Hace apenas tres meses, en pleno repunte de la recesión económica, el presidente de los Estados UNidos, Barack Obama, puso el acento en algo que en España se echa en falta: valoró el papel de los empresarios como primeros y máximos creadores de empleo y, frente a tanto cliché añejo, defendió la necesidad de colaborar con ellos y cuidarles en un momento de zozobra.
Eso es lo que se merecen, también aquí, la práctica totalidad de quienes emprenden un proyecto y lo sostienen en el tiempo. Que no son, por cierto, los que más ayuda reciben y más contribuyen, paradójicamente, a crear tópicos aumentados por quienes les han prestado esa colaboración, caso de la banca o la construcción.
En esa línea de justicia elemental parce ir el plan de I+D+i presentado ayer en Alcalá por Esperanza Aguirre, con una espectacular cuantía de 3.000 millones de euros. O la presentación en Guadalajara de un centro de redes inteligentes vinculado a la Universidad de Alcalá.
Esto es material, contante y sonante; y no sólo buenas intenciones plagadas de eufemismos pero carentes de contenidos: la investigación, las tecnologías, el conocimiento y la ciencia son el futuro, sin duda, pero no basta con mentarlas para que funcionen. Para eso hacen falta presupuestos, controles, constancia y algo básico: trabajar lealmente con quien quiere hacerlo, sin estigmas burdos. |