Los hermanos Dardenne (Jean Pierre y Luc) aparecen con asiduidad en el palmarés del Festival de Cannes (Rosetta, El niño, El hijo, El silencio de Lorna). Su obra más reciente, El niño de la bicicleta, de la que ambos son directores, guionistas y productores como acostumbran, ganó este año el Gran Premio del Jurado. Cuenta la historia de Cyril (Thomas Doret), un niño de once años al que su padre dejó en una residencia estatal en principio por un período breve. Pero nunca ha ido a visitarle y cuando Cyril llama a su teléfono fijo salta un mensaje que indica que ese número ha sido dado de baja. Por puro azar conoce a Samantha (Cécile de France), la dueña de una peluquería que acabará convertida en su familia de acogida para los fines de semana.
No hay casi conflicto en El niño de la bicicleta. La busca del padre absentista y el atraco son más importantes por cómo cambian las relaciones entre los personajes que porque hagan avanzar la trama hacia una resolución. Lo malo es que los personajes no muestran sus razones y son unidimensionales en su bondad (Samantha y Mourad) o en su mezquindad (el padre, Wes, el librero). Parece que por querer poner la otra mejilla, o por dependencia emocional casi todo el mundo responde bien al que le trata mal. O sea, un mensaje plenamente concordante con lo que estamos viendo entre las políticas económicas de los países europeos que no son Islandia y los mercados.
Los seres de un solo trazo no desentonan en una de, por ejemplo, Steven Seagal. Pero en una galardonada muestra de lo que, por comodidad podemos etiquetar como cine social, que se supone que "acerca-su-mirada-crítica-a-la-compleja-realidad" es un poco chocante. Como chirriante es el subrayado orquestal en la escena cumbre. La música es tan evidente que parece que hasta el protagonista la oye y sabe que señala el momento de evolucionar. Se puede imaginar que el jurado de Cannes hubiese sido menos complaciente si Seagal, o Alan Smithee, hubiera escrito, dirigido y producido la función.
Grados de separación
En la zona cero del cine social (con permiso de Chaplin y de Rossellini) estaría Vittorio De Sica con El limpiabotas (Sciuscià, 1946) y con Ladrón de bicicletas (1948, en España los "ladrones" del título original se quedaron en uno). Dice Angela Merkel que la actual crisis europea es la peor desde la Segunda Guerra Mundial. Conviene no perder de vista que en el cine de entonces la bici era una codiciada herramienta de trabajo y no una "refrescante-metáfora-de-un-espacio-de-libertad-y-realización personal." |