“Claro que lo entiendo,
incluso un niño de cuatro años
podría entenderlo.
¡Que traigan a un niño
de cuatro años!”
Groucho Marx

Hay 330.000 personas en el País Vasco a quienes les parece suficiente haber dejado de matar para votar a la lista que, hasta ayer, no estaba en desacuerdo con ese lenguaje político. En realidad, creo, la ecuación es al revés: como hay tanta gente en Euskadi dispuesta a votar a Batasuna, existe ETA. Más que un problema político, policial o judicial, asistimos a una cuestión estrictamente ética: cuando han callado las armas, esas decenas de miles de patriotas han castigado a quienes recibían las balas, empezando por el tierno, ingenuo y estupendo lehendakari. La réplica incide en el problema patológico de esa sociedad tan enferma: "No conocen la realidad del País Vasco", insisten desde el diván.
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El PP aportará más mujeres que nadie al Parlamento, 66 sobre 186, un 35.4%. El PSOE le gana con 42 de 110, pero su porcentaje del 38,1% no se acerca ni de lejos a la paridad impuesta por ley a los demás. IU y Amaiur, con su nombre de laxante, también se quedan muy por debajo de los populares, con un 27,1% y un 14% de féminas en el hemiciclo respectivamente, aunque la coalición puede alegar con cierta razón que sólo ha logrado colocar a sus cabezas de cartel: allá donde consiguió dos escaños, no faltó una mujer. Hay leyes que pueden ser muy estúpidas, pero sólo algunas elegidas son, además, el colmo de la hipocresía: en California te pueden multar por pasear con un pollo en la cabeza; en España el autor del engendro se pasea tan pancho con un corral.
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Los dos grandes partidos han ganado con una participación de entre el 70% y el 80%. Las cifras derriban el mito autocomplaciente del PSOE según el cual su electorado es más crítico y exigente que el del PP y tiende a quedarse en casa: la sublimación del propio es una sutil manera de vejar al ajeno que no se corresponde con la realidad. Ocurre algo más simple: casi siempre vota la misma gente, pero cada le resulta menos traumático ignorar al que no se lo merece. El votante de IU, UPyD o CiU se merece un poco más de respeto. Y el del PSOE, algo más de autocrítica de sus dirigentes, expertos en el fútil arte de escurrir el bulto para no bajarse del coche oficial.
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El sofismo ibérico seguirá dando grandes tardes de gloria: los mismos que insistían en exonerar al Gobierno de casi toda la responsabilidad, diluyéndolsa en una crisis global inasible, afinarán ahora en buscar responsabilidades del nuevo Ejecutivo. Y a Rajoy le costará menos reconocer, desaparecido Zapatero y adormecido Rubalcaba, que no todo era culpa del PSOE. Mientras, asistimos a un espectáculo muy patético: una parte del periodismo miraba a la prima de riesgo como si fuera una pepera infiltrada en la campaña electoral y ahora, con esa misma lógica ovina, esperan que se tape y se modere.
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El PSOE ha quedado convertido, temporalmente, en La parada de los monstruos, sin la ternura del clásico de Tod Browning: todos quieren a la chica, y todos están convencidos de que su tara es inferior a la del resto de aspirantes. Pero no hay a oriente u occidente nadie que no sea enano, barbudo o tenga dos cabezas: mientras sigan pensando que es una cuestión de nombres, y no de procedimientos, propuestas y relato de la vida; el público del circo se reirá y aterrará por igual de Gómez, Rubalcaba, Blanco, Chacón o hasta el pobre Patxi. Si no son los freaks, al menos llegan a Los Otros: aún no saben que están muertos.
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No es verdad que al PSOE se le haya llevado por delante la crisis y que al PP le haya impulsado la sensación colectiva de que, en dos patadas, lo va a arreglar todo. A los socialistas les arrasó la certeza de que eran incapaces de responder al desafío con solvencia: cuando hay una gotera, se prefiere al fontanero. Y al llamar al PSOE, enviaron cuatro poetas que encima no sabían rimar.
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De hasta qué punto la única solución que tiene el PSOE es liberar al partido de la casposa élite que lo tiene secuestrado, para que su fantástica base social decida qué hace con él, da cuenta una imagen abracadabrante: el líder del PSM exige un “punto y aparte” a Rubalcaba por un resultado electoral idéntico al suyo. Ambos sacaron un 26% y ambos se resisten a asumir que el problema son ellos. Más madera. |