ápice.
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