Esta muestra surge como un reto verdaderamente apasionante: exponer la obra realizada por José de Ribera durante sus seis años de residencia en Roma y en sus primeros años en Nápoles (1616-1624).
El Museo del Prado presenta alrededor de treinta pinturas realizadas por José de Ribera El Españoleto (Játiva, Valencia, 1591–Nápoles, 1652), convirtiendo este espacio de la pinacoteca nacional en un faro que ilumina una etapa productiva, hasta ahora muy poco conocida.
Esta exhibición supone, sin duda, una gran ocasión para realizar el análisis cronológico de su obra y, sobre todo, para valorar la incidencia que tuvo en su inventiva el gran Caravaggio.
De las piezas expuestas tan solo dos de ellas están firmadas. En la Edad Media, los artistas no suelen firmar sus obras, de ahí la dificultad para reconocer su autoría e indagar sobre su producción. En este sentido, hay que agradecerle al historiador Gianni Papi la inmensa tarea de investigación desarrollada, casi detectivesca, que permite situar los principios estéticos de este maestro.
Esta incursión por el túnel del tiempo del joven artista se inicia con El juicio de Salomón (1609-1610), escoltado por el excelente San Bartolomé (1610-12) y por Los cinco sentidos (1615). La nueva atribución cronológica de estas piezas cambia la teoría sobre la contribución de Ribera. Supone en cierta medida la aceptación de que el artista valenciano es un referente de la época. Su obra llega impregnada de esa prodigiosa luz del genio de Caravaggio, y es que, la huella que deja en El Españoleto constituye un sello distintivo de calidad realmente indiscutible.
También admiramos sus composiciones religiosas, como El martirio de San Lorenzo de la Basílica del Pilar, que coinciden con su estancia en Roma y que ofrecen testimonio de un momento en su vida en el que destacan la calma y la introspección.
Aún hay tiempo de apreciar su interés por la figura: San Pedro y San Pablo, así como los filósofos Demócrito y Orígenes, son objeto de su afilada mirada.
Toda esta sucesión de bellas representaciones nos obliga a realizar un acto de reconocimiento hacia nuestra gran pinacoteca. Por la investigación y ordenación, por la excelente difusión –mérito que comparten los comisarios de la muestra Javier Portús y José Milicua–y, sobre todo, por la política de adecuación de los espacios, permitiendo habilitar unas salas que nos devuelven la magia de este gran maestro de la pintura.
· LA CITA El joven Ribera. DÓNDE: Museo del Prado. CUÁNDO: Hasta el 31 de julio |