Qué mala suerte
por Karim Shaker

LUNES 23 DE NOVIEMBRE DE 2009 A LAS 18:41 HORAS
Opinión > Ciencia
 
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Hace dos semanas asistí en primera persona al perturbador espectáculo de lo insólito. Bajé de mi casa con intención de ir al centro cuando me di cuenta de que mi coche había desaparecido. En efecto, lo habían robado (sí, es cierto).

Mi primera sensación fue de aturdimiento. Después poco a poco empecé a reaccionar.
Lejos de ponerme a patalear, este acontecimiento me sumió en una profunda introspección acerca de los sucesos altamente improbables, de su impacto y concepción dentro de nuestra mente.
Es extraño como nuestro cerebro deshecha sistemáticamente lo altamente improbable cuando justamente este tipo de acontecimientos suelen tener un impacto enorme en nuestras vidas. A raíz de esto razoné la siguiente proposición: Que nadie lo pueda predecir no significa que no vaya a suceder.

Aún a riesgo de parecer obvio creo que no llegamos a ser conscientes de como nuestro cerebro padece una ceguera crónica para incluir las variables impredecibles en sus cálculos. Investigando un poco descubrí que este tipo de sucesos altamente improbables tienen nombre propio: Cisnes Negros. Su descubridor el profesor Nassim Nicholas Taleb no solo ha descrito estos fenómenos a la perfección, si no que ha creado una obra asombrosa de alcance universal en la que se pone en entredicho la forma en la que procesamos la información y concebimos el mundo.
El Cisne Negro se caracteriza por tres rasgos generales: Uno, Es una rareza, pues habita al otro lado de la barrera de la expectativa. Dos, produce un impacto tremendo. Tres, pese a ser una rareza después de que ocurra necesitamos crear una explicación que lo haga predecible.
Por ejemplo, volvamos al turbio asunto de mi coche. La noche de antes del robo ninguna de las personas que sabía que había aparcado mi coche enfrente de mi casa dijo algo como: uy, Karim deberías ponerle una alarma al coche o por lo menos un cepo al volante, quizá te lo roben. (Observemos que si alguien me hubiera dicho algo parecido me habría reído sin remisión). Pues bien, después de enterarse han sido muy pocas las personas que no me han dado las causas del suceso: la creciente escalada de crimen en el barrio, la crisis que golpea a la clase media, que no tenía anti-robo, vamos que estaba bastante claro que antes o después iba a pasar. Esto es una falacia.

Otro ejemplo de como nuestra mente desecha la improbabilidad es lo que yo llamo el efecto del gafe.
Supongamos que tenemos un amigo al que le ha pasado algo negativo y altamente improbable varias veces consecutivas hasta el punto de dar la impresión de ser una constate. En estos casos he visto a los más escépticos sucumbir a las leyes de lo esotérico aduciendo al fenómeno gafe. Es extraño como personas totalmente racionales se muestran vulnerables en extremo a este tipo de juicios.

En el otro lado de la balanza tendríamos al empresario de éxito, que desde su sillón de cuero mira al pasado y narra sus triunfos excluyendo de la historia cualquier factor aleatorio, como si desde un principio hubiera estado determinado su éxito. Esto es otra falacia, puesto que los hechos importantes de nuestras vidas están determinados en gran medida por la suerte (buena o mala). No excluyo aquí las destrezas personales para alcanzar las metas que uno se proponga, pero si pongo de manifiesto que muchos de los momentos clave en nuestras vidas y en la historia son y serán impredecibles y el escenario en el que nos colocan inimaginable. El pasado tiene la virtud de parecer predecible y explicable siempre. Si esto fuera algo más que una mera ilusión, ¿No sería lógico que pudiéramos predecir y explicar también el futuro? Naturalmente no podemos.

La verdad es que nuestro universo esta gobernado por la aleatoriedad. Sucesos impredecibles, improbables y de impactos imprevisibles ocurren siempre (El 11-S, las crisis económicas, el ascenso de Hitler, las guerras, el descubrimiento de la penicilina...). Por mucho que no queramos afrontarlo no podemos predecir. Más vale que nos esforcemos en asumir esta condición en lugar de malgastar energías desarrollando, por ejemplo, modelos de crecimiento económico que acaban en la papelera todas las semanas. ¡Suerte!


Comentarios
mcmanaman
viernes 27 de noviembre de 2009 a las 18:24 horas
Interesante artículo. Para ampliar el tema de la incertidumbre en la relación pasado-futuro, te recomiendo que le eches una ojeada a la teoría de los tiempos imaginarios que describe Stephen Hawking, donde se explica que, de cada opción que se nos presenta (como comprar un antirrobo para el coche o no hacerlo), la elección que tomemos determinará un futuro u otro de manera irreversible. Y el caso es que esas decisiones no se pueden predecir, ya que vienen determinadas por la incertidumbre.
M. Hidalgo merchidalgo@gmail.com
martes 24 de noviembre de 2009 a las 22:00 horas
Como siempre me ha gustado mucho y da bastante que pensar. En breve lo comentaré como requiere la ocasión.
Kubrick
martes 24 de noviembre de 2009 a las 16:32 horas
Como dijo Pasteur: 'La suerte sonrie a los dispuestos'
[1-3]

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