ANTONIO CAMPUZANO
Cataluña empieza a quedarse sin toros, entendiendo por toros al espectáculo que se da en las plazas, regido y sustentado en reglamentos. No parece que haya nada que temer. España no se rompe. He ahí el caso del Estatut, pendiente del Tribunal Constitucional. Hasta que la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) se convierta en ley aún quedan cosas por hacer y las contribuciones de José Tomás serán muy apreciadas. No es de esperar actos de naturaleza arisca que enturbien la convivencia, que para eso, el mantenimiento del orden a este propósito taurino, están Fali García Poveda y Marcelino Sant Macia, por la representación complutense.
Parece más emponzoñado el asunto convivencial en Italia o en los círculos de la profesión periodística. Al margen otras consideraciones, francamente el hecho de elegir el Palacio Arzobispal para presentar un libro de la periodista Curri Valenzuela donde se despiezan hasta treinta personas e instituciones de la izquierda más reconocida, representa una desnudez impropia del pudor de una organización a la que se le supone más y mejor trato para con los menesteres terrenales.
El consejero Güemes, el concejal Domínguez y la propia Curri, ya de por sí y en soledad, constituyen una garantía de éxito en la declamación contra toda la izquierda que se mueva. Mas, si todos juntos, el panorama se convierte en un abuso tal en la correlación de fuerzas, como se decía en los textos de la izquierda teórica de los años setenta, que el arzobispado no puede objetar como injusta la crítica del “ya podrás”.
En vísperas de la Navidad, a punto de llegar a la lectura del evangelio según San Lucas: “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”, se organice esta revolución conservadora en un solo acto resulta un poco sobrecogedor. Los muros acogieron las resonancias acústicas del “bemeúve” pronunciadas por el concejal Jesús Domínguez. Feliz Navidad.
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