Bajón
por Uno de la Redacción

MARTES 14 DE JUNIO DE 2011 A LAS 17:40 HORAS
Opinión > Ciencia
 
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PEDRO P. HINOJOS

 

Se dice que las farmacias ambulantes que triunfan en los últimos tiempos están cultivando una generación de catatónicos para el porvenir. Y se dice también que el abuso de las situaciones de tensión y agobio máximo en los modernos modos de vida, está preñando de depresiones y angustias a los ancianos de mañana y de pasado. Ahí está el desafío de la salud pública en los países desarrollados: dominada la mortalidad catastrófica y reducida al máximo la ordinaria, reparados los cuerpos con los más sofisticados remiendos, solo queda por lograr que mantengamos sano el juicio. Y mientras se conquista esa nueva frontera, antes de que algún iluminado nos imponga mundos felices totalitarios, es necesario lograr, al menos, que se extienda el respeto debido hacia las personas que ya padecen estas enfermedades. Hace unos días, un campeón de nuestro atletismo, Yago Lamela, tuvo que ser ingresado de urgencia en una clínica psiquiátrica. A la salida de la misma, este hombre capaz de saltar más allá de los ocho metros y medio explicó a los periodistas que le había dado “un bajón" y que había decidido confiarse a los médicos antes de que su familia se preocupara demasiado.

 

Seguramente el atleta no encontrará en el trato de la sociedad que le rodea la misma naturalidad con la que él describió su caída. Pero al menos su coraje y su humildad puede que sirvan de ejemplo a otras personas, víctimas o espectadoras. En la supuesta biografía en cine del brillante matemático y Nobel de Economía, John Nash, que fue Una mente maravillosa, se escenificaba la comprensión ideal. El talentoso científico encarnado por Russell Crowe sufría, sufre, una esquizofrenia que arruina su prometedora carrera. Tras domar las alucinaciones, un buen día se arma de valor y visita al decano de Princeton, viejo camarada, para pedirle que le deje estudiar en la biblioteca. Durante la tensa entrevista, uno de sus amigos imaginarios se le acerca y comienza a incordiarle. Azorado por esta presencia, suelta un manotazo con el periódico que lleva en la mano como si espantara una mosca. “¿Podrás pasar por alto lo que has visto?", le dice Nash, con el brazo aún en alto, al perplejo decano. ¿Podremos nosotros?


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